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La España que queda atrás... ¿o no?

La España que queda atrás... ¿o no?

viernes 28 de junio de 2013, 08:59h
La prisión del ex tesorero del Partido Popular, Luis Bárcenas, supone el fin de una etapa, salpicada de irregularidades, de abusos, de corruptelas, de falta de vigilancia, de indolencias éticas y estéticas. O eso es, al menos, lo que debería ser. El hombre que, con su talante antipático y altanero, encarnaba un espíritu de corrupción que ha anidado en lo público y en lo privado en este país nuestro, compartirá celda en Soto del Real con algunos otros connotados personajes que abusaron de su cargo o de la 'ingeniería financiera' o, simplemente, que pensaron que todo les era debido y se pasaban por ahí leyes, normas y ese espíritu de justicia básico que debe presidir las relaciones entre las personas.
 
Es, ya decimos, quizá el fin de otra etapa de corrupción en España. País en el que todo se olvida demasiado pronto y en el que casi nadie han resarcido a las arcas públicas o a las de los damnificados privados el dinero mal habido. Pocos recuerdan ya nombres como los de Javier de la Rosa, o el de Mario Conde -que ahora nos adoctrina desde la pequeña pantalla-o, incluso, como los de Luis Roldán, Juan Guerra, Naseiro...Casi nadie sería capaz de citar de memoria los casos de corrupción que han asolado todo, o casi todo, el territorio nacional, desde Filesa hasta Gürtel -eterna instrucción la de este último 'affaire'-. Y es que, ya decimos, nuestra memoria es demasiado flaca, las responsabilidades civiles demasiado magras y la mayor parte de quienes protagonizaron los titulares más negativos disfrutan ahora, tras pasar temporadas acaso demasiado breves en la cárcel, del olvido y de un relativo bienestar, mientras las víctimas de sus abusos, es decir, todos nosotros, hemos tenido que resignarnos al pillaje sufrido.
 
Luis Bárcenas es el último de los representantes de esta España del abuso. Por supuesto, hay que respetar la presunción de su inocencia, pero lo cierto es que los indicios de culpabilidad dolosa son demasiado fuertes como para extrañarse de que el juez Ruz lo haya enviado a esa prisión preventiva a la que otros fueron, acaso, condenados con demasiada precipitación. Ocurre que Bárcenas no es un mero particular que ha desarrollado su actividad en solitario o amparado por una cuadrilla encubridora o colaboradora; Bárcenas era el poderoso tesorero de un PP algunos de cuyos dirigentes del pasado y del presente están acusados de haber recibido sobresueldos 'sin recibo' y de una administración cuando menos negligente, quizá lindando en la financiación irregular del partido.
 
Lo peor del 'caso Bárcenas' es, a nuestro entender, constatar que muchos connotados nombres 'populares' están, como titulan algunos periódicos en esta mañana de viernes, "en vilo" con el ingreso de Bárcenas en prisión. ¿Qué dirá el ex tesorero, que ya sacó a la luz las incómodas partidas contables? Ese es el tema: lo mejor que puede ocurrir es que Bárcenas 'cante' todo lo que sepa, si es que sabe algo más, salpique a quien salpique; solamente así podremos convencernos de que aquella España del 'pelotazo' , de la opacidad, del 'sobrazo', del dinero en Suiza, ha quedado definitivamente atrás. Y entonces podremos enorgullecernos de que ha comenzado una nueva etapa en este país nuestro, en el que los ciudadanos no vivamos obsesionados por la corrupción.


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