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'Reflektor' de Arcade Fire: El gran disco enfermo

'Reflektor' de Arcade Fire: El gran disco enfermo

martes 29 de octubre de 2013, 14:37h
François Truffaut acuñó el término 'gran film malade' (o gran película enferma) para referirse a esas películas que no eran otra cosa que una obra maestra abortada, una empresa ambiciosa que ha sufrido algunos errores en su desarrollo. Añadía el director francés que esa noción de gran película enferma sólo puede aplicarse, evidentemente, a directores muy buenos, a los que han demostrado en otras circunstancias que podían rozar la perfección. Todo esto sirve para definir perfectamente lo que es 'Reflektor' de Arcade Fire, un gran disco enfermo, uno que no alcanza las cotas de 'The Suburbs' o 'The Funeral' pero que aun así fascina, tanto por sus errores, como por sus aciertos.
Era evidente que 'Reflektor' iba a dar mucho que hablar, Arcade Fire se habían convertido en los nuevos Radiohead, en los nuevos U2, no en vano, tras verles en directo en el FIB de 2011, yo mismo afirmé en este periódico que Arcade Fire eran, nada más y nada menos, el mejor grupo del siglo XXI. Las expectativas que rodeaban el lanzamiento, como se ve, no eran altas, eran lo siguiente. Producido por otra de las figuras claves de la música del nuevo siglo, James Murphy de LCD Soundsystem, contando con la colaboración de David Bowie y con una especial campaña de promoción, que ha incluido un bizarro especial de televisión dirigido por Roman Coppola, cuando por fin empezaron a aparecer las primeras críticas, se dividieron en dos, en unas parecía como si los de Montreal hubiesen pecado de autoindulgencia y 'Reflektor' fuese a ser su gran pinchazo, en otras se hablaba de un nuevo 'Kid A' o 'Achtung baby' que iba a marcar una nueva dirección para la música popular.

Ni una cosa, ni la otra. 'Reflektor' no puede verse como un fracaso cuando es uno de los discos más fascinantes de lo que llevamos del año, uno en el que sus aciertos pesan mucho más que sus errores, que también los tiene. Pero tampoco parece que este vaya a ser el disco más reverenciado de la banda, eso sí marca una nueva ruta para ellos mismos. Si hay un disco al que recuerda es al 'Remain in light' de Talking Heads, con James Murphy ejerciendo de su particular Brian Eno. Y es que el disco quiere buscar texturas sonoras afroamericanas que habían estado fuera de la receta de una banda que sonaba tan blanca como la leche. 'Reflektor' es más de crear ritmos y atmósferas que de canciones. Es además un Disco con D mayúscula, en estos tiempos de Spotify, hecho para escucharse como un ente propio y no como una lista de reproducción. Arcade Fire quiere conectar con su audiencia con los grandes temas siempre presentes en la banda, la moralidad, el anticapitalismo, los mitos griegos, existencialismo kierkagaardiano, romanticismo... pero ahora, además, quieren hacer que baile.

'Reflektor' es un disco que amarás u odiarás pero que difícilmente dejará indiferente, de ahí la comparación con lo que decía Truffaut. Otra de las cosas que viene al pelo para definir 'Reflektor' es parte de su definición de 'gran película enferma': "Si aceptamos la idea de que una ejecución perfecta conduce frecuentemente a disimular las intenciones, admitiremos que las grandes películas enfermas dejan aparecer más cruelmente su razón de ser. Observemos también que si la obra maestra no siempre es de las que hacen vibrar, la "gran película enferma" a menudo sí lo es, esto explica que se convierta, con mayor facilidad que la obra maestra reconocida, en objeto de lo que los críticos norteamericanos llaman de 'culto'."

Y es que en este disco es evidente que Arcade Fire han querido hacer, con toda su voluntad, una obra maestra y ese esfuerzo es evidente para bien y para mal. Todo es grande en 'Reflektor', los temas, las ideas, la duración de las canciones, el hecho de hacer un disco doble, dividido en dos partes totalmente diferenciadas... El esfuerzo se agradece pero, a la vez, se nota una clara falta de edición, de querer alargar innecesariamente las canciones y donde más claramente se puede ver es en esos innecesarios 10 minutos experimentales que dividen las dos caras del disco. ¿Es que nadie se atrevió a decirles que sobraban? También les pasa algo similar en la última canción del disco, 'Supersimmetry', que se va innecesariamente hasta más allá de los diez minutos. Son cosas como estas las que alejan al disco de ser una obra maestra, aunque también le acercan a lo que podríamos definir como el 'gran disco enfermo' de Arcade Fire, ese que dividirá a los seguidores del grupo entre los que lo consideran el mejor de su carrera o el peor de la misma.

