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Con gente como Chávez no se puede

Con gente como Chávez no se puede

Me encuentro entre los que piensan que las ‘cumbres’ iberoamericanas, iniciadas a comienzos de los años noventa con motivo del Quinto Centenario del Descubrimiento, fueron una buena idea y una iniciativa loable, probablemente más desinteresada por parte del Gobierno español de entonces, el de Felipe González, de lo que muchos han llegado luego a creer. Bien es verdad que en estos últimos dieciséis años la presencia española en América Latina, o Iberoamérica –que por cuestiones semánticas no quede--, se ha multiplicado, especialmente en lo que se refiere al terreno económico, bancario y empresarial. También, hay que reconocerlo, desde el punto de vista cultural: yo mismo he asistido a esfuerzos loables que acaso no tuvieron el seguimiento y el acompañamiento necesarios.

Ocurre que España ha suplantado a los Estados Unidos en algunos terrenos económicos clave, y acaso no haya sabido hacerlo en ocasiones con el tacto y la sensibilidad que corresponde a las relaciones entre países que son más hermanos –lo digo sin la más mínima retórica—que otra cosa. España tiene muchas obligaciones con las naciones iberoamericanas y sólo en parte ha podido, o querido, afrontarlas. El pujante empresariado español, la próspera banca española, han tenido ocasión más que sobrada para poner en marcha políticas de solidaridad que, por cierto, a  veces también han sido olvidadas a la hora de tratar a los propios españoles. Pero ello ni ha sido siempre así ni puede achacarse a todas las empresas españolas el haber practicado esa “rapiña” de la que, por ejemplo, el presidente argentino saliente, Néstor Kirchner, acusa a entidades que se mantuvieron firmes en el país en momentos, no tan lejanos, en los que otros emprendedores huyeron.

Tampoco consta que el empresariado español apoyase como un bloque el intento de golpe de Estado contra Hugo Chávez en Venezuela, como ha denunciado el presidente venezolano con su peculiar –vamos a llamarlo así—lenguaje. Esas cosas hay que demostrarlas y denunciarlas ante los organismos competentes: con pruebas y con razonamientos, no con insultos ni descalificaciones genéricas en el marco, encima, de una cumbre diplomática que busca el avance en cuestiones concretas. En todo caso, me parece razonable que se investigue, por quien corresponda, el papel jugado por el gobierno español de entonces, el de José María Aznar, en aquella intentona de obispos y clases acomodadas en una Venezuela en la que la derecha –por clasificar de algún modo—no ha sabido organizarse políticamente, y la izquierda democrática dio tan malos ejemplos de honestidad a la hora de gestionar la economía.

“Con gente como Chávez no se puede”. Así reconocía ayer un alto cargo español asistente a la ‘cumbre’ el “fracaso parcial” de la misma. De estos encuentros, que tienen una considerable magnitud y envergadura, quedan más el ruido, las declaraciones altisonantes y las ausencias que los logros y avances concretos, que nunca han sido demasiados, esa es la verdad. Pero nadie puede dudar del esfuerzo que realizan los sucesivos gobiernos españoles –de Felipe González, de Aznar y, ahora, de Zapatero—primero manteniendo contra viento y marea estos necesarios encuentros de ‘casi’ todos con todos y, segundo, tratando de que de cada una de las diecisiete ’cumbres’ realizadas hasta ahora supusiese una nueva aportación en el concierto de unas naciones que, en conjunto, suponen una fuerza decisiva en el panorama de las relaciones mundiales. El idioma común, la identidad de costumbres, la Historia tantos años compartida –ahora se pondrá a prueba con las celebraciones del bicentenario de la independencia de los países de América Central y América Latina--, son cosas queno pueden tirarse por la borda, así, sin más.

Pero qué duda cabe de que con gente como Chávez, que no respeta los más mínimos usos y costumbres de la diplomacia, el protocolo y las normas internacionales –elementos fundamentales para el entendimiento y el funcionamiento de una democracia a escala global-- , no hay mucho que hacer. Latinoamérica se debate entre distintas posibilidades políticas de futuro, encara distintos modelos de desarrollo; la fórmula de Chávez parece la peor de todas, tanto para los venezolanos como para el conjunto de la comunidad iberoamericana. Y, lamento mostrarme pesimista, Hugo Chávez, casi en solitario, se ha bastado y sobrado para que los resultados de esta XVII ‘cumbre iberoamericana queden empañados. ¿Otra oportunidad perdida? 

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