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El Greco y Guadalajara: historia de un expolio

El Greco y Guadalajara: historia de un expolio

miércoles 19 de noviembre de 2014, 12:46h

Cuando se habla de Domenikos Theotokopulos, "El Greco", inmediatamente, la referencia es Toledo, la ciudad en la que vivió, desarrolló gran parte de su obra pictórica y en la que finalmente murió en 1614. Pero la vinculación del genial pintor cretense a Castilla-La Mancha va mucho más allá. Su huella se extendió también a otros puntos de la geografía regional como es el caso de Guadalajara.

El llamado 'Año Greco', que conmemora el IV Centenario de la muerte del pintor toca a su fin cien años después, según relata el cronista provincial de Guadalajara, Antonio Herrera Casado, de que los especialistas "descubrieran" su figura y su obra.

"Un poco cegatos estuvieron, hasta entonces, esos analistas, porque solo la composición de El entierro del Conde de Orgaz que El Greco pintó para la iglesia de Santo Tomé de Toledo y allí quedo para siempre, le hubiera valido estar entre los más reconocidos artistas de la historia", asegura el historiador que esta semana repasaba en una conferencia la vida y obra del artista y su vinculación con Guadalajara.

El Greco y Sigüenza

En la capilla de la Concepción de la catedral de Sigüenza está desde el 28 de julio de 2014 una de las consideradas últimas obras del artista, 'La Encarnación'.

Herrera Casado explica que es una de las muchas "anunciaciones o encarnaciones" que pintó el artista griego. "Los encargos de este tema eran abundantes, y él no se negaba a ninguno", aunque la escena que puede verse en Sigüenza es "de las más simples y efectistas".

Según el cronista, no existen datos concretos de cómo el Cabildo catedralicio encargó al Greco esta pintura. Si lo hizo como pieza suelta o pertenecía al contexto de un retablo. Incluso, explica el cronista provincial, se llegó a decir que aquel retablo completo que El Greco pintaría para la catedral de Sigüenza, acabó en manos del ejército austriaco, y finalmente en el Museo de Bellas Artes de Budapest a donde llegaría, a su vez, de las colecciones imperiales austrohúngaras. Hoy sabemos que fue más complicada su trayectoria.

Otra teoría que se ha apuntado es que en algún momento incierto, el cuadro llegara a la catedral procedente de otra iglesia de la diócesis. No hay datos. El caso es que desde al menos el comienzo del siglo XX está allí, y como propiedad del Cabildo, no de la diócesis.

En 1929, esta "Anunciación" fue prestada por la catedral a la Exposición Iberoamericana de Sevilla, para que luciera en el pabellón de Castilla la Nueva, junto a los tapices de Pastrana. En septiembre del 36, junto con los tapices flamencos y otras muchas piezas artísticas de la catedral, son llevados por la Junta de Incautación, Protección y Salvamento del Tesoro Artístico al Museo del Prado, luego llevados a Valencia, y de allí en enero del 39 se llevan a Ginebra para ser custodiados por la Sociedad de Naciones, de donde son devueltas a España a finales de ese año, quedando depositada la pintura en el Museo del Prado, formando parte de diversas exposiciones, hasta 1949 en que vuelve a Sigüenza.

Bien cuidada y con un marco adecuado, esta Anunciación se ilustra con los tres colores preferidos del griego: rojo, azul y amarillo, "sin concesiones a la mezcla ni a la media tinta", dice Herrera.

Pero este cuadro no fue el único que el Greco pintó para la catedral seguntina, aunque de ellos se sabe muy poco. Se tiene referencias de dos: la "Oración en el Huerto" y un "San Andrés".

"¿Estarían en un bloque junto a la Anunciación? No consta", señala Herrera Casado, quien apunta su paradero: los cuadros estaban a principios del siglo XX en manos del escritor portugués Abilio Guerra Junqueiro, quien se los vendió al coleccionista y marchante húngaro barón Marcell Nemes, quien a su vez se los vendió al comerciante judío Lipot Mor Herzog, que vivió entre 1869 y 1934, heredándolo su hijo a quien se lo arrebató el estado nazi húngaro y luego los comunistas, pasando al Museo de Bellas Artes de Budapest. "Aún lo reclaman sus herederos...", asegura Herrera. Todo un periplo para estas obras de arte.