Un repaso canción a canción:

Reflektor: Desde el primer momento se ve la mano de su productor, su propio Brian Eno, que es James Murphy. 'Reflektor' es la perfecta mezcla entre la sonoridad de LCD Soundsystem y el universo Arcade Fire. El puente cantado por Bowie es una maravilla, líricamente vuelven las grandes preguntas existenciales sobre nuestro tiempo, "estamos totalmente conectados, pero ¿somos acaso amigos?". Una de las mejores canciones del año.



We exist: Esta canción es como si el Quincy Jones de 'Thriller' produjese la línea de bajo del 'Black is black' como fondo sonoro de una canción de... Arcade Fire. Más allá de esto, se vuelve a demostrar que los canadienses van a por todas con un subidón épico, entre densos arreglos de cuerdas, como puente para volver a la (relativa) calma tensa del principio.

Flashbulb eyes: 'Arcade Fire goes dub', esta es la canción que haría sonreír a Lee Perry y Mad Profesor. Parece como si en su visita a Haití les hubiese dado tiempo para una breve excursión por Jamaica.

Here comes the night time
: Una de las piezas centrales del disco, el carnaval haitiano en su máxima expresión para una canción que se abre como una locomotora de ritmo para parar de golpe hacia un seductor ritmo caribeño, al que sigue un desenfreno de percusiones africanas.

Normal Person: "¿Te gusta el rock'n'roll? Porque yo no estoy seguro de que a mí sí" Así abre Win Buttler la canción más rock del disco y uno de sus mejores momentos. Parece un manifiesto tras cuatro canciones más cercanas a la discoteca que a los estadios, los de Montreal parecen responder a los agoreros que todavía queda sitio en sus corazones para Little Richard y los Stooges. El riff de guitarra parece sacado del Robert Fripp que tocó para Bowie.

You already know: Una de las canciones más normales del disco, 'You already know' parece la cara B de algún single perdido de la Nueva Ola británica.

Joan of Arc: Tras el rock y la Nueva Ola, llega el momento de reivindicar el punk y el glam en una misma canción. Los primeros 20 segundos son puro punk hasta que se da paso a un 'groove' que parece sacado de Gary Glitter. Vale, la respuesta es clara, a Win le sigue gustando el rock'n'roll. Mención especial para los coros de Régine Chassagne.

Here comes the night time II: Se trata de una canción de transición, la que abre la segunda cara del disco, una parte mucho más emocional y reflexiva que la celebratoria primera parte.

Awful sound (Oh Eurydice): Tras los diez minutos de intermedio musical, más la transición de 'Here comes the night time II', el disco vuelve a coger altura con esta canción y la que precede, el díptico fundamental de esta segunda cara, en el que se aborda desde una perspectiva actual el mito griego de Orfeo y Eurídice, que es al que hace referencia la escultura de Rodin de la portada. Musicalmente es otro de los grandes momentos del disco, con la épica propia del grupo y un punto final tipo 'Hey Jude' de los Beatles.

It´s never over (Hey Orpheus): Nuevamente destaca la voz de Régine Chassagne. Se echa de menos en este disco que la hubiesen dejado un espacio para brillar ella sola, como lo hizo en 'Sprawl II' (que es la canción que se puede ver como el lugar en el que se empieza a gestar este disco). Se podría definir esta canción como 'Synth-funk' y es en la que más se puede ver la influencia de Talking Heads.

Porno: Nuevamente la alargada sombra de James Murphy se puede rastrear en 'Porno', podría haber aparecido en 'Sound of silver'.

Afterlife: Otra gran canción que tiene pinta de que se va a convertir en uno de esos grandes momentos épicos a los que son dados los canadienses en directo.



Supersimmetry: El corte que cierra 'Reflektor' es el más experimental de todos, puede recordar a algunos momentos de la carrera de Brian Eno en solitario pero, a pesar de su indudable belleza, es uno de los más flojos del disco, principalmente por alargarse demasiado, sin tener muy claro hacia donde se dirige.
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