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Guerras santas

Guerras santas

lunes 12 de enero de 2015, 09:18h

Es difícil sustraerse, en estos días, a la actualidad informativa que corre por todo el mundo. Los acontecimientos vividos en París han puesto en evidencia, una vez más, la vulnerabilidad de una sociedad; la Europea, que vive de espaldas a la realidad que nos imponen los enemigos de occidente, de la convivencia en libertad y la tolerancia. Pero todo ello, aunque nos parezca descabellado, cruel, vil, y cuantos calificativos más queramos añadirle, tiene una lógica basada en el despropósito de quien se declara abiertamente enemigo de occidente y de forma unilateral emprende una guerra encarnizada, con la finalidad de que prevalezca su religión y costumbres por encima del resto de pueblos de la Tierra. Digo bien; una guerra, con lo que todo ello conlleva, ya que si analizamos las estructuras militares de Al Qaeda o el Estado Islámico, que para el caso que nos ocupa es lo mismo, son las propias de cualquier estamento militar, aunque las autoridades nos las maquillen de banda terrorista o incluso grupos aislados que van por libre en lo que se han dado en llamar la yihad, o guerra santa.

Si repasamos un poco la historia, nos encontramos que la guerra santa es cosa antigua. El mundo lleva celebrando guerras en torno a las religiones desde siempre, aunque se disfracen de distinto nombre. Desde las cruzadas cristianas, que a los árabes no les parecerían tales cruzadas, a la expulsión de los judios y moros, en tiempos de los Reyes Católicos, alegando burdos pretextos. Las guerras, sobretodo las santas, no se generan como las guerras tradicionales. Las guerras santas se inician desde la creencia en un determinado dios, y con un fin exterminador sobre quien no cree o comulga con esa doctrina, incluso dentro de los mismos denominadores poblacionales, como vemos a diario en países como Siria e Irak, donde se asesina vilmente a creyentes que no enfatizan con el radicalismo o a distintas tribus, castas o ramas.

Centrándonos en el enemigo que tenemos a las puertas, he de decir que la yihad, es el hilo conductor del odio generalizado hacia occidente por las guerras de Irak y Afganistan. Si no hubieran existidos estas guerras, muy probablemente no estaríamos hablando de la saña terrorista con que asesinan a ciudadanos de occidente, no se hubiera producido un vacío de poder político en los países donde actúan, lo que da pie a un genocidio que muchos han estado esperando durante años, con el fin de eliminar a distintos grupos rivales y etnias dentro del Islam, como pueda ser el caso de los sunies contra chiies, kurdos...

La guerra santa a la que nos enfrentamos no tiene como punto inicial una defensa a ultranza del Corán, ni siquiera de la fe islámica, esta auspiciada por los máximos líderes religiosos, con unas proclamas claras para obtener poder, y financiada, muy probablemente, desde miles de kilómetros de donde se baten el cobre las milicias yihadistas y las tropas gubernamentales que no han pasado por el aro de las grandes multinacionales que lo controlan todo, y que ha provocado, de la noche a la mañana un levantamiento generalizado en muchos países árabes con la peregrina idea de derrocar dictadores -a buenas horas mangas verdes-.

Mientras tanto, en esta parte del mundo, asistimos estupefactos a verdaderos diarios de guerra, desde el 11-S hasta ayer mismo, con las únicas armas de que disponen los estados democráticos, pero que son insuficientes para luchar contra una lacra que cada vez se extiende más por Europa, y que trata sobretodo de coartar la libertad de expresión a la que nos tienen acostumbrados nuestros medios de comunicación y nuestra libertad.

La libertad de expresión ha sufrido con los asesinatos de Charlie Hebdo un ataque inhumano, pero no ha sido el primero ni desgraciadamente será el último. La radicalización de los jóvenes a través de proclamas fanáticas desde las mezquitas, siembran las calles de Europa de potenciales terroristas, y fomentan el racismo y la xenofobia, pero no es momento de preocuparse por el lógico rechazo de quienes claman contra la comunidad musulmana, sino que es momento de luchar por nuestra libertad, la individual y la colectiva, y si para eso tienen que ajustarse los movimientos migratorios que se ajusten, pero flaco favor hacemos a generaciones venideras si no cortamos el mal de raíz.

La marcha histórica contra el yihadismo tiene la misma validez que la san silvestre o cualquier otra similar; nada. La verdadera marcha es la que tienen que emprender los gobiernos para controlar los flujos migratorios que imponen sus credos y costumbres a los demás. Cada vez son más las voces que se alzan contra los privilegios que tienen los musulmanes en España, y que muchos españoles no perciben, y esos privilegios son los que provocan la xenofobia.

Las guerras santas no son cosa del presente, llevan con nosotros el mismo tiempo que la historia, será por eso que dicen que la historia siempre se repite.

Ismael Álvarez de Toledo

periodista y escritor

http://www.ismaelalvarezdetoledo.com

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