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La EPA de nuestras desdichas

La EPA de nuestras desdichas

jueves 23 de enero de 2014, 19:14h
Cae el paro pero ahí está, clavado en el 26% que es realmente una cifra inasumible y desquiciante. No obstante y aunque parezca contradictorio, la tendencia, en lo que a creación de empleo se refiere, va en la buena dirección. La tendencia, por si misma, lo que significa es atisbo, una leve señal de que la situación puede mejorar pero, en absoluto significa que los datos sean datos consolidados, inamovibles, pero establecer una enmienda a la totalidad a esa tendencia positiva es casi tan absurdo, tan estéril como caer en el optimismo infantiloide.

Objetivamente, las grandes cifras han mejorado y lo previsto es que esto continúe siendo así. Es verdad, también que hoy España ya no es un país al que se le mira con los dedos cruzados y es verdad que no hemos salido de la crisis. Estamos en ella, cosa que reconoce y asume el Gobierno que sabe a ciencia cierta que los ciudadanos, a la hora de juzgar su gestión, será el paro uno de los índices más influyentes a la hora de acudir a las urnas.

El precio que todos estamos pagando para salir del agujero quedará en los escritos pero como ocurre siempre no todos pagamos lo mismo. Hay sectores, minorías, a los que la crisis les ha pasado la luz como el cristal. Otros, que somos la mayoría, la hemos sentido en vivo y en directo en nuestras vidas pero, hay que decirlo, logramos sobrevivir. Lo terrible, lo urgente es abordar las grandes bolsas de pobreza, incentivar la contratación de personas que con 45 o 50 años resulta que, por su edad, se han quedado fuera del circuito, dar la seguridad necesaria mientras su situación sea de absoluta precariedad a aquellas familias pendientes de quedarse sin casa.

Nada de esto es fácil y desde luego no es gratis, pero si tengo la certeza de que la inmensa mayoría de ciudadanos, si fueran consultados ahora que esta tan de moda la cuestión, preferirían destinar fondo a estos segmentos de población que a obras o remodelaciones por mucho que estas sean exigidas o reclamadas desde cualquier comunidad autónoma. España como país se ha puesto a salvo y era necesario que así ocurriera. Un país quebrado es un país que condena a sus ciudadanos a su propia quiebra. Superado ese riesgo que fue bien cierto es la hora de la gente, pero no de cualquier gente o de toda la gente. No. Lo urgente, lo importante y lo decente es que quienes menos tienen, quienes ven como les pasa la vida sin que nadie le abra una puerta sean puestos por los poderes públicos en el primer lugar del ranking de asuntos pendientes. No podemos ni debemos acostumbrarnos a tanta desesperanza ajena. La EPA nos deja una buena tendencia pero nos muestra en toda su crueldad todas nuestras.
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