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Minerva o la esencia de la mujer

Minerva o la esencia de la mujer

jueves 13 de marzo de 2014, 19:18h

En la mitología romana Minerva era la diosa de la sabiduría, las artes y protectora de Roma. Probablemente el nombre de Minerva venga asociado a los muchos dolores de cabeza que, en nuestras costumbres masculinas produce la convivencia con las mujeres, no obstante Minerva surgió de la cabeza de Júpiter, quien tras haber devorado a Metis -la prudencia- sintió un gran dolor de cabeza, por lo que recurrió a Vulcano, quien se la abrió de un hachazo y de ella surgió Minerva.

Minerva representa, desde antiguo; a la mujer, a la luchadora, a la sabia, a la regenta del hogar, pero sobretodo a la belleza bravía que se agita en la mujer mediterránea. La mujer, como Minerva, es una revelación maravillosa, una embriaguez existencial, una toma de conciencia del hombre con la vida, ya que sin la mujer y su capacidad natural de hembra para procrear, nada existiría.

La belleza de la mujer no la constituye lo que vemos, sino algo más profundo, el hecho de tener los ojos abiertos y los sentidos despiertos para vivir y para ver en un mundo fabricado por los hombres para su gloria y autoestima. La fuente de la belleza de la mujer, a quien encarna Minerva, no es tanto el mundo en el que vivimos, como lo que ella representa en él. Así se explica que la belleza se realice no solamente en la persona, en la mujer, por ejemplo, sino también en todo lo que ella encarna y crea, y que desde tiempos remotos, es objeto de un culto apasionado y constante por parte de los poetas; los hombres, sus mayores, secretos y fervientes admiradores.

Todo cuanto se baraja en la rueda del destino del hombre tiene como protagonista a la mujer. Para el hombre, en su infinita ignorancia, el primer valor de la mujer es la belleza, el segundo, la bondad, y luego, la fidelidad. La belleza es una verdad por sí misma. Y para el corazón generoso, la bondad y la fidelidad son también una verdad. Y así, hasta en los momentos de mayor antagonismo entre los dos seres más importantes de la creación, el hombre descubre una viveza que es vitalidad y belleza en la mujer como tal mujer: garbo de su cuerpo grácil, ardiente relampagueo en su mirada, armonía de movimientos, grito de la pasión en el andar, invitación a la alegría, cordialidad en el momento de la pena; pero que todo ello va encaminado al mismo fin: a la mujer, a la diosa Minerva como fenómeno.

El mundo que representa la mujer, es el de la vida humana entera empeñada en su conquista. Y el destino del hombre, su orgullo, puestos de manifiesto en la adoración que le tiene. El cuerpo de la mujer patentiza arrogantemente su terrible poder de expresividad. Ondea la cabeza para que su pelo vuele al viento como si fuera una danza. Pero no existe vulgaridad, no existe provocación. Todo es noble, puro, apasionado. Como la corriente impetuosa de un río desbordado, cuyo deber es inundar, o como el fuego o el viento. Como la diosa Minerva descrita por Ovidio, que cambia su carácter belicoso, para convertirse en el máximo exponente del género femenino.

Ismael Álvarez de Toledo

Escritor y periodista

http://www.ismaelalvarezdetoledo.com

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