El Apostolado de Almadrones al que "nadie hacía caso"

En la provincia de Guadalajara existió, además, un Apostolado cuyos cuadros estuvieron colgados de la parte alta de los muros del presbiterio de la iglesia parroquial de Almadrones.

"Allí estaban sin que nadie les hiciera caso, y servían más que nada para asustar a los niños, pues la gente del pueblo los conocía como "os hombres feos", cuenta el cronista de Guadalajara.

"De apagados colores, telarañas por los bordes, marcos lisos desvencijados, y nadie dispuesto a estudiarlos".

¿Cómo llegó allí esa colección de cuadros de El Greco? No queda constancia documental sobre este hecho. Se ha elucubrado con que fueran donación de don Miguel del Olmo y de la Riva, hijo del pueblo, y muy introducido en los niveles de la gobernación del Estado en los años finales del siglo XVII, pues además de obispo de Cuenca tuvo asiento en el Consejo de Castilla una larga temporada.

"Manejaba dinero y con él hacía lo que los poderosos en su época: donaciones generosas a las iglesias para que en ellas se dijeran muchas misas por sus almas pecadoras. Pero los cuadros, probablemente adquiridos a un bajo precio, de algún mercader que no los apreciaba, quedaron colgando de los muros de Almadrones sin pena ni gloria", concluye Antonio Herrera Casado.

La 'diáspora' de los 13 cuadros de Almadrones: un legado perdido para España

De los trece cuadros de El Greco que hubo en Almadrones, al Museo del Prado se llevaron los cuatro que representan a Jesús el Salvador, Santiago el Mayor, Santo Tomás y San Pablo.

El magnífico "San Juan Evangelista" está, según el crónica "en un desconocido (para mí) domicilio de algún adinerado ciudadano norteamericano".

Al Country Museum de los Angeles marchó el "San Andrés", y para el Museo de Arte de Indianápolis emigraron los que representaban a San Mateo, San Simón y San Lucas. Los otros cuatro restantes se consideran perdidos totalmente.

Cuadros del Greco a precio 'de saldo'

El destino de los cuadros de Almadrones es otro ejemplo más del patrimonio perdido en la provincia de Guadalajara. Durante la guerra civil, y gracias al cronista provincial Layna Serrano los cuadros se guardaron en el fuerte militar de Guadalajara, por aquel entonces sede del gobierno militar. Fue un acierto porque el frente de la contienda pasaba justo por Almadrones, donde en marzo de 1937, se desarrolló la importante batalla de ataque a Madrid por parte de las tropas franquistas e italianas.

Al final de la guerra, Juan de Contreras, marqués de Lozoya y director general de Bellas Artes los envió a restaurar al Museo del Prado.

De ello se enteró quien en 1946 era obispo de la diócesis de Sigüenza, Luis Alonso Muñoyerro quien una vez restaurados esgrimió su derecho de propiedad sobre los nueve cuadros que formaban este Apostolado (cuatro habían desaparecido) para intentar paliar el empobrecimiento de una diócesis con unas arcas menguadas tras la contienda. Optó por venderlos. El Prado, con un capital para este fin de 200.000 pesetas, pujó con ellos y se hizo con cuatro ejemplares.

El resto de las piezas fueron vendidas por 800.000 pesetas a un marchante de arte que posteriormente los revendería en subastas americanas logrando precios mucho mayores. Tres cuadros fueron adquiridos por George Henry Alexander Clowes para su fundación, en 1952, pasando en 1972 al Indianapolis Art Museum. Otro, el 'San Andrés', por el County Museum de Los Angeles, y el último, el 'San Juan Evangelista', para la Kimbell Art Foundation de Fort Worth, en Texas, que después en 1982 se lo vendió a un particular norteamericano.

"Después de este episodio de expolio tan llamativo y tan reciente en nuestra provincia, por lo menos nos queda el consuelo de poder admirar en el Prado los cuatro cuadros representando a Cristo y sus apóstoles", asegura el historiador.

"No es para menos. Son paradigmas de su pintura, esencias del artista que ahora con congrega", añade Herrera Casado quien lamenta el hecho de que "formaban parte de un apostolado completo, hoy fragmentado y parte de él perdido", concluye el cronista.

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