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Un 'Don Juan Tenorio' despreciable visto por Blanca Portillo en el CNTC

Un 'Don Juan Tenorio' despreciable visto por Blanca Portillo en el CNTC

jueves 05 de febrero de 2015, 18:25h

'Don Juan Tenorio'de José Zorrilla (1844) es, desde su estreno, la obra más  representada en los teatros españoles. Fue escrita en  menos de un mes con el único objetivo de sacar de sus apuros a una compañía teatral de la época, pero muy pronto caló entre los espectadores y ha llegado a convertirse, sin duda, en el clásico más  popular entre nosotros.

Hasta hace solo unas décadas, en torno a la época de la transición,  era costumbre que se representase anualmente y, en muchos casos, en varios teatros a la vez. En Madrid, en los años 60 y 70, podían llegar a verse  más de diez teatros con la obra de Zorrilla en cartel en torno a los primeros días de noviembre, festividad de todos los Santos y de difuntos en el calendario cristiano.

Blanca Portillo ha llevado ahora 'Don Juan Tenorio', en versión del dramaturgo Juan Mayorga, al escenario del Centro Nacional de Teatro Clásico (CTNC), en una coproducción entre Avance Producