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Henar Ortiz, la villana de Disney de la familia de la reina Letizia, lleva a Sálvame a tribunales

Henar Ortiz, la villana de Disney de la familia de la reina Letizia, lleva a Sálvame a tribunales

jueves 16 de octubre de 2014, 09:23h
Henar Ortiz lleva a Sálvame a y Ángela Portero a los tribunales porque considera que han mancillado su honor. Pobriña.
¡Qué certero es el refranero español! Dice uno que "a quién buen árbol se arrima, buena sombra le cobija" Henar Ortiz, a secas mal que le pese, es la tía villana de Letizia (la reina de España) En una peli de Disney iría vestida con ropajes apretando fuertemente su cintura y maquillaje espeso. Es la mala perfecta para una historia de terror. Recuerdo las fotos de la boda de los ahora reyes en los que ella vestía su pamela y orgullo con la prestancia que arroja pensar para dentro: Pues nosotros somos familia bien de Asturias de toda la vida, ¿acaso no se nota?
Desconozco la relación actual entre tía y sobrina aunque intuyo que tiene cerrada la Zarzuela para los restos. No es para menos. La discreción no es lo suyo. Ahí le patina la presunción de pertenecer a familia bien "de toda la vida" Como no está para posar en interviú qué mejor fórmula que decantarse con frases tipo "yo soy republicana" para obtener la notoriedad que siempre ha buscado y que pocas veces ha logrado. 
Hace meses el programa Sálvame dejó entrever que la díscola Henar habría vendido fotos de la primera boda de Letizia y habría pedido por ellas la cantidad de 600.000 euros. La periodista Ángela Portero, sabedora de que se podía meter en un buen lío, siempre habló de posibilidad y Henar, que no da puntada sin hilo se fue al juzgado a denunciar que su honor había quedado por los suelos. 
Lo mejor de la demanda (de la que todavía no hay sentencia) es que Henar, además de pedir ese dineral, quiere que se publique la rectificación en "tres periódicos nacionales! Nada más y nada menos, oiga. Que es asunto de suma importancia y el pueblo no se merece menos. También exige (esto es lo mejor) que se investiguen las curvas de audiencia del programa cuando hablaron de ella para ver si Sálvame obtuvo beneficio gracias a ella. No me digan que no es muchísimo mejor que un guión de Torrente. ¡Se supera!
Es una lástima que la justicia no pueda emitir juicios de valor como se hace en el programa De buena ley pero si yo fuera el juez le diría a la señora Ortiz que su honor ella misma se encarga de menoscabarlo cada vez que abre la boca, escribe un tweet o sienta sus posaderas en un plató, que lo ha hecho, para explicar lo que opina de la república o la corona, opiniones ambas que tienen el mismo interés que la reproducción de la cucaracha extremeña. Por cierto, el programa donde se sentó es Hable con ellas cuya productora, La fábrica de la tele, es la misma del programa Sálvame. 
Hay una cosa muy importante en esta vida que se llama lealtad a la familia. Y eso ella parece haberlo olvidado cada vez que dice cosas contra su propia sobrina. Servidora es republicana pero por encima de las ideas está la familia de sangre. Y aunque solo sea por amor a su hermano o a su propia madre, que es la abuela de su sobrina, debería ser más cauta. 
Henar Ortiz se revuelve en su silla cada vez que no es noticia y muere de gusto cuando lo es. Sea por lo que sea. Las personas discretas que detestan la notoriedad no acuden a platós ni declaran frases incendiarias (véase el ex marido de Letizia que ha demostrado ser un auténtico caballero) Pero Henar sigue erre que erre. Al principio, cuando Letizia era una desconocida, la tía Henar posaba, sonreía a los fotógrafos y se frotaba las manos imaginándose cada dos por tres en palacio en las recepciones con las gentes importantes. Con los años se dio cuenta de que boda, bautizos y comuniones de las niñas y poco más. Y eso duele. A una mujer como ella que puso todas sus expectativas en la boda de su sobrina, que la ignoren es para ella el exilio. Desde la época del Cid no se había cometido semejante agravio a alguien por parte de la realeza. 
Recuerdo también cómo se montó negocio en Oviedo y posó para los fotógrafos. Lástima que el negocio cerró. No tengo ni repajolera idea de si intentó o no vender las fotos de la primera boda de Letizia. Lo que sí tengo claro es que si no obtiene popularidad se muere. Es ese tipo de mujer que dice una cosa y hace la contraria. La discreción no es lo suyo y cada vez que abre la boca se aleja un kilómetro de la Zarzuela. De perdidos, al río, debe de pensar para sí misma. Ya que no me quieren me van a odiar.
Esperemos que no tenga la brillante idea de contratar sus memorias y la nefasta oportunidad de publicarlas. Sería para correr. 
¡Qué tropa!
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