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Después del debate

Después del debate

jueves 10 de abril de 2014, 18:09h
No fuimos pocos los diputados que, mientras se estaba celebrando el debate, pensamos que por primera vez la inmensa mayoría de los ciudadanos de Cataluña estaban pudiendo escuchar los argumentos, democráticos, civilizados, de indudable altura parlamentaria, que exponían los líderes políticos no nacionalistas en el Congreso de los Diputados. Por primera vez en mucho tiempo, la notoriedad del debate, su retransmisión íntegra y en directo en todos los medios de comunicación de Cataluña, hacía posible que los catalanes tuvieran acceso cabal, sin intermediarios, sin deformaciones, sin caricaturas ni deformaciones maniqueas, a las razones de los representantes no nacionalistas del pueblo español en su conjunto. Pudieron comprobar sobre todo dos cosas: primera, la tranquilidad democrática, el diálogo civilizado y la fortaleza de los argumentos; segundo el indudable nivel delas intervenciones de los principales partidos del arco parlamentario y del Gobierno, una altura por cierto bastante alejada, en rigor, en fluidez, en composición y en  nivel político, del de otras intervenciones que sorprendieron por su escaso nivel.

El debate sirvió para que la Constitución saliera fortalecida, en términos de apoyo democrático y en términos de legitimidad política, y también para que el desafío nacionalista saliera debilitado, deslegitimado y puesto en evidencia.

En el hemiciclo quedó patente, no sólo que la pretensión de la Generalitat es inconstitucional, sino que su terquedad en mantener pese a todo, pese al Tribunal Constitucional, pese a las Cortes Generales, pese a la Unión Europea, una hoja de ruta de ruptura democrática y de vulneración de la ley, se aleja de los estándares democráticos más elementales. 

Quedó patente que lo que plantea el nacionalismo catalán es sacar a Cataluña de todos los circuitos occidentales. Quedó patente que los que plantea el nacionalismo catalán es, en un afán absurdo por las identidades monolíticas, arrebatar ilegalmente a los ciudadanos de Cataluña su derecho a ser también españoles y europeos.

España no es una madrastra, dominante, perversa, violenta y tacaña, como quieren hacer creer los líderes nacionalistas a los catalanes en una propaganda propia de un cómic. España es un proyecto también catalán, un proyecto de siglos, que los líderes del nacionalismo quieren arrebatar a sus ciudadanos.La democracia no es sólo un origen: es también un desarrollo político, un método, una manera de ser y de estar y de hacer política; es un objetivo constante y un punto de referencia permanente. Lo importante en ella no es sólo, ni mucho menos, la decisión política; lo importante es también la preservación del pluralismo político. Sin éste, no existe democracia posible. Pues bien, el modelo político y social del actual nacionalismo catalán tiende a la configuración de sociedades más monolíticas que plurales, sociedades contundentes, unánimes, donde es muy difícil discrepar so pena de ser tildado de anticatalán y de ser expulsado del confort social. 

Hoy sabemos, sin embargo, que cuanto más unánime es una sociedad, menos derechos existen, menos tolerancia se genera y menos libertades se respetan. Cuanto más unánime es una sociedad, menos importancia tiene en el concierto internacional. El nacionalismo, a fin de cuentas, tiende siempre a querer mandar cada vez más sobre un lugar cada vez menos poderoso, más ensimismado y también más aislado del mundo.

Esta semana que Congreso de los Diputados garantizó que Cataluña no va a adentrarse en esa deriva sin sentido. Queda un largo trayecto por recorrer. Arthur Mas seguirá adelante porque ya no controla el proceso. Ha perdido el control de una nave a la deriva a cuyo frente han puesto a marineros ciegos. La Generalitat irá perdiendo centralidad y fortaleza institucional en la medida en que se han ido creando organismos como la ANC cuyo única finalidad es el desbordamiento institucional de Cataluña y la crisis total del sistema. La sustitución de las instituciones por asambleas o grupos sin legitimidad democrática. La sociedad catalana va a sufrir demasiado con todo esto, y no se lo merece. Y por eso debemos trabajar todos juntos: para evitar el descarrilamiento de ese tren de alta velocidad que era Cataluña y al que algunos se han empeñado en hacer circular por las viejas, oxidadas vías del siglo XIX.


Pedro Gomez de la Serna Villacieros
Diputado a Cortes por Segovia
Portavoz del Grupo Popular en la Comisión Constitucional
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