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La prostitución de las letras

La prostitución de las letras

viernes 25 de abril de 2014, 11:13h

Las nuevas tecnologías han abierto, sin lugar a dudas, unas vías de comunicación en cuanto al desarrollo de las capacidades intelectuales del ser humano, que nos permiten interactuar de manera fluida con nuestros semejantes, incluso; sirven como plataforma para exponer y presumir de las habilidades de que somos capaces, sea en el campo que sea y de la manera más absurda o crítica con que nos presentemos a los demás para conseguir una determinada finalidad.

Todos hemos tenido en mente, en algún momento de nuestra vida, que la perfección del individuo se alcanza cuando, se planta un árbol, se tiene un hijo y se escribe un libro. Pero esta máxima de la complacencia del Ser consigo mismo, no tiene por qué establecer un criterio ajustado a la realidad, ser una máxima o sentar cátedra. Hay para quien la escritura literaria ha devenido en un acto espontáneo, en una broma fácil o en una confesión por escrito, y nada de eso. El trabajo de escritor tiene que ver con contar historias, reales o imaginarias, pero en realidad la frontera entre una cosa u otra se antoja más cercana a veces que el presente y lo mismo da que se mezclen ambas. El resultado necesariamente tiene que ser el mismo, plasmar de manera escrita, un sentimiento, una historia, un ansia de inmortalidad que se transmite en las vivencias de los personajes.

Cuando en el Día del Libro hemos repasado las hileras de autores firmando ejemplares, instintivamente, los que nos dedicamos a esto, nos llevamos las manos a la cabeza ante tan desalmado despropósito de las editoriales, que se convierten en prostíbulos para albergar a ingentes especímenes televisivos y raros ejemplares de la popularidad, que otrora estuvieron más cercanos a los diarios deportivos o del corazón, que a las Letras en mayúsculas, con lo que pervierten y degeneran una profesión que nunca ha estado en las lindes del mercantilismo editorial. También aquellos que buscan como entretenimiento o negocio adoptar un libro para impresionar a amigos o erigirse una figura intelectual en un descabellado propósito de elevar su status social.

En la sociedad actual, en la que prácticamente no se carece de nada, se vive una precaria situación cultural. Esto define la situación. Quien no tiene nada que hacer demanda satisfacer sus necesidades primarias con otro tipo de actividad, y la cultura, que siempre es un acicate, y la proliferación de editoriales basura que tanta aceptación tienen en la actualidad en los medios, están permitiendo que todo el mundo se crea escritor.

El escritor nace, uno es autodidacta o de escuela, pero nunca impuesto a escribir de lo que toque, con la finalidad de conseguir esa perfección rayana en lo patético y después, si te he visto no me acuerdo. Ahora se lleva que a los presentadores de televisión les escriban libros, a los contertulios, a los porteros de futbol, y a todo aquel que medianamente proyecte una imagen social capaz de convencer al público que compra libros.

Un escritor no deja de ser un observador, un periodista minucioso que recoge anécdotas y detalles poniendo todo ese material en relación con el mundo, pero nunca un ocioso acomodado que busca su satisfacción ególatra en las letras. Si la literatura trabaja con las emociones, el estilo de cada uno es la emoción dispuesta para ser comunicada de manera particular, y no habrá emoción si no se comunica nada o se comunica mal. El escritor anhela justificar su vida, justificarse a si mismo, encerrado como está fuertemente dentro de su individualidad. Por eso escribe, por eso llora, por eso siente.

Ismael Álvarez de Toledo

Escritor y periodista

http://www.ismaelalvarezdetoledo.com

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