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La seguridad moral de Rajoy

La seguridad moral de Rajoy

jueves 01 de agosto de 2013, 19:52h
Lamento haber acertado en mis previsiones sobre el resultado del debate parlamentario de este jueves. Aunque uno escribe pensando en lo más probable, reconozco que esta vez me hubiera gustado equivocarme, gracias a la aparición de algún hecho inesperado en esta fluida coyuntura. Pero no. Se ha impuesto la lógica del análisis político.

Dije en mi nota anterior que el dilema estaba colocado en saber si Rajoy lograba obtener algún grado de credibilidad con su comparecencia. Pero agregué que lo más probable era que los argumentos de Rajoy siguieran dividiendo la opinión del país, convenciendo al electorado conservador e irritando al electorado progresista, dejando al resto con enormes dudas. Pues más o menos eso es lo que ha sucedido.

Sin embargo, algunos observadores se han sorprendido de la firmeza y seguridad con que Rajoy ha defendido lo indefendible. ¿De dónde procede tal seguridad en las actuales circunstancias? Porque todo parece apuntar que es irrefutable la contabilidad B del partido y que se han cobrado sobresueldos en negro. ¿Se trata de que Rajoy es un político con piel de rinoceronte, capaz de mentir olímpicamente para mantenerse en el poder? Esa es la explicación simple que algunos se dan, sobre todo en la llamada izquierda plural.

Pero, como dijo un clásico, la acción política no es precisamente una avenida rectilínea. Hay que tener cuidado de que la explicación simple no sea más bien simplista. Y eso es lo que creo sucede cuando se afirma que Rajoy no dice la verdad simplemente por seguir enriqueciéndose o por mantenerse en el puesto. Demasiado fácil. Por el contrario, creo que su seguridad en el debate hay que buscarla en otra parte.

Rajoy cree que se encuentra ante el viejo dilema moral de tener que elegir el pecado menor. ¿Recuerdan aquel debate ético sobre la mentira necesaria para evitar que un asesino lleve a cabo su asesinato? Pues ese es convencimiento de Rajoy: no decir la verdad sobre el caso Bárcenas es una falta mucho menos importante que meter al país en una dinámica cuya perspectiva es difícil de prever. En otras palabras, resulta más grave poner en peligro la ruta de recuperación de la crisis, que llegar a mentir en el caso Bárcenas. La conocida tesis moral del ejercicio de la mentira para evitar un mal mayor.

Claro, para llegar a esa conclusión Rajoy requiere de poderosos elementos justificatorios. El primero de ellos consiste en considerar que hoy resulta difícil su sustitución al frente del Ejecutivo desde el interior de su partido. El segundo, relacionado con el anterior, percibir que es apoyado firmemente por los suyos (y el prolongado aplauso de sus diputados al final de su intervención pareció bastante genuino). El tercero, intuir que su caída produciría el inicio de un deterioro irreparable del PP, con lo que la opción de centroderecha se hundiría una vez más en el escenario político español (la anterior fue la UCD de Suarez). Y como conclusión de todo ello, pensar que la caída del PP significaría un quiebre del sistema político en su conjunto; sobre todo teniendo en cuenta la falta de credibilidad que presenta el principal partido de la oposición.

Seamos sinceros, esa concatenación de supuestos no carece de sentido. Así que entonces, ante esa perspectiva, el argumento moral está claro: mentir en el caso Bárcenas se convierte en mentir por responsabilidad. Rajoy ya lo ha dejado traslucir cuando dice que las acusaciones contra él y su partido no le apartarán de cumplir con las responsabilidades contraídas con amplios sectores de la ciudadanía.

De esta forma, la presunción de inocencia se convierte en su principal escudo. Hay que dejar trabajar a los jueces, argumenta, que son los únicos encargados de juzgar y clarificar los hechos. Es decir, que todo dependería de lo bien y rápido que muela la rueda de la justicia. Y es difícil pensar que este caso se resuelva en pocas semanas. Mientras tanto, Rajoy parece decidido a mostrar de qué es capaz para compensar la situación de debilidad en que se encuentra. El pacto nacional por la salud pública es un buen anticipo. Los cambios normativos propuestos para combatir a la corrupción tampoco son precisamente moco de pavo.Cabe entonces la pregunta ¿podría un Ejecutivo deslegitimado ser un instrumento de concertación y mejora de la administración pública y la economía del país?

Pues paradojas mayores se han visto en la Historia. Precisamente por estar contra las cuerdas Rajoy puede tratar de llevar a la práctica una acción de Gobierno de buena planta. Por eso creo que, en el contexto canalla que nos ha tocado vivir, habría que pensar en un plan B. Si resulta que no es posible hacer caer al Gobierno antes de la próxima campaña electoral, entonces sería un desperdicio no aprovechar su difícil situación para mejorar las condiciones del país. Ya sabemos que la otra opción consiste en rasgarnos las vestiduras, renegando del borreguismo del electorado conservador. Y por esa vía la perspectiva está clara: muera Sansón con todos los filisteos.


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