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Una cumbre, ¿para qué?

Una cumbre, ¿para qué?

jueves 08 de noviembre de 2007, 00:46h
Queremos una “democracia valórica”, dijo el canciller chileno Alejandro Foxley cuando faltaban sólo horas para el inicio de la décimo séptima cumbre de jefes de estado y de gobierno de América Latina, España y Portugal. Se trata de una opinión importante, en especial por tratarse del propio ministro de Asuntos Exteriores y porque se refiere a una materia que en Chile, como en los demás estados que concurren a la cumbre, es un tema de estado. Es decir, que no está sujeto a los cambios que suelen imprimir los gobiernos a sus medidas políticas.

Y es también un cambio, un progreso, dirían algunos. Desde ya mucho tiempo la política exterior chilena se ha convertido en paradigma del pragmatismo. ¿Nos interesa comerciar con todos los países? Bien, hablemos con todos, seamos amigos de todos, sonríamosle a todos pero no tenemos por qué aceptar todo. Porque de eso se trata, de no mirar para el otro lado cuando un socio con el que nos interesa ser amigo, atropella los derechos humanos de sus ciudadanos o agrede a sectores más desvalidos de su propia población o de países vecinos.

Es hora ya de que marquemos notas valóricas en nuestra política exterior. No se trata de convertirse en juez de todos los demás, pero sí de marcar temas que nos interesan y a los cuales les concedemos más importancia que a otros. Chile creció, por ejemplo, cuando el ex Presidente Ricardo Lagos se pronunció contra la guerra de Estados Unidos contra Irak, en un momento qur podría haber sido inoportuno para los intereses comerciales de Chile, según algunos pragmáticos.

Chile ha marcado también una impronta valórica clara por decisión de la Presidenta Bachelet, que quiso enfatizar en esta cumbre su preocupación por la igualdad y la incorporación a los bienes de la modernidad de todos los sectores. Es lo que se titula “cohesión social” y los favorecidos son las inmensas mayorías de desposeídos de América Latina. No se puede dejar de lado que más de 200 millones de latinoamericanos viven en la pobreza, cuando sus gobernantes se reúnen en los cómodos y espaciosos salones de Espacio Riesco, que aunque estén en Santiago de Chile, podrían encontrarse idénticos en cualquier país rico e industrializado.

La estrategia centrada en la apertura económica y comercial al mundo, sin mirar más que los beneficios económicos que podríamos conseguir, ya estaría agotada, afirma el ex ministro y actual presidente del PPD, Sergio Bitar. Lo que se impone ahora, y en ello estaría de acuerdo el canciller Foxley, es poner énfasis en la promoción de una democracia sólida y justa, que garantice el desarrollo económico, pero asegurando la cohesión social y la integración de todos a los beneficios del progreso.

Y un paso más, que se hace imprescindible: Chile no puede seguir hablando de una política exterior democrática mientras el Congreso no ratifique al menos el convenio sobre el Tribunal Penal Internacional. Hay otros tratados que también son urgentes, como el convenio de la OIT sobre los pueblos indígenas. Se trata de políticas de Estado y, por lo mismo, requieren la participación y el compromiso de todos los sectores políticos.
 
Sólo en esas condiciones nos sentiremos orgullosos de haber servido de escenario para una Cumbre Iberoamericana. Lo demás, es show, espectáculo, nada más.

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