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Uceda Leal no se complicó; cornada grave de Manolo Rubio

Ferrera banderillea a su primer toro
Ferrera banderillea a su primer toro

Dura y peligrosa corrida de Victorino que mantuvo el interés y con la que se pelearon Ferrera y Aguilar

viernes 06 de junio de 2014, 23:03h
Toros de VICTORINO MARTÍN, muy bien presentados, de juego desigual con 1º y 4º nobles,;3º encastado, fiero y con peligro; 2º, 5º y 6º descastados y muy peligrosos. UCEDA LEAL: pitos; pitos. ANTONIO FERRERA: palmas; bronca. ALBERTO AGUILAR: ovación; silencio. Plaza de Las Ventas, 6 de junio, 29ª de la Feria de San Isidro. Lleno. Incidencias: Alberto Aguilar, tras la muerte de su primer toro, fue atendido en la enfermería de herida incisa en región gemelar izquierda y puntazo en mano derecha de pronóstico leve. El subalterno Manolo Rubio, herido por el quinto, sufre herida por asta de toro en región perineal, con orificio de entrada y salida con una profundidad de 15 cm que alcanza el pubis y contusiona uretra y recto. Luxación de rodilla derecha con rotura de ligamentos cruzados anterior y posterior y ligamento lateral interno. Pronóstico grave".
"Seguro que no te has leído hoy el programa", cuestionaba a la salida del festejo un espectador a otro, que le respondía en madrileño cheli: "Pues, chico, ni me ha 'dao' tiempo con tantas cosas como pasaron el el ruedo". Pues eso. Que Victorino Martín, tantos años echando corridas vulgares, sorprendió en esta edición isidril con un encierro parigual por fuera -con varios bichos aplaudidos nada más asomar por chiqueros debido a su guapeza de puros saltillos línea albaserrada-  y muy problemática en su variado comportamiento siempre con el denominador común del peligro, excepto el lote de Uceda Leal.

Porque el madrileño, que pese a que ni primero ni cuarto ofrecieron grandes dificultades y si cierta nobleza sin entregarse nunca, pero siguiendo los engaños, en ningún momento dio sensación de que venía a otra cosa que a matar la corrida sin arriesgar en demasía -dentro de lo que cabe, claro-, y hasta en su suerte favorita, precisamente la de matar, anduvo desacertado.

Pero el quinario lo pasaron sus dos compañeros, Antonio Ferrera y Alberto Aguilar, quienes sí intentaron, sin apenas lograrlo, lucimiento y cumplimiento profesional. El extremeño, que ni siquiera brilló con los rehiletes, colocados con cierta vulgaridad no exenta de riesgo, se peleó con el complicado segundo e incluso le extrajo algún muletazo suelto por la derecha. Y echó por la calle de en medio con el quinto, un barrabás, al que antes de despenarlo mal macheteó a la antigua sobre los pies sin ser comprendido por una gran parte del desnortado público.

Suspenso en tauromaquia

Unos espectadores -no aficionados chipén- que tomaron partido por los bicornes en general, quizás porque todos fueron de lejos a los caballos, aunque allí hacían sonar el estribo y no se empleaban mucho. El colmo del suspenso en tauromaquia de esta parte del cotarro culminó cuando ovacionó en el arrastre al bicho corrido en quinto lugar porque se había levantado tres veces después de estoqueado, en una de las cuales arrolló y prendió al subalterno Manolo Rubio cuando iba a apuntillarlo.

De similar catadura era el que cerró el interesante festejo -desde la óptica del aficionado- con el que Aguilar, que salió de la enfermería para enfrentarlo tras un leve percance, no se dio coba y lo mató también a la última. Con la fiereza encastada y peligrosa del tercero fue capaz en un gran esfuerzo de robarle algunos pases sueltos sobre ambos pitones hasta que el bicho no admitió más y el valentísimo madrileño, tras herirse con el estoque en un revolcón, se la jugó también a la hora de mandarlo al desolladero.
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