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Personas, animales o cosas

Personas, animales o cosas

lunes 07 de abril de 2014, 08:49h

Nos contaban en clase de lengua que los sustantivos son las palabras que nombran personas,  animales o cosas, como por ejemplo, Carlos o lápiz. Los adjetivos  son las palabras que nombran "cualidades" de los sustantivos. Por  ejemplo, azul o grande. Los verbos son las palabras que  expresan acciones. Por ejemplo, escribir o saltar.

Por otro lado, las palabras que indican circunstancias de lugar,  modo, tiempo, cantidad, afirmación, negación o duda son adverbios, por ejemplo, dentro o bien. Y por último, las palabras que utilizamos para nombrarnos a nosotros, a quienes nos escuchan o a personas de las que hablamos se llaman pronombres personales, políticos, por ejemplo, nosotros o ellos.

Como no va en mi línea dar clases de lengua, voy a tratar de situar a los políticos en algún apartado de los anteriormente mencionados, ya que no me queda claro en que momento dejan de ser sustantivos, personas, para convertirse en adjetivos, animales, pasar de lo uno a lo otro y quedarse solamente en verbo, cosa. Todo esto tiene mucho que ver con el análisis que cada uno hacemos en distintas situaciones en las que los políticos son protagonistas, que son casi todas, y le cinismo y desdén que desprenden por el mero hecho de sentirse fuertes ante un público que unas veces es afín y otras indiferente. 

En España existe la mala costumbre de hacer de la política una casta, una forma de vida, un privilegio, una mafia. No hace mucho, el dibujante satírico Andrés Rábago, El Roto, aseveraba en una conferencia "que la mentira es la forma de expresión de los políticos y que más que los efectos, lo que interesa en su trabajo son las causas de los mismos". No escondía, como no lo hago yo, el desencanto que producen determinados políticos y hasta el hastío que generan en la sociedad, condicionada por el poder que representan a serles serviles y afectos a cuenta de recibir u obtener resultados que por lógica y razón les corresponden. Cuando de lo que se trata es de utilizar los mecanismos democráticos que otorga el pueblo para servirle de la forma más conveniente, vocación de servicio que llaman algunos. Es lamentable ver en que se convierten aquellos jóvenes "avispados" que tanto prometían, y que en llegando a obtener un poco de poder político, se quedan en estúpidos arrogantes. Pero el tonto, como en el refrán, no desaparece con la linde, sigue y sigue, porque el sistema electoral diseñado para mantenerlos ocupados, permite a los partidos políticos distribuirlos a su antojo, por senados, diputaciones y otros tipos de agujeros donde pueden pasar desapercibidos, pero que les permite seguir cobrando sus emolumentos, como si de algún trabajo meritorio se tratase.

La casta política y la crisis, como dice mi admirado José Antonio Marina, es el gran miedo que tenemos los españoles, y una cosa va unida a la otra, porque unos son el instrumento y otro el resultado. Los sustantivos políticos aprenden no sólo a ser imbéciles, sino a pensar que los demás pronombres lo somos, a cuenta del miedo que generan en la sociedad, como un problema añadido. Y lo más perverso, como continúa diciendo Marina, "es que se utiliza ese miedo para crear un sentimiento negativo de que las cosas no tienen remedio". Y todo ello, porque los que una vez nacieron como seres humanos, dejaron de ser personas, para convertirse en animales y cosas, mientras canturreo aquello de Sabina "el más capullo de mi clase, que elemento, está en el Parlamento".

Ismael Álvarez de Toledo

Escritor y periodista

http://www.ismaelalvarezdetoledo.com

 

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