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La gran mordaza del gran hermano

La gran mordaza del gran hermano

martes 13 de enero de 2015, 12:35h
Nunca es bueno legislar 'en caliente', dicen quienes, para justificarse ante sus electorados en momentos de crisis, siempre presentan propuestas precisamente 'en caliente'. No hay conflicto entre seguridad y libertad, aseveran los que siempre toman partido por la primera en detrimento de la segunda. Me fío más de la policía que de los jueces, escuché, hace unas horas, a una colega, acaso algo exaltada, en el curso de una tertulia. Hay que establecer nuevos límites a los 'excesos' en la libertad de expresión, dijeron algunos en la misma tertulia, dicen bastantes gentes en demasiados lugares.
 
Qué quiere usted que le diga: todo ello me viene preocupando hondamente, porque estamos ante una concepción algo sesgada de la vida. Como si nuestra civilización, nuestros valores superiores a los de otros -no voy a entrar a negar eso-fuesen los únicos a respetar. Como si la violencia justificase tantas cosas que nada tienen que ver con la represión de la violencia.
 
Claro que hay momentos en los que el salvajismo, el fanatismo, la deshumanización, plantean un rearme por nuestra parte: no podemos quedar inermes ante locos con kalashnikov, ni ante verdugos que degüellan a gente inocente, ni ante monstruos que hacen estallar a niñas de diez años para asesinar a la mayor cantidad de gente posible. Todo eso produce el vértigo del horror. Pero el Estado democrático y de derecho sigue siendo superior a esa náusea: no puede legitimar ni el recorte de las libertades del ciudadano medio ni el incremento de la invasión de la privacidad de esos mismos ciudadanos.
 
Y eso mismo, tales recortes y esos incrementos, es lo que plantean los ministros encargados de la seguridad de las gentes que andan por la calle, viajan en avión o compran en los supermercados. No estoy seguro de confiar en una Europa gobernada por los ministros de Interior sin que el poder judicial matice sus decisiones: no se puede, no se debe, exigir sin más la facultad de controlar indiscriminadamente los teléfonos, ni se pueden extender los controles sobre datos personales confidenciales. El Gran Hermano, que estaba más o menos (en teoría) limitado por Schengen, no puede adueñarse de nuestras vidas, que es, parece, una pretensión inherente a quien ostenta el poder, por muy legítimamente que lo haya obtenido.
 
Importa insistir en que la de seguridad versus libertad no se trata de una alternativa perfecta y excluyente; pero ambos valores se hallan siempre en conflicto, y cierto es que en estos días de pánico, ira e intolerancia es la libertad la que corre mayores riesgos, como bien han sugerido el Consejo del Poder Judicial y el propio Parlamento Europeo. Creo que no debemos ser maximalistas: demos a la seguridad lo que es de la seguridad, y a la libertad, lo que a la libertad -incluyendo, claro, la de expresión-pertenece. Yo, al menos, no quiero ni leyes de patadas a la puerta, ni de mordazas -perdón por la simplifcación--, y me gustaría seguir estando seguro de que, cuando llaman a mi puerta a las seis de la mañana, es el lechero quien llama. Y también de que, cuando telefoneo a un amigo, somos solamente dos los que estamos hablando. Ahora no podría ya certificarlo. Y no van a ser esos pobres diablos salvajes del fusil o el cuchillo cortacabezas los que logren abatir mi vuelo libre. Eso espero, al menos.


El blog de Fernando Jáuregui: 'Cenáculos y mentideros'>>
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  • Comentarios

    Últimos comentarios de los lectores (2)

    33152 | maruja - 13/01/2015 @ 16:57:04 (GMT+1)
    Señor Járegui......Amén! suscribo su artículo de la cruz a la raya.
    33150 | Rosa Paredes - 13/01/2015 @ 15:54:42 (GMT+1)
    ¡ Que tonta¡ ¿Pues no me emociono recordando la serie de televisión que veía desde la caja tonta recien comprada en el hogar paterno y que pienso que era la única que existía en el barrio en los años sesenta? ¡ Mis progenitores y la que le da a la tecla, nos poníamos en primera fila y nos disponíamos a ver, expectantes, Los Intocables, serie estadounidense que hacía las delicias de grandes y mayores. ¿Y qué decir del argumento? Poco y mucho. Se barrían las calles de Chicago de toda la basura que pululaba alrededor y por supuesto, se hacía un cerco descomunal a Al Caponte y toda su banda.... ¡en aquellas series que entretenían el tiempo de ocio, no había corruptos ni gaitas! Y ahora pregunto releyendo lo escrito. ¿Por qué razón recuerdo todo ello? ¿No se adivina? Pues de no ser así, voy a decirlo lo más clarito posible, que es como a mí me gusta escribir, para que se me entienda. Ahora también veo la caja tonta y todo lo que se dice en ella. Y francamente, siento asco, desprecio, impotencia, decepción e incomprensión ante todo lo que veo que colea en este pais en el que he nacido. Está claro que en los momentos actuales en esta querida España también tenemos "los intocables". ¿De quién hablamos? Fácil respuesta. Me refiero a esa pandilla de sinvergüenzas que han delinquidao y se hacen los remolones en ir a parar a chirona. ¿Como lo consiguen? Siempre hay "buenos abogados, acompañados de algún juez justiciero" a los que si se les enseña la cartera repleta de parné, hacen lo indecible para que se prolongue el tiempo de que esos seres podridos en cuerpo y alma, traspasen lo más tarde posible las puertas del talego. Son muchos los que pisan el asfalto de las ciudades y que ya tendrían que estar paseando por el patio de las prisiones. Me da la risa nerviosa. Algunos han traspasado la puerta de esas cárceles, pero teniendo en cuenta su "status social" tienen trato de favor y se pasan el día en la enfermería o jugando al padel en el patio... ¡es acojonante lo que pasa en este pais mierdoso en el que he tenido la desdicha de nacer!¡ Es mucho lo que se podría decir y que al ciudadano honrado y decente nos quema por dento.! Lo malo es que los míos me han prohibido que sea tan sincera y que no manifieste el pensamiento que me embarga. Es superior a mis fuerzas. Claro que todos nos creemos en posesión de la verdad y tenemos la mala costumbre de querer ser los primeros en decir la última palabra. Mientras tanto, toda la banda organizada sigue desbarrando y contando mentiras a diestro y siniestro. ¡Desgraciados! Nos hablan de "brotes verdes" Lo que habría que hacer, de una vez por todas, es ir derechos al tronco del árbol cortar por lo sano y dejarse de andar por las ramas... ¡Feliz Año!

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