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Viva el fútbol; abajo el Brasil... de Scolari

Viva el fútbol; abajo el Brasil... de Scolari

miércoles 09 de julio de 2014, 07:46h
Arriba el fútbol. Abajo Brasil. Hubo un tiempo en el que ambas palabras tenían idéntico significado: fútbol y Brasil. Pero, en esto llegó el pretoriano y militarista Luis Felipe Scolari y remedó, en sentido contrario esa frase marxista -sección Groucho- de que "partiendo de la nada, hemos llegado a la más absoluta de las miserias". O sea que partiendo del fútbol arte -como de violines-, ha llevado a la 'Canarinha' -ahora como de tambores-, en efecto, al pozo más profundo y humillante de su historia con las siete estocadas, siete, que encaló ante la maquinaria alemana. Ríase usted, ríase del 'maracanazo' de hace algo más de seis décadas y que parecía lo peor que le podía acontecer a los pentacampeones.

Para unos espectadores tan religiosos y patrióticos, incitados por los propios jugadores y por el 'ayatola' y 'militar' Scolari, la decepción ha sido tan enorme, la tragedia tan tremebunda que ni siquiera los incidentes -salvo alguna inevitable excepción con el primer muerto- han sido tan graves como se temía. Al menos en las primeras horas, y esperemos que siga así cuando la gente despierte de esta pesadilla y se enfrente a la durísima realidad del ridículo mundial en el que iba a ser 'su' Mundial.

Pero si las consecuencias están siendo tibias en las reacciones no futboleras, en las relacionadas con el deporte rey van a ir llegando poco a poco con Scolari, máximo responsable -cual el  mismo ha admitido con sinceridad tras la debacle- del artístico toreo a que fue sometido su conjunto militarizado y musculado por el 'jogo bonito' por el 'tiki taka' alemán tan similar al camino que inició España hace seis años y que la llevó, aparte de pasar a la historia como referencia, al trono planetario con dos Eurocopas y un Mundial consecutivos-. Y deben ir más allá de su dimisión, incluso antes de ese desarraigado y triste partido por el tercer puesto, debe exigírsele responsabilidades futbolísticas.

Porque él fue quien cambió el chip y aunque le saliera bien en 2002, en aquella cita mundialista, contaba con la imaginación y poderío goleador de las tres erres: Ronaldo, Rivaldo y Ronaldinho, muy en la línea del único violinista actual, el lesionado Neymar, para apostar por lo físico en detrimento de la técnica, de la belleza del fútbol. Sembró potencia, huyó del arma esencial del fútbol que es la posesión del esférico y ha recogido la mayor humillación que podía pensarse en las peores pesadillas a un país que vive el fútbol compulsivamente, como una religión patriotera y laica. Es triste decir/escribirlo, pero es verdad: Arriba el fútbol (alemán); abajo Brasil (el actual, claro).
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