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Crítica de la película

'Objetivo: La Casa Blanca': sobredosis pirotécnica en el corazón yanqui

'Objetivo: La Casa Blanca': sobredosis pirotécnica en el corazón yanqui

viernes 10 de mayo de 2013, 18:34h
Sobredosis de tiroteos, explosiones, demoliciones y banderas estadounidenses. Estos son los ingredientes básicos, y casi únicos, de Objetivo: La Casa Blanca (Olympus Has Fallen), un thriller sobre terrorismo de trazo grueso que firma el reincidente Antoine Fuqua.
Gerard Butler, Aaron Eckhart y Morgan Freeman encabezan el reparto de una cinta que arranca en las entrañas de Camp David. Allí el presidente de Estados Unidos, Benjamin Asher (Eckhart), pasa plácidamente las vacaciones de Navidad con su familia y todo su equipo de guardaespaldas.

   Pero la agenda del que nos venden como el hombre más poderoso del planeta manda, y la familia presidencial debe salir a cumplir con los compromisos propios de esas fechas. La expedición parte comandada por el agente del servicio secreto Mike Banning (Butler), jefe de seguridad de la Presidencia y máximo responsable de que "el paquete completo" llegue sano y salvo a su destino.

   Pero durante la travesía nocturna un trágico accidente sobreviene a la caravana presidencial. Banning cumple con su deber y consigue salvar la vida del presidente, pero lo ocurrido aquella gélida noche marcará su futuro profesional.

   Confinado a la rutina de oficina y encadenado a un escritorio en el Departamento del Tesoro, nuestro protagonista vive ahora totalmente apartado del trabajo de campo.

   Las jornadas se suceden una tras otra en su gris vida de oficinista hasta que, un buen día, la Casa Blanca es atacada por un grupo terrorista. Con una sincronización propia de los neutrales suizos y armados hasta los dientes, los asaltantes se hacen con el control del edificio en pocos minutos y toman al presidente y su gabinete como rehenes.

   Será entonces cuando Banning, que curiosamente pasaba por allí, se armará de patriótico valor e iniciará el solito --a Leónidas esta vez no le hacen falta ni siquiera sus 299 compañeros ciclados de las Termópilas-- la reconquista de el corazón de yanquilandia.

   ¿Y qué pinta Morgan Freeman en todo esto? ¿Por qué sale él en el centro de los carteles de las marquesinas? Buena pregunta. Al margen de los kilos de enjundia que Don Morgan concede a todo título en el que aparece, el de Memphis encarna a Trumbull, el portavoz de la Casa Blanca que se hará cargo de gestionar tamaña crisis. ¡Freeman Presidente! Sí, pero en funciones.

Sabías a lo que venías

   Asesinos de reemplazo, Bait, Lágrimas del sol, El Rey Arturo, Shooter: El tirador... los antecedentes de Fuqua --en cuya filmografía solo superan el aprobado la contundente Training Day y la aseada Los amos de Brooklyn-- dejan bien a las claras las intenciones y aspiraciones de Objetivo: La Casa Blanca.

   Ahora bien, las colosales incongruencias en el guión, el atracón de fuegos artificiales como un fin en sí mismo y la omnipresencia machacona de esa cosa que ellos llaman "América" son excesivos.

   Y lo son aceptando incluso que se trata de elementos inevitables en una producción de esta índole. Pero si Fuqua y los suyos hubieran pulido mínimamente las aristas de esta áspera y basta roca (que no diamante) que es Objetivo: La Casa Blanca habrían conseguido no ya una cinta redonda, pero al menos más digna y llevadera.

   Cierto es también que la brocha gorda con la que Fuqua traza su nueva obra nos deja varias secuencias trepidantes, rodadas con el buen pulso que exhibió más generosamente en otras ocasiones, y algunas imágenes poderosas y emblemáticas como la caída del obelisco o el posterior asalto a la residencia presidencial.

   Pero la Casa Blanca ya la hizo saltar por los aires Roland Emmerich --que curiosamente en breve repetirá con White House Down la fórmula de esta cinta de Fuqua con una trama prácticamente calcada-- en Independence Day. Así que poco quedará para el recuerdo de este aparatoso intento por convertir a Butler en una suerte de Rambo o John McClane.

   Objetivo: La Casa Blanca es, en definitiva, un producto solo apto para quienes --sin hacerse demasiadas preguntas-- disfruten de la acción vacía, cortesía de equipos Alfa, comandos Tigre y demás nombres clave molones que los yanquis les colocan a sus soldados, y de los derrumbes masivos.
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