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14-D. La huella de un símbolo

14-D. La huella de un símbolo

lunes 16 de diciembre de 2013, 11:28h

Se cumplen 25 años de la Huelga General de 1988. Recuerdo, reflexión y reorientación, ese es el sentido de la conmemoración que está desarrollando  CCOO, porque ni queremos, ni pretendemos que la melancolía se adueñe de nuestra acción sindical y nos quedemos atrapados en el sueño eterno de una fecha trascendental para los acontecimientos posteriores de nuestro país. Nada de evocación paralizante, porque somos una organización viva, necesaria e insustituible. 

 

El sindicato, los sindicatos de clase, somos herramientas imprescindibles para defender los intereses de los trabajadores y trabajadoras, desplegando una extensa acción reivindicativa en el mundo del trabajo y en la sociedad. Nos preocupa, además de los intereses particulares de cada persona en su puesto de trabajo o el de pensionistas y parados, el modelo social, los intereses generales que determinan la construcción democrática de un Estado y el reparto de la riqueza que se genera por el conjunto de la sociedad.

En estos veinticinco años hemos crecido, hemos cambiado, hemos adaptado nuestra actividad, hemos renovado liderazgos, hemos movilizado y hemos acordado; para eso surgieron las organizaciones obreras. Hemos conseguido derechos, hemos extendido garantías salariales y sociales en la negociación colectiva, hemos contribuido para reforzar la protección social, hemos colaborado para conseguir una transformación social en una joven democracia. 

La participación de CCOO, también de UGT, ha sido fundamental en todos estos años. Sin nuestra participación, sin nuestras propuestas, sin nuestra intervención, nada se habría desarrollado igual, ni se habría conseguido el desarrollo constitucional de los derechos fundamentales, ni de los derechos laborales y de protección social.

El sindicato, que agrupa voluntades y defiende intereses colectivos, sigue enfrentándose a los poderes económicos, políticos y empresariales, seguimos expresando nuestras iniciativas y propuestas para reequilibrar la injusta distribución de la riqueza; hoy, como ayer, porque las consecuencias de las decisiones de esos poderes nos afectan como trabajadores y como ciudadanos. Ellos dirían, lo hicieron en el 14-D y lo siguen diciendo hoy, que sin sindicatos todo iría mejor; mejor para ellos, se callan.

Hace veinticinco años el paro general de 24 horas que, "por el giro social", se reclamaba ante la política económica del gobierno de Felipe González, fue necesario y útil. La ilusión, la esperanza, de aquel gobierno que proclamaba su eslogan "por el cambio", se tornó en indignación, desesperanza y descontento, porque ni se cumplieron las promesas, ni las expectativas creadas fueron satisfechas.

La clase trabajadora y la ciudadanía rechazó, ante el llamamiento de UGT y CCOO, la acción de aquel gobierno que abrazaba un ideario que, en lo económico y social, difería poco del manual de aplicación del liberalismo económico y transitaba por la senda de la desregulación, el abaratamiento salarial y la reducción del gasto público, cómo única alternativa para crear riqueza y empleo. No había espacio para luchar, duramente, contra la desigualdad, que debió se la principal seña de identidad de un gobierno de izquierda.
Aquella huelga general fue oportuna, pacífica como todas, y masiva. Un derecho constitucional fundamental que, ambos sindicatos, de forma unitaria y leal, ejercieron para cambiar el rumbo de los acontecimientos. Un conflicto que, por el apoyo conseguido, su repercusión, y por las bases que cimentó para el futuro de la unidad de acción y de la capacidad de propuesta común, se ha convertido en un símbolo de la movilización general en nuestro país.

Hoy, somos más afiliados que ayer, más fuertes sin lugar a dudas, aunque se actúe en épocas diferentes y los ciclos políticos y económicos condicionen las actuaciones sindicales. No obstante, no hay que dejar de revisar lo que hacemos, cómo lo hacemos y con quién lo hacemos; sobre todo si se percibe adecuadamente la presencia sindical cuándo se requiere y si se despliega toda nuestra capacidad de respuesta, si cumplimos satisfactoriamente con nuestra obligación y nuestra responsabilidad.

La sociedad cambia, nuevas generaciones se incorporan, nuevas necesidades y valores se abren paso y no podemos ser ajenos a ese hecho biológico, temporal. El sindicato gana su legitimidad en las urnas, recibimos el respaldo de millones de votos en los centros de trabajo, una realidad incuestionable le pese a quien le pese, que nos permite resistir tempestades y oleajes como los provocados por esta enorme crisis.

No somos indiferentes a lo que se mueve a nuestro alrededor, lo vivimos en los entornos más próximos. Ni hay ceguera, ni nos despegamos, ni hay sordera, ni permanecemos inmóviles. Nos preocupa el desastre social que están provocando las políticas de los gobiernos y las combatimos; rechazando hasta la extenuación esta oleada revanchista y contrarreformista del gobierno del PP. Estamos en múltiples conflictos, todos los días en miles de empresas, para defender el empleo, el convenio, las condiciones de trabajo, los derechos colectivos. Estamos en la calle y en la empresa, con los trabajadores y con la sociedad; en cientos de conflictos y movilizaciones, también llegando a acuerdos cuándo es posible.

En este debate de ideas, en esta confrontación social no estamos solos, aunque arrecien los ataques -al igual que ayer- para desacreditar a las organizaciones sindicales de clase, porque somos el enemigo a batir. Cada vez que mostramos firmeza y presentamos alternativas ante gobiernos, empresarios y el poder financiero, se desata una campaña antisindical; ocurrió el 14-D y está ocurriendo en estos dos años de gobierno Rajoy, de gobierno Cospedal en Castilla-La Mancha. 

La lucha de ideas y valores, el predominio de unas opciones sociales sobre otras, sigue vigente. Si lo sindicatos de clase no tuviéramos capacidad de respuesta, si no fuéramos oponentes firmes, si estuviéramos obsoletos, como les gusta decir a todo ese frente conservador, no se acordarían de nosotros, ni nos dedicarían atención, ni dedicarían tantos esfuerzos en los medios de comunicación para desprestigiar el hecho sindical y a sus máximos dirigentes. 

Se está creando opinión para conseguir un objetivo: eliminar todo aquello que frene el afán desmedido del liberalismo voraz y depredador. Les preocupamos, y se preocupan, porque formamos un bloque organizado para defender el estado social y de derecho, porque somos bastión de resistencia infatigable y vamos a continuar siéndolo. 

Esta conmemoración nos sirve para recordar, reflexionar y, también, reorientar nuestras actuaciones, nuestras alternativas, nuestros modos y maneras de organizarnos. Estamos aquí ante el poder, ante la injusticia, ante la desigualdad, ante el autoritarismo, ante la arbitrariedad, ante los intentos de laminar la libertad y la democracia, los servicios públicos y los derechos sociales. Ante todo eso está plantada CCOO, todos los que la representan y ejercen su función sindical. 

Hoy, como ayer y como mañana, no hay lugar para la duda, ni para la resignación, ni para la fatiga. En el conflicto capital y trabajo, en la defensa de una sociedad más justa, más igualitaria, más libre, más democrática, con más y mejores derechos, no hay lugar para las dudas; o ganan unos o ganan otros, los de la mayoría social queremos ganar.

***Jesús Camacho Segura(nstituto de Estudios Sociales de CCOO-CLM

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