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Ucrania y la desinformación pública

Ucrania y la desinformación pública

lunes 21 de abril de 2014, 17:02h
Con la crisis de Ucrania está empezando a pasar lo mismo que sucedió en Europa con la guerra de Bosnia y luego con la invasión de Irak en los Estados Unidos: la ciudadanía siente temor ante el enfrentamiento abierto, pero no percibe una corriente de opinión clara, a excepción de la que producen los comando centrales enfrascados en la pugna, sea dentro del país o a nivel geopolítico. La gente no tiene muy claras las coordenadas del conflicto y observa los argumentos de un lado y de otro, dependiendo del lugar en que se encuentre y de la versión que entreguen los medios de comunicación.

En el caso de la invasión ilegal de Irak, la opinión pública occidental se dividió. Mientras en Europa surgió una poderosa corriente de opinión que criticó la decisión del gobierno Bush, sin dejar de rechazar la dictadura iraquí, en Estados Unidos la intoxicación mediática fue tal que la mayoría de la gente aceptó con pocas dudas la legitimidad de la operación. Luego, a toro pasado, se han escrito allí decenas de libros e incluso se han hecho películas sobre como funcionó la intoxicación, sobre cómo se construyeron las mentiras oficiales y los medios las reprodujeron ampliamente. Todavía no ha concluido el debate en Estados Unidos sobre si tales medios, especialmente los audiovisuales, fueron cómplices directos del embuste o si fue una cuestión de poco rigor informativo. Aunque hay quien sostiene que hubo de ambas cosas.

Ante la crisis de Ucrania está sucediendo algo similar, sobre todo en Europa. Sabemos que tanto en el este como en el oeste hay un esfuerzo continuo por desarrollar una fuerte corriente de opinión favorable a cada una de las partes. En el este, el discurso de Vladimir Putin perece haber convencido a la opinión pública de Rusia y otros países de la Comunidad de Estados Independientes (CEI). No es casualidad que el senado ruso haya aprobado por unanimidad esa barbaridad de que el gobierno de Rusia puede intervenir militarmente en Ucrania. 

Pero ese esfuerzo argumental también tiene lugar en occidente. Y parece que los medios están reproduciéndolo con poco juicio crítico. La publicación del texto argumentativo del secretario general de la OTAN en varios diarios europeos es una muestra más al respecto. La idea que se nos plantea es que Rusia carece por completo de razón y que en Ucrania los representantes de la UE y la OTAN lo están haciendo correctamente. Cuando lo cierto es que sobre el complejo cruce de intereses locales, se está librando una competencia geoestratégica entre el este y el oeste por la hegemonía en las llamadas exrepúblicas soviéticas.Claro, siempre puede pensarse que todo lo que sucede en Ucrania es demasiado complejo para tener un claro juicio. Incluso hay quienes refuerzan esa idea. Recientemente, el diario El País, (20/04/2014) ha reproducido el texto de un libro sobre Rusia y Ucrania que sostiene: "los acontecimientos recientes en Ucrania ratifican, por otra parte un diagnóstico cada vez más extendido: tendremos que acostumbrarnos a lidiar con conflictos sucios en relación con los cuales será cada vez más difícil mostrar una franca adhesión a la posición de alguno de los contendientes". En pocas palabras, no hay que pedirle demasiado a la conciencia ciudadana: es aceptable mirar para otro lado cuando un conflicto es "sucio" o simplemente poco claro, y exige realizar algún esfuerzo de comprensión. Además, la perspectiva que se ofrece es la de adherirse a la posición de alguno de los contendientes. Como si formarse una opinión rigurosa del asunto tuviera que asociarse con la necesidad de elegir alguno de los bandos en pugna.

Tengo el convencimiento de que lo que necesita la opinión pública europea es todo lo contrario. Por un lado, tratar de informarse mejor de las complejidades del conflicto de Ucrania y, por el otro, observar con juicio crítico el discurso que impulsan las organizaciones políticas y militares del este y del oeste. Y, desde luego, los medios de comunicación tienen una responsabilidad central al respecto. No vale eso de decir luego: "es que fuimos víctimas de la intoxicación competitiva".Desde luego, cabe la pregunta sobre cuál podría ser el criterio alternativo a adoptar. Creo que no es difícil de identificar. La crisis de Ucrania necesita de un enorme concurso de voluntades, tanto a nivel interno como en el plano internacional. Pero eso significa exigir a las potencias y los bloques circundantes que dejen la competencia hegemónica respecto de las exprepúblicas soviéticas. Insisto en que como europeo rechazo la intervención rusa en Ucrania, pero también el esfuerzo constante por incluir a este país en la UE y en la OTAN a cómo de lugar y caiga quien caiga. Sobre todo si ello conlleva la división política y militar del país.

Una vez logrado ese concurso de voluntades, es necesario tener la capacidad de establecer los acuerdos por encima de los grupos extremos. No es aceptable que los radicales neonazis pusieran el veto al acuerdo parlamentario de febrero entre el gobierno y la oposición, o que ahora los acuerdos obtenidos en Ginebra en la reunión cuatripartita (EE.UU., UE, Ucrania y Rusia) sean bloqueados por los radicales prorrusos del este de Ucrania. Parece que ha llegado la hora de utilizar las agencias de Naciones Unidas que se dedican a la resolución de conflictos armados. En todo caso, creo que sí es posible un criterio alternativo que favorezca la solución concertada de la crisis, sin necesidad de comprarnos los discursos unilaterales de ninguno de los contendientes.   
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