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A dios lo que es de Dios, y al César lo que es del César

A dios lo que es de Dios, y al César lo que es del César

martes 03 de junio de 2014, 10:44h
Hace ahora  justamente  dos años  ( a mediados de mayo de 2012) pedíamos en estas mismas páginas  electrónicas , de forma  quizás  un tanto dura,  que   SM el Rey don Juan Carlos "....debiera pensar en dejar paso al futuro  mucho antes de que  líderes y pueblo  lleguen a  pedir, más que un jaque al rey, jaque a la monarquía".

Las  reglas del juego democrático  en España  están  marcadas  desde 1978  en la Constitución, cuyo  título II recoge en 10 artículos  todos los aspectos  relativos a la Corona. Aunque  para  algunos bastaba  con esta mínima regulación, otros pensábamos  que   el  título II   hubiese necesitado, poco después del refrendo de la Constitución,  el desarrollo  de esa ley orgánica que   ajustase al máximo  las posibilidades  y el camino a recorrer  de los 10 artículos Han tenido que pasar  36 años  y  que los acontecimientos   adelantasen  a la voluntad  del constitucional ,para que esa Ley orgánica  se llevase a cabo. Más vale tarde que nunca.
 
Parece que  , en época  tan   crucial  como la que atravesaba España  poco después de la muerte de Franco, el consenso  se imponía  frente  a  cualquier pretensión partidista  porque  entonces era mucho lo que  teníamos que  perder   y, lo mismo que  el régimen anterior  -según creían  algunos de sus  más  furibundos adeptos- creía  tener  "todo atado y bien atado", y luego les salieron las cosas  justo en dirección contraria de la prevista, desembocó en  la monarquía parlamentaria  que  consagraba  la Constitución Española  de 1978, esta podría  haber  hecho aguas  si   no se andaba con tiento y delicadeza  para no  exacerbar  ánimo alguno  de  todas las sensibilidades políticas  del  momento  (básicamente UCD, PSOE, AP y PCE).
 
La precaución no era baladí  como  pudo comprobarse apenas 3 años después, el 23  de febrero de 1981, cuando  el coronel  Antonio Tejero, como cabeza  visible  de un grupo de  golpistas militares  y civiles, tomó  a la fuerza el Congreso de los Diputados, al frente de unas docenas de guardias civiles . Ese fue  uno de los días  más  cruciales  para la Monarquía  y para España. El Rey , Juan Carlos I, estuvo a la altura de las circunstancias y, por segunda vez  en su corta  vida como monarca, dio  un paso claro al frente  y abortó  la intentona. La primera , obviamente, había sido  su voluntad  de transformar  la  monarquía en un sistema político   no implantado sino  refrendado por todos los españoles.
 
La decisión  que   Don  Juan Carlos hizo pública ayer  de abdicar  en  la persona de  su hijo Felipe, que pronto  pasará a ser   Felipe VI, es   una vez más , una prueba de sensibilidad  política y lealtad institucional  que  SM  ha dado , cuando   a sus 76 años,  ha visto  que  en una nueva época  se imponen  nuevos  modos y se necesitan nuevos bríos para seguir  conduciendo a España   desde la Monarquía parlamentaria  por  nuevos  y cada vez más complejos retos.
 
Al César lo que es del César
 
La cacería  de elefantes en Botsuana, a mediados de  abril  de 2012, y los algo más que  devaneos económicos  de su yerno, Iñaki Urdangarín, han pesado mucho  en la popularidad  del Rey  y, sin duda, han afectado también al prestigio de la Monarquía en España. Se diga o no se diga, estos han sido dos  elementos clave  en la decisión  de SM  a la hora de decidir  abdicar  a favor de su hijo  y futuro  rey  Felipe VI.
 
Pero, una vez dicho esto, sería  una infamia  imperdonable  no reconocer  a Juan Carlos I la paternidad  de una  época -la más larga en la historia de España- marcada por   la  democracia, la libertad  y  la prosperidad  económica, a la que  su  intervención no  es ajena. Bajo su reinado  hemos visto  la alternancia política  del centro, la izquierda y la derecha políticas. Hemos visto -y seguimos viendo-   como también  aquí hay cabida  para voces  que cuestionan, incluso, la forma  del sistema político  y pueden salir  a  la calle , enarbolando  la bandera  tricolor de la República Española.
 
Hasta aquí  queríamos llegar, precisamente para recordar  a Cayo Lara,  y a algunos  neófitos y henchidos  líderes  de la izquierda  próxima ,  y hasta  hija  de la  que preside  el líder manchego, que estamos persuadidos , por no decir absolutamente convencidos, de que en una hipotética  III República  española, no habría cabida a que pudieran darse   manifestaciones  promonárquicas  que abogasen por la restauración . En esas circunstancias, y aunque les pese  a  los antiguos  comunistas -hijos de un Santiago Carrillo que, a buen seguro, no compartiría   con ellos  mucho más que la  postura estética  de sus  correligionarios, pero  nunca la práctica- recobren  su  cordura  porque , a fuer  de  viejos  y trasnochados  objetivos  cuyo  único  sentido  puede ser  recorrer  otro camino para desembocar  en el punto que ya estamos  (democracia y libertad)  puede ser un experimento  que  podría  costarnos  nuevamente muy caro  al que no estamos dispuestos a jugar la inmensa mayoría de los españoles. Entre otras cosas, porque  hace ya más de dos mil años alguien  dijo  aquello de "a Dios lo que es de Dios, y al César lo que es del César", y que Cayo Lara pueda  proclamar pública  y tranquilamente  su republicanismo, se lo debe  , aunque le pese, a  Don Juan Carlos I, Rey de España.
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