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De cuando una imagen vale más que mil palabras

De cuando una imagen vale más que mil palabras

domingo 25 de enero de 2015, 20:33h

Afrontamos una nueva semana, informativamente hablando, donde la imagen de los máximos responsables políticos de nuestro país, marca un antes y un después en los conflictos internos de los dos grandes partidos que gobiernan España, ya sea en comunidades autónomas o a nivel nacional, respecto de las relaciones con sus correligionarios.

Despedía la pasada semana vaticinando la guerra interna que libra el Partido Socialista Obrero Español, y dos días más tarde, las noticias me daban la razón, en cuanto a las trabas que le están poniendo a Pedro Sánchez para que ejerza como líder discutible, para algunos, indiscutible para la mayoría, al frente del PSOE. La difícil tarea que le espera al secretario general de los socialistas no tiene tanto que ver con la responsabilidad de llevar a buen puerto a los militantes de su partido, como con librar la cruenta guerra interna entre renovadores y corruptos. Puede parecer fuerte la afirmación, pero en periodismo, como en casi todas las cosas, la realidad es más tajante que la especulación.

La lucha interna que se libra en el PSOE tiene dos bandos, el de los jóvenes que miran hacia el futuro con la ilusión que conceden los ideales renovadores y utópicos para mejorar el mundo, y con ello la vida de las personas, y el bando de los dirigentes atrapados por el sistema de castas, corruptos hasta la médula, vendidos al poder de las grandes multinacionales, y que ven en la renovación una guillotina que cortará de raíz su modus vivendi sin dar palo al agua. Un sistema mantenido y amparado por los dos grandes partidos para no hacerse la guerra entre ellos y poder vivir del cuento.

La otra imagen de la semana nos llega desde la Convención Nacional del Partido Popular, donde la figura del presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, ha pasado inadvertida ante la arrolladora presencia del presidente nacional del PP, José María Aznar. Una demostración de fuerza, sin precedentes, en un partido que pierde simpatizantes, a millares, y donde los militantes piden la vuelta a las políticas que han hecho grande a este partido y que ahora vive sus horas mas bajas, por los numerosos casos de corrupción y la nefasta gestión de personajes como Cospedal y Floriano, que junto a Rajoy, pasan por ser los más criticados y despreciados, dentro y fuera de las filas populares.

La intervención de Aznar en la Convención del PP, ha servido para llamar la atención a los dirigentes actuales, y meter el dedo en la llaga del verdadero problema que están sufriendo los simpatizantes del Partido Popular. Una pérdida total de identidad de los valores que siempre ha defendido y postulado la derecha, y la falta de autocrítica antes los numeroso casos de corrupción y prepotencia interna, con que actúan sus dirigentes. Aznar, muy en su línea, ha demostrado, una vez más, que es capaz de conectar con los afiliados y simpatizantes de un partido que se ha desvinculado, completamente, de los ideales e intereses de casi la mitad de la población española.

El Partido Popular no pierde votos por el avance de Podemos, ni siquiera por los infinitos casos de corrupción que le señalen, unos conocidos y otros menos. El Partido Popular pierde votos por la desidia de Rajoy, por la camarilla de satélites que orbitan en torno a un líder de barro y, sobretodo, por el desastre de gestión que ha acabado con las personas para mantener bancos y empresas.

Si algo no es hoy en día el partido de Rajoy, es popular. Las cotas de impopularidad han crecido tanto, que el partido se desangra en intención de voto y en imagen. Nunca unos pocos han hecho daño a tantos. El gobierno de Rajoy, ha traicionado a las víctimas del terrorismo, a la memoria de los suyos, a las familias y a la decencia política. Ha sacado los trapos sucios a la calle, y con ello, puesto en evidencia un sistema que siempre se había presumido en manos de la izquierda.

Las imágenes que estos días ofrecen los líderes políticos, valen más que mil palabras. Uno; Pedro Sánchez, porque no termina de aterrizar, ni le dejan, y otro; Mariano Rajoy, porque vive frente a un espejo de autocomplacencia que no le permite ver lo que hay más allá, y culpa de falta de optimismo a los que no contemplan más que la realidad cotidiana que viven la mayoría de españoles, mientras nosotros, los sufridos ciudadanos, esperamos ansiosos una imagen de esperanza, en un mundo sin ella.

Ismael Álvarez de Toledo

periodista y escritor

http://www.ismaelalvarezdetoledo.com

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