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Crítica de la película

'La gran familia española': Hermanos (edulcorados)

'La gran familia española': Hermanos (edulcorados)

viernes 13 de septiembre de 2013, 14:21h
'La gran familia española' viene a ser una continuación del rumbo emprendido por su director y guionista, Daniel Sánchez Arévalo, con su anterior película, 'Primos'. La película quiere ser una comedia amable, entretenida y simpática, como lo fue la anterior, pero se queda en intento fallido.
El director busca hacer reír y emocionar, es un intento loable que consigue en ocasiones. Eso sí, a fuerza de sacárselas al espectador a la fuerza. Sólo así se explica ese final en el que todas las historias implicadas se resuelven a la vez que Iniesta hace feliz a (casi) un país entero. Justo después de ése clímax emocional, el director nos quiere llevar a otro dramático que se cae, de puro inverosímil, como un castillo de naipes.

Y no es que todo sea malo en 'La gran familia española', la película tiene sus momentos, no hay que olvidar la habilidad de Sánchez Arévalo con los diálogos y la probada solvencia de su reparto, con Quim Gutiérrez, Verónica Echegui, Antonio de la Torre y el joven Patrick Criado, entregando buenas interpretaciones. Pero lo cierto es que a estos hermanos les falta la frescura de sus 'primos'.

La película transcurre durante el día de la boda del más pequeño de una familia de cinco hermanos; Adán, Benjamín, Caleb, Daniel y Efraín; que coincide con la celebración de la final de Mundial que ganó España. El comienzo no es de lo más esperanzador, con esas imágenes del joven Efraín de niño explicando en una redacción la historia de amor de sus padres, su reciente divorcio y declarando su amor por una compañera. Luego la película va mejorando, como ocurría en 'Primos' pero el director se pierde entre tanta historia, las cinco de los hijos y la del propio padre, haciéndola cojear. Y es que algunas historias están de más, la de Antonio de la Torre no está nada perfilada, la de Roberto Álamo sólo para aportar gags, y esto afecta a la película. Todavía más lo hacen algunos momentos que más que cine parecen sacados de un anuncio publicitario, Mención especial para el baile de los protagonistas de la boda, demasiado sonrojante, incluso para un anuncio de compresas. Otro elemento que tampoco se sabe muy bien como ha sobrevivido a la sala de edición son las apariciones de Raúl Arévalo imitando al camarero de 'El Guateque'.

Pero esto sería un problema menor sino fuese porque la película está demasiado calculada, demasiado planificada, como si se le viesen las costuras. El director de 'Azuloscurocasinegro' busca con ahínco el buen rollo, las buenas intenciones, busca que el espectador se emocione, se ría, pero para ello echa mano de demasiado edulcorante y acaba manipulándolo artificialmente. En definitiva, se nota demasiado su mano. Es, en el fondo, una película tan tramposa como la reciente película estadounidense, 'La gran boda', aunque también mucho menos vergonzante. Porque, a pesar de todo, 'La gran familia española' tiene sus momentos, escenas como el montaje en paralelo de las explicaciones a sus respectivas familias de los novios, el monólogo sobre la situación financiera de De la Torre o lo bien elegido que está un reparto que clava sus personajes. Son cosas que demuestran talento por parte de Sánchez Arévalo y es por ello que no está de más pedirle un poquito más que lo que ofrece aquí.

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