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Especial sobre la regeneración democrática de España

¿Dónde te llevamos España?

¿Dónde te llevamos España?

sábado 30 de noviembre de 2013, 16:00h
Suelo acabar mis tertulias radiofónicas en la Linterna con la frase: siempre nos quedará la UCD. Es una llamada a un espíritu que supuso el periodo más fructífero de la historia reciente de España. En aquel espíritu había algo claro: queríamos un país democrático, en paz, reconciliado dentro de sí mismo, europeo y occidental, con crecimiento económico y justicia social ¡nada menos y nada más!

Y era un espíritu que correspondía a un sentimiento de la ciudadanía. Había un deseo de acuerdo y consenso que se canalizó a través de las fuerzas políticas. UCD fue la que por decisión democrática tuvo la responsabilidad de articular ese deseo. Una articulación en la que tuvo el apoyo de casi todo el arco parlamentario. Pero eso ocurrió hace mucho, mucho tiempo...


Un nuevo rumbo

Treinta y cinco años después de la transición política, estamos en una situación en la que sabemos que hay que tomar un nuevo rumbo. Rumbo que resuelva algunos de los problemas con los que se enfrenta España y los españoles.

Tres de estos problemas son acuciantes: la creación de una economía eficiente y justa, que cree empleo y reduzca la exclusión social; la reestructuración de una administración pública, con una dimensión adecuada que amplíe la libertad de la sociedad civil mientras mantiene los servicios públicos esenciales; la elaboración de un proyecto nacional, vertebrador e ilusionante, dentro de la construcción de la Unión Europea que supere las tensiones soberanistas. Y, además, como apoyó a todo ello, un instrumento: el desarrollo de nuevas reglas en la relación de los ciudadanos con el poder político; por ejemplo, con una nueva ley electoral ¡Nada más y nada menos!


¿Políticos capaces de renunciar a sus posiciones e, incluso a su carrera, por el futuro de España?

Y ante ese horizonte de futuro hay algunas cuestiones a preguntarse ¿Existe un consenso ciudadano que desee un proyecto que resuelva estos problemas? ¿Existen partidos políticos capaces de canalizar ese proyecto? ¿Existen políticos dispuestos a pactar ese proyecto esforzándose en encontrar los acuerdos a pesar de renunciar a algunas de sus posiciones e, incluso, de su poner en riesgo su carrera?

Respecto a la opinión pública existe un clima de inquietud pero se necesita alguien que se lo verbalice, que se lo articule. Sobre todo que cree la ilusión de que es posible hacerlo. Ortega decía que "el trabajo inútil conduce a la melancolía". El riesgo de España es la melancolía, el sentimiento de paraísos pasados perdidos e inalcanzables. Hay que evitar generaciones del 98, aquellas que despertaron en el siglo XIX del sueño imperial, tras la pérdida de las últimas perlas del imperio. Generaciones nostálgicas que se recrean en el fracaso colectivo. El proyecto debe ser de futuro, evitando referencias a pasadas glorias como la transición; una etapa fructífera pero cuyas circunstancias no volverán. Quizás al albur de la construcción de Europa y la necesidad de ganar peso en su arquitectura se pueda ilusionar hasta a los más reticentes nacionalistas.

No es suficiente con conseguir ofrecer ese programa. Los dirigentes políticos deben ser capaces de articularlo de manera común. Sólo con la renuncia a posiciones propias y la imaginación para resolver los dilemas por elevación, se podrá llevar a cabo un proyecto realista. Hay temas en los que esa construcción común es imprescindible.

En política exterior es posible llegar a un consenso razonable, lo mismo que en la construcción europea. No será fácil, pero hay mimbres para construirlo cuando se trate de políticas económicas y de mercado laboral. Además, ya se ha avanzado mucho en su adaptación a la competencia global. Pero hay determinados asuntos, como la estructura autonómica del Estado, la educación y cuestiones morales, en los que el acuerdo es complicado. Sin contar con cuestiones prácticas pero sustanciales, como es la Ley Electoral, que conforma la realidad política de manera decisiva ¿habrá políticos con la altura de miras para llegar a acuerdos? Los que lo intenten deben de saber que quedarán en el terreno de nadie. Es probable que pierdan el apoyo de los suyos, sin ganar el del contrario.


Lo que aprendí sobre el consenso

Lo aprendí en 1980/82, al articular el Estatuto de Autonomía Valenciano, del que fui ponente por parte de UCD, donde era el secretario provincial. En un tema referido a sentimientos la cuestión estaba encallada. El centro derecha representaba a quienes querían una denominación enraizada en la historia, donde sólo existió el Reino de Valencia; la izquierda seguía encariñada con la expresión País Valenciano, a la que algunos acusaban de pancatalanista. En el fondo era el sentimiento de defensa de una identidad propia frente a quienes la querían mistificar. Hubo manifestaciones callejeras a favor de una y otra posición. Al final la ponencia consiguió, no sin dificultades, incluso en la tramitación en el Congreso, la actual denominación, Comunidad Valenciana. Denominación que yo mismo llevaba escrita, de alguna manera, en mi primer borrador.

Pues bien, aquello me hizo ser el "chivo expiatorio" de los partidarios de la denominación cercana a Reino de Valencia."Mis amigos", como los hay en todos los partidos, aprovecharon la situación para atacarme indirectamente a través de ciertos medios de comunicación. De hecho acabé trasladando mi residencia a Madrid. No me arrepiento, porque la denominación Comunidad Valenciana ha sobrevivido y, sobre todo ha sido útil, evitando una confrontación artificial, que podía haber acabado de forma violenta.

Esa es la lección. Quienes lo intenten deben saber que nadie se lo agradecerá. Quizás la historia reconocerá sus méritos, como ahora se hace con UCD, pero a corto plazo habrá sufrimientos. El parto, incluso cuando es feliz, lleva consigo dolores.

¿Hay políticos dispuestos a inmolarse en este empeño? España irá donde la llevemos. ¿Dónde te llevamos España? El reto está ahí. La ilusión también. Me gustaría aceptar y ayudar a resolver el desafío pero parece que el tiempo de mi generación pasó ¿O NO?


J. R. Pin Arboledas
Profesor del IESE/ Exdiputado de la UCD




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