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Transparencia (y más cosas) también para nosotros mismos

Transparencia (y más cosas) también para nosotros mismos

jueves 11 de diciembre de 2014, 14:08h
Estamos en tiempos de revoluciones que acaso nadie busca y que casi llegan por sí mismas a nuestros hogares. Que el año que comienza dentro de tres semanas va a ser, cuando menos, políticamente convulso, es algo de lo que a nadie le cabe duda. Que, en lo referente a los medios de comunicación, puede ser un auténtico terremoto, es una evidencia que cada día constatamos más profesionales: el huracán del cambio no es que esté llamando a nuestras puertas; es que se ha colado de rondón en nuestras casas, está conmoviendo los cimientos sobre los que asentamos, o ya casi sobre los que nos asentábamos.

Es obvio que no se trata solamente de un cambio de caras, que ya en 2014 las ha habido, y muchos: en varios de los principales periódicos, en la televisión estatal...Tampoco se trata de cambios accionariales, ni de la irrupción de numerosos medios digitales que comportan voces diferentes y que, con sus pros y sus contras, se expresan de distinto modo. Creo que la revolución es más profunda que todo eso, incluyendo los aspectos tecnológicos, económicos y de posicionamientos políticos. La revolución que nos viene afecta nada menos que a la cotidianeidad de los usos, ocios y costumbres, a cómo se va a emplear en lo sucesivo ese derecho inherente a la persona de obtener una información completa, libre, veraz, contrastada.

Es ahí donde irrumpen factores como las formas (inéditas) de entender la información desde las nuevas formaciones políticas, que aportan planteamientos que a mí me parecen cuando menos cuestionables (por ejemplo, los ataques de Podemos contra la concepción de los medios privados, o lo sucedido en alguna entrevista con Pablo Iglesias en medios públicos), hasta la guerra que se ha organizado a cuenta de la 'tasa Google'.

No es asunto menor, aunque, en principio, a los medios digitales, incluso, o especialmente, a los pequeños, les afecte poco en la cuantificación de sus visitas...en principio, como digo. Porque aún es pronto para evaluar el alcance de lo que pueda ocurrir con la retirada de Google News de España, merced a la decisión, sin duda influenciada por sectores profesionales, de los dos principales partidos del arco político. Que también es casualidad que se pongan de acuerdo solamente para esto y no para temas que, en principio, pudieran considerarse más trascendentales.

En todo caso, el establecimiento de una 'tasa Google', que ha hecho que esta plataforma contraataque con su retirada, no es una decisión menor, y las consecuencias están empezando a verse. Google ha sido, es, una de los grandes avances en comunicación que ha registrado la humanidad, y lo mismo puede decirse, dentro del paraguas de Internet, de las redes sociales, que cada día tienen una influencia mayor, no estoy seguro de que siempre para bien, sobre cómo se informan los ciudadanos y hasta dónde se informan. Un avance tal no se hace sin desequilibrios y desfases: desde la uniformidad que se impone muchas veces a la información hasta la 'marca indeleble' (o casi) que sobre biografías y trayectorias dejan noticias que fueron publicadas en algún momento, que ya han quedado superadas, pero que ahí quedan, en la 'hemeroteca global' del 'gran hermano googleliano'.

Estos son, si se quiere, y sin que aún sea posible evaluarlos de manera completa, algunos datos de la que se nos viene encima: cuanto se relaciona con Internet afecta inevitablemente a la información y, por tanto, a aspectos fundamentales de nuestra vida. No puedo dejar tampoco de considerar otro ángulo: el que se refiere a todo lo relacionado con la visibilidad de las 'cosas españolas' en el exterior, que, sin duda, va a quedar disminuida por la retirada de Google de España. ¿Un golpe para la 'marca España'?

Y, hablando desde otro plano, también nos van a afectar de modo creciente, siguiendo en el campo informativo, los cambios políticos que avizoramos. Creo que, ante todo ello, nos es obligado a los profesionales un replanteamiento muy serio de estrategias, de tácticas y, posiblemente, también de conceptos: si la política no puede seguir siendo lo que era, si son imprescindibles cambios sustanciales en las formas de dirigirse los representantes a los ciudadanos, más o menos lo mismo ocurre, me parece, con la información. Es cierto que los periodistas no podemos seguir siendo una 'generación Google', que corta y pega los que estos 'grandes hermanos' nos envían: tenemos que volver a los viejos, sagrados, principios del periodismo presencial, de la investigación, del contacto con las fuentes. Y de la rabiosa independencia: temo que estamos siendo, voluntaria o involuntariamente, coaccionados desde los ya decandentes planteamientos políticos y económicos, pero, más aún, desde los que se pretenden políticamente innovadores, posiblemente sin serlo. Y también estamos siendo coaccionados por las limitaciones que nos imponemos: no podemos exigir transparencia a la llamada 'clase política' y negárnosla a nosotros mismos, por ejemplo y sin ir más lejos.

Resulta indudable que este 2015 va a ser un año de una enorme importancia informativa: hay elecciones en muchos países clave -España entre ellos--, la Unión Europea comienza una nueva trayectoria y lo mismo puede decirse de los Estados Unidos, que se encaminan hacia muy nuevos linderos. Un año, por tanto, en el que la información ha de depurarse, volar a mayor altura, más analítica, siendo conscientes quienes manejamos esta importante herramienta de la responsabilidad que hemos contraído con la ciudadanía, y de que no podemos culpar al 'porco Governo' de turno de muchos de los males que nos afligen, unos males que a veces nosotros mismos nos atraemos.
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  • Comentarios

    Últimos comentarios de los lectores (1)

    32356 | maruja - 11/12/2014 @ 15:01:59 (GMT+1)
    Su artículo hoy es como un magnífico epílogo para un libro....no digo más

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