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Podemos, y si no, al tiempo

Podemos, y si no, al tiempo

domingo 01 de febrero de 2015, 20:06h

Siempre he mantenido que la gran ventaja de España es que vamos por detrás del resto de países de Europa, como si del cambio de horario se tratase, y eso nos confiere sabiduría, de una parte, y de otra, el espacio suficiente para poder reorganizar nuestra desorganizada coyuntura política. Con lo que se supone, que deberíamos tener cierta experiencia de los errores que comenten otros y no caer en lo mismo, y observar lo bueno para aprender de ellos.

Hace una semana que el fenómeno Podemos o Syriza, que es lo mismo a fin de cuentas, aterrizo en Grecia, y en estos siete días ni se ha parado el mundo, ni ha caído la bomba atómica, ni ha sucedido nada tan reseñable o gravísimo, más allá de que los "coletas" griegos no llevan corbata -los de aquí tampoco- y de que no han encontrado paridad a la hora de conformar el equipo mixto de gobierno. Pero lejos de esas minucias, que sólo afectan a quien se sienta muy feminista o quiera cazar moscas a lazo, lo único que ha puesto en evidencia al nuevo gobierno griego es el plante y desplante, con todas las de la Ley, a la troika y a sus funcionarios europeos.

Los griegos, como los españoles, o cualquier otro país que se sienta agraviado por los socios ricos de la Unión Europea, se han cansado ya del si bwana, de pagar los platos rotos del sistema que sólo beneficia a unos pocos, y sobretodo de unas políticas económicas que miran más por las empresas que por las personas. La campaña de recortes en prestaciones sociales y en dignidad humana, que han protagonizado los gobiernos de Grecia y España, ha hecho resurgir el espíritu ciudadano del trabajo, justicia y pan, algo tan elemental y tan básico, que ya lo dábamos por olvidado, y por ello, nos encontramos hoy ante el dilema de una revolución social sin precedentes en toda Europa, ya sea de izquierdas o de derechas.

El problema de los gobernantes españoles es que no ven venir el golpe. Se lleva anunciando tanto tiempo, se están dando tantos datos, y se realizan tantas encuestas, que ni aún así son capaces de ver por donde les va a entrar el gol. Parecen incapaces de solventar la situación crítica que viven millones de ciudadanos de este país y el único remedio que alcanzan a exponer, es que si gana Podemos estaremos mucho peor. ¿Peor que quien? ¿Peor que cuando?

Mariano Rajoy, a quien no le quito mérito como trabajador, ha cometido el error de sacarnos de la crisis a palos, por las bravas. Se ofreció a recomponer la economía española, y lo ha hecho, se ofreció a sacarnos de una crisis galopante, y también lo ha hecho -o en ello está- pero con un poquito de por favor, digo yo. Debió tomárselo tan en serio, al ver las cuentas que nos dejó el insigne ZP, que el remedio ha sido mucho peor que la enfermedad. Ha cortado tan de raíz las prestaciones sociales, que ya ni se recetan jarabes para la gripe, y los pocos avances que tuvo España con el gobierno de José María Aznar, se los ha cargado Rajoy en un abrir y cerrar de ojos, como si tratase de superar ese complejo de flojo, que siempre le han atribuido.

Rajoy ha legitimado su balance político con Merkel y compañía, ha hecho los deberes para la Unión Europea, y nos ha dejado al resto, a sus ciudadanos, a sus votantes, incluso a sus afiliados, totalmente desamparados. Probablemente mañana nos vendan la idea de que el avance de Podemos, como Syriza en Grecia, tiene que ver con otro tipo de planteamientos, pero aquí el único planteamiento firme que conocemos, además del paro, es el de la cantidad de millones que impunemente se han llevado banqueros y políticos, mientras miles de españoles se han quedado sin casas, sin trabajo, sin pan, y sin vida. Pero probablemente eso no cuenta en las estadísticas de Rajoy, y cuando lleguen las elecciones querrá un premio a su encomiable labor, que económicamente claro que es encomiable, pero sin humanidad.

El gobierno del Partido Popular ha tenido tiempo de ver donde estaban los fallos, ha tenido tiempo de pulsar el descontento de la calle, de aceptar los reproches y críticas de sus correligionarios, pero en lugar de ello, se han encerrado en su espartana idea de fidelidad absoluta ante los planteamientos de la troika y ha descuidado su más preciado bien; los españoles.

La gran ventaja -como decía- es que muchos altos cargos del PP reconocen el error y sus consecuencias, otros muchos saben que sólo les hacen buenos sus alcaldes y concejales, y los más, saben que el problema de fondo sigue estando dentro del comité ejecutivo nacional, pero callan a sabiendas, mientras los acontecimientos nos demuestran si seremos más Grecia que Europa o viceversa.

Ismael Álvarez de Toledo

periodista y escritor

http://www.ismaelalvarezdetoledo.com

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