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Francia, trinchera de Europa

Francia, trinchera de Europa

Nicolas Sarkozy trata de reducir los privilegios actuales de unos pocos trabajadores para asegurar el futuro de todos.

Ésa sería la síntesis del inicio de la reforma laboral en Francia. El problema no lo tienen sólo nuestros vecinos, claro. La Unión Europea acaba de rebajar las previsiones del ya escaso crecimiento económico de la zona. Todo el mundo sabe, además, que el estado de bienestar de Europa se derrumbaría en 15 años de no efectuarse reformas profundas: no se pueden mantener las actuales prestaciones sociales para un número creciente de personas mayores, jubiladas y dependientes.

Ese mismo problema subyace en las tensiones entre Gordon Brown y los sindicatos en Gran Bretaña, en los problemas de Angela Merkel con sus aliados socialdemócratas en Alemania y entre los propios partidos del gobierno italiano de Romano Prodi.

En Francia se agudiza por el envejecimiento de su sistema productivo y el omnímodo poder de unos sindicatos de corte decimonónico. Un ejemplo de un sector que conozco bien, el de la prensa: cuando los periódicos se modernizaron en la década de los 80 gracias a las nuevas tecnologías, no pudieron hacerlo en Francia ya que el sindicato del libro exigió que los antiguos linotipistas repicasen los textos escritos por los periodistas en su ordenador.

Sarkozy, pues, se halla en el andén del último tren hacia la modernidad y la supervivencia. De no cogerlo, su fracaso acabaría por afectarnos a todos los europeos, embarcados en el mismo trayecto.

España, mírese por dónde, ha tenido la suerte de recibir en poco tiempo una inmigración que ha llenado las arcas de la seguridad social. Pero de no hacer como la hormiga de la fábula, lo que es pan para hoy puede convertirse en hambre acrecentada para mañana. Por eso, el ministro de Trabajo, Jesús Caldera, mientras da nuevas prestaciones sociales con una mano, con la otra estimula retrasar la jubilación hasta los 70 años.

Hay que recordar que la expectativa de un futuro preocupante no es de hoy. José María Aznar, con su estilo imperioso y sin sutilezas, propuso una reforma laboral en 2003, cuyo fracaso se llevó por delante al ministro del ramo, Juan Carlos Aparicio. Ahora se perfilan otras normas y otros métodos para llevarnos al final al mismo destino.

Por esa razón, el resultado de la contienda entre sindicatos franceses y su Gobierno afectará inevitablemente a nuestro futuro. Al igual la guerra europea de hace un siglo se dirimió en las trincheras de Verdún, parte de nuestro futuro colectivo vuelve a jugarse en el frente francés.

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