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El drama de los desesperados

El drama de los desesperados

viernes 21 de febrero de 2014, 09:52h

A veces se nos olvida que el oficio de periodista, articulista o escritor, en líneas generales, que para el caso es lo mismo, tiene que ver con contar la realidad de la forma más absoluta y verídica posible. Sin hacer juicios de valor o conjeturas políticas, según del pie de que cada uno cojee. Para eso ya hay avezados plumillas que se ganan el sustento bailando el agua, dependiendo del palillo que se toque.

En situaciones normales, entrar en disquisiciones que afectan a una determinada tarea de gobernar, incluso de hacer oposición, no pasa de ser un mero ejercicio de reflexión periodística que no altera en lo sustancial el digno trabajo de informador. Pero cuando de lo que vamos a informar, opinar o discutir, tiene que ver con el drama humano que sufren millones de personas en un continente deprimido y exhausto de penas, guerras tribales y expolios; tanto de riquezas como de religión, hay que andarse con mucho tiento, para no "jugar" a caer en la solución fácil que tenemos los que por vivir en este llamado primer mundo, nos quedan lejanos los desiertos, la hambruna, la miseria colectiva y el miedo personal a la muerte.

Estos días se está hablando y escribiendo con demasiada ligereza sobre el problema de la inmigración, que sólo nos duele cuando lo sacan a colación los medios de comunicación, sobretodo las televisiones, y que permanece ajeno de nuestras retinas cuando la noticia pasa o no tenemos algo mejor de lo que hablar.

El drama humano de los desesperados que se juegan la vida -quizá porque ya es lo único que les queda- tratando de llegar a un mundo distinto al que dejan atrás, está siendo tratado como arma arrojadiza entre los partidos políticos y los azuzadores de turno, como si detrás de esa epopeya sólo existieran cifras o argumentos para desgaste del gobierno, del partido que sea. El drama que ahora vivimos no es nada puntual, ya se ha vivido con otros gobiernos y se seguirá viviendo mientras no se activen políticas mundiales de mejora de las condiciones de vida en el tercer y olvidado mundo.

Mientras tanto, sirve este drama para hacer política barata, eslóganes y camisetas, proclamas y manifiestos, ajenos a la realidad con que viven día a día los cientos de miles de seres humanos que esperan en el monte a que se calmen sus señorías y poder saltar la valla con mayor tranquilidad. A los desocupados políticos, entre tanto, les gusta jugar a los tiempos de la dictadura donde el guardia civil era "el malo", quizá olvidando que a esos servidores públicos, que como humanos cometen errores, les debemos algo más que nuestra propia existencia democrática, y no se les puede utilizar mediáticamente según el partido que gobierne. 

El ordenamiento jurídico y nuestra propia Constitución deja bien claro lo relativo a las fronteras y su custodia, sin especificar si de su control se va a encargar más fervientemente un partido político u otro y, sobretodo, en lo que se refiere a las Fuerzas de Seguridad del Estado, que se tienen y deben encargar, con todos los medios de los que les dota la Ley, de protegerlas.

Hacer política con el drama humano, no es sino un ejercicio de hipocresía y maldad que tiene como finalidad dar esperanzas a los habitantes de un tercer mundo, que entre todos hemos dejado crecer.

Ismael Álvarez de Toledo

Escritor y periodista

http://www.ismaelalvarezdetoledo.com

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