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El “sound bite” del Rey

El “sound bite” del Rey

El “sound bite” (mordida de sonido, en castellano) es una herramienta que utilizan los expertos en marketing electoral para generar un hecho noticioso que pueda ser utilizado como el titular del día siguiente o el instantáneo de la edición televisiva, radial o digital. Es especialmente diseñado para momentos de candencia política y debate electoral, aprovechando los limitados y peleados  espacios mediáticos, buscando la contundencia de un “golpe de gancho” al contendor. Se trata de encerrar en una frase de pocos segundos, un mensaje  lo suficientemente blindado para que pueda ser fácilmente copiado, entendido y amplificado como el resumen del contenido de la propuesta. “Read my lips, no more taxes”, (Lean mis labios, no más impuestos) es un clásico sound bite utilizado por Ronald Reagan en su campaña de reelección en los años 80 y fue el eje de su defensa ante los insistentes argumentos de los demócratas respecto de eventuales subidas de impuestos a los norteamericanos de aquel tiempo.

Es seguro que los equipos políticos modernos poseen asesores de comunicación que trabajan en estos menesteres con el objetivo de garantizar el éxito del mensaje que se busca posicionar, pero además en el control de cualquier exabrupto del sujeto asesorado. Habiendo ingresado al tiempo de política en tiempo real, pero además en la clara tendencia a la personalización de los asuntos públicos, los cuidados deben ser milimétricos. Dependiendo del carácter del asesorado, se recomienda cuidado y prudencia ante la exposición pública. Las técnicas contemporáneas de actuación pública, se enfocan también en la regulación de los termostatos de los sujetos políticos, que deben lograr controlar sus impulsos ante eventuales ataques que siempre buscan descolocar y poner situación incómoda a los adversarios.

Hugo Chávez tiene la impresionante capacidad de hablar por horas, muchas veces sin guión preestablecido y se encuentra especialmente seducido ante las cámaras que seguramente se compró con los ingresos del petróleo de los venezolanos. Su exposición pública es cercana a una de Reality Show, de esos que están de moda, pues no hay día que no se sepa del mandatario, para bien o para mal. Sus asesores de comunicación, seguramente andan siempre en Off Side, ante el incontrolable accionar del personaje. Chávez habla, reflexiona, divaga, se enoja, amenaza, hace reír y hasta conmueve, con una capacidad histriónica innata. No obstante y en su estrategia política, Chávez tiene la increíble capacidad de exasperar, difícilmente se podrá demostrar o detectar si su intencionalidad es medida y calculada, pero si se puede afirmar que es efectiva y la gran prueba fue el cierre de la Cumbre de Santiago.
 
Chávez, seguramente conoce al Sound Bite, pero utiliza muchos en una sola alocución. Aunque sus prolongados discursos cotidianos matizados con recursos lúdicos, parecieran ser parte de una expresión sincera y hasta ingenua, cuando vemos el resultado final de su accionar discursivo, notamos que su intención tiene objetivos claros y hasta cuantificables. Chávez logró robarse el show de la Cumbre en todos los escenarios, no midió sus recursos retóricos para denunciar a sus enemigos y logró mostrar la idea de fractura en el seno de la instancia que por 17 años había buscado proponer criterios tendientes a la unidad y la integración bajo la premisa de la lengua, la historia y la cultura común.

La moraleja de la experiencia es que Chávez ha logrado mostrar que goza de evidente influencia en la región. Que su irreverencia (y su dinero) le permiten hacer y decir lo que quiera. Con razón y fundamento o sin ellos, eso no se valora en este análisis. Ha logrado evidenciar que la comunidad lingüística no era garantía suficiente para poder establecer los puentes que separan las distancias geográficas, ideológicas y culturales, que se manifestaron luego de años de haberse mantenido subyacentes.

Latinoamérica es un conglomerado de realidades distintas y abigarradas. Existe variedad en términos de desarrollo, de perspectiva ideológica (y hoy más que nunca), de interlocutores autorizados, de institucionalidades y de voluntades políticas. El vacío de institucionalidad no permite desarrollar políticas de Estado que permitan, a su vez, diseñar fórmulas de integración claras y a largo plazo. Los procesos de integración (o siquiera complementación) económicas, no han pasado de la anécdota. Las barreras comerciales y de inversión encuentran en esta realidad actual, la limitante ideológica que no había sido solo de discurso y que comienza mostrar señales precisas de diferencia real al interior del  bloque regional.

Hugo Chávez logró exasperar hasta el descontrol, al propio Rey de España. La formación diplomática del título no pudo controlar la pasión del hombre, esa la del ser humano. Chavéz le arrancó un Sound Bite al Rey, uno que no estaba en los planes, ni había sido preparado por los expertos y asesores de la Casa Real. Salió de la entraña y será parte del folklore político mundial de los últimos tiempos, pues la imagen ya ha dado la vuelta al mundo varias veces.

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