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'Olivia y Eugenio', de Herbert Morote, hace que  Concha Velasco vuelva a los escenarios

'Olivia y Eugenio', de Herbert Morote, hace que Concha Velasco vuelva a los escenarios

lunes 17 de noviembre de 2014, 19:49h
En el Teatro Bellas Artes de Madrid se  representa estos días  "Olivia y Eugenio", del peruano  Herbert  Morote, que estrenó esta obra  hace cuatro años  en Lima. Si en la capital del Perú  Olivia  era la actriz Yvonne Frayssinet, aquí en España es la  gran Concha  Velasco quien da vida a esa madre coraje, galerista de profesión, viuda  de un marido adicto  al juego, al alcohol y a la cocaína, que le había dado dos hijos: Daniel, ya emancipado  y que recurre a su madre únicamente para pedirle dinero cuando lo necesita, y Eugenio, con síndrome de Down.
 
Hasta el momento, y que sepamos, nunca  se había subido al escenario en una obra comercial ningún actor o actriz con síndrome de Down. Ahora, en lugar de uno, son dos los actores que dan vida  al personaje de Eugenio. Representan el papel en días alternos y  ambos, Hugo Aritmendiz y Rodrigo Raimondi, aguantan  con  éxito los 90 minutos de duración de la obra. Este último fue Eugenio el día que acudimos a ver la representación de   "Olivia y Eugenio", que dirige el experimentado José Carlos Plaza.
 
Olivia (Concha Velasco) da un sincero y descarnado repaso a su vida, el día que regresa a casa decidida a que esa sea su última jornada de trabajo en la galería de arte que regenta. Su profesión le facilita el contacto habitual con empresarios, políticos, deportistas de élite, médicos y profesionales de éxito. La llegada al mundo de su primer hijo, Eugenio (el nombre  le vino por otros  dos  Eugenios, Ionesco  y O'Neill), un chico con síndrome de Down, le cambia todos los planteamientos  vitales, y la desesperanza, la frustración y temor  iniciales, poco a poco se van tornando  en la alegría, la ternura, la ilusión y la fuerza que  solo un chico tan especial puede  transmitir a quienes le rodean.
 
Ni el marido, ni el segundo hijo de Olivia han colaborado  especialmente en la educación de Eugenio, y esa relación de madre  e hijo es tan profunda, natural y  sincera, con las únicas limitaciones  intelectuales de Eugenio, que  madre e hijo son casi "una unidad de destino".  Cuando a Olivia le detectan un  cáncer y  se  angustia  por el futuro de su hijo, decide  suicidarse  junto a él... Pero la serena  calma y la bondad de  Eugenio  trastocan todos los planes  de  la madre.

Vale mucho

Con esta obra  Concha Velasco, galardonada en 2013 con el Goya de Honor,  ha vuelto a los escenarios, después de  enfrentarse a una dura enfermedad que, como ella mismo dijo el día de la presentación de la obra, citando a San Agustín, para explicar el momento en el que está: "Si me considero no valgo nada, pero si me comparo valgo mucho".

Peruano de origen, Herbert Morote vive en Madrid desde 1990 dedicado a la literatura y a la investigación histórica, aunque su formación y su labor profesional estaba orientada hacia la economía y la empresa. Doctor en Ciencias Económicas por la Universidad de San Marcos, Lima, y post-grado en India-na University, Bloomington. Fue catedrático fundador de la Universidad de Lima, y dirigió empresas multinacionales en el Perú, México, Europa y Estados Unidos.


El polifacético y más que experimentado José Carlos Plaza acababa  de estrenar en los Teatros del Canal de Madrid  "True West, El auténtico Oeste", del norteamericano Sam Shepard y, en un auténtico tripe salto mortal, dirige ahora con eficacia esta "Olivia y Eugenio", huyendo del melodramatismo fácil en el que podría haber caído, dado el tema tratado. El público así lo entendió y premió a   actores, autor y director con un encendido aplauso, que rubricaron además  el día en que acudimos a la representación, dos familias al completo, que  asistían también a la función, con sus  hijos respectivos (chico una, y chica otra), con síndrome de Down.

Para quienes  aún  alberguen dudas al respecto, "Olivia  y Eugenio"  muestra con claridad y convicción que todos somos iguales, y todos somos diferentes a la vez. Lo importante -y para  eso no hay  fórmula magistral alguna- es  intentar ser feliz y hacer felices a quienes tenemos a nuestro alrededor y para eso no hay síndrome de más o de menos.
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