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Lectura de las elecciones: arrastrados como hojas secas al viento

Lectura de las elecciones: arrastrados como hojas secas al viento

martes 27 de mayo de 2014, 12:15h
Adelanto que la metáfora no es mía, sino de un colega cuyo trato me permitió aprender bastante en el arte del análisis político. Estoy hablando de Fernando Claudín, uno de los intelectuales españoles más importantes del siglo XX. Más aun que su amigo Jorge Semprún. Fernando siempre decía que ante fenómenos que nos sorprenden, tenemos la tentación de dejarnos arrastrar por la novedad como si fuéramos hojas secas empujadas por el viento del momento.

Eso me parece que puede aplicarse bastante a los análisis que se están haciendo sobre los resultados de las pasadas elecciones europeas en España. Para ser también telegráfico, señalaré algunos puntos que me parecen importantes. Esta vez sólo en clave nacional.

Problemas metodológicos. Por favor, qué enredos de método se están haciendo. Las comparaciones de los votos obtenidos, en cifras absolutas, entre estas elecciones y las elecciones generales pasadas no tienen ningún sentido, porque la abstención es radicalmente distinta. Como tampoco lo tienen los intentos de hacer proyecciones hacia las próximas generales. Algo que también tiene influencia subsecuente respecto de los porcentajes. Tanto en votos emitidos como en proporciones, la única comparación posible ha de hacerse con las elecciones europeas del 2009, introduciendo los cambios correspondientes respecto del cambio de ofertas electorales.

La caída del bipartidismo. En relación con lo anterior, las afirmaciones sobre la debacle de los dos partidos mayoritarios son apresuradas. La hipótesis más sensata es que tanto PP como PSOE han sido apreciablemente afectados por el alto nivel de abstención. No sabemos bien si en las generales la gran masa abstencionista de estas elecciones volverán o no a votar a sus partidos tradicionales. Desde luego, todo indica que, aunque fuera por omisión, el electorado ha castigado sensiblemente a los dos partidos mayoritarios, que han perdido más de un tercio de sus europarlamentarios. Pero esa llamada de atención no significa una crisis terminal ni mucho menos. Tampoco es correcto afirmar que PP y PSOE han perdido la mayoría absoluta en estas elecciones, porque la representación en el Parlamento Europeo no se mide por los votos obtenidos (prácticamente la mitad) sino por escaños y ambos partidos han obtenido 30, que sigue siendo la mayoría de los 55 que nos corresponden.

La crisis del PSOE. Pese a lo dicho acerca de que no podemos saber cuántos abstencionistas van a volver a votar PSOE en las próximas elecciones, en este caso si aparecen algunos factores nuevos. El malestar generado por la crisis económica ha conllevado el crecimiento de grupos a la izquierda del PSOE como respuesta airada. El crecimiento de IU se hace en buena medida a costa de los socialistas, así como el aparecimiento de Podemos. Pero eso no es algo nuevo: siempre le ha sucedido a la socialdemocracia que cuando hay crisis económica le crecen los grupos por la izquierda. Enfrentar la crisis lanzándose a la demagogia no es propio de la socialdemocracia y esa dosis de contención se paga con el crecimiento de sectores más radicales. Nada nuevo bajo el sol. Quizás el problema del PSOE es que su continuo zig-zag ha provocado el surgimiento de un grupo emergente, que representa mejor las políticas de responsabilidad que el PSOE abandona lunes, miércoles y viernes. Estoy hablando de UPyD claro. Habrá que ver como gestiona el PSOE su propia crisis.

Surgimiento de Podemos. Hasta ahora la protesta desde la movilización callejera no había tenido su traducción en términos de sistema político. Eso era lo anómalo. Lo lógico y natural es que esa traducción se diera en algún momento. Y afortunadamente ha tenido lugar. Ojalá tal cosa se produzca también en las próximas elecciones generales. Entre otras razones porque demuestra con claridad el prejuicio formulado desde sectores del 15-M de que era imposible obtener una fuerte votación, dados los trucos y trampas de la democracia representativa. Para nada. La democracia demuestra una vez más que es sensible, permeable e incluso generosa con quienes no creen en ella. Y digo que sería bueno que Podemos también entrara en el Parlamento español porque en ese momento se evidenciaría que la protesta sola no basta y se hace necesario hacer propuestas que sean defendibles ante la opinión pública general (y no solo ante los convencidos en una asamblea callejera). Pero una vez producida la sana irrupción de Podemos en la arena política, es necesario medir con tiento su proyección. ¿Tiene perspectivas de convertirse en fuerza política no minoritaria? Pues ciertamente no parece que sus propuestas apunten a eso. ¿Entonces tendrá algún efecto sobre el actual espectro político? Yo creo que sí. En primer lugar, obstaculiza el crecimiento de los partidos minoritarios frente a los mayoritarios y no solo a la izquierda (IU) sino también al centro izquierda (UPyD). También incrementa la diversidad de fuerzas opositoras, algo que tiene pros (introduce nuevas sensibilidades políticas, tendencialmente jóvenes), pero también tiene contras (aumenta la dispersión de la oposición de izquierdas). Y el frente común con IU no será fácil: Podemos tiene una sensibilidad libertaria en su interior que no encaja bien con la vieja veta comunista que todavía existe en IU.

Conclusión. No nos dejemos arrastrar cual hojas secas por las turbulencias del viento de primavera. Se han manifestado novedades que hay que contemplar, pero no sabemos todavía si esos fenómenos se convertirán en tendencias capaces de cambiar sensiblemente nuestro escenario político o si, por el contrario, solo introducirán modificaciones al cuadro general de gran calado que conocemos. De omnibus dubitandum, colegas.
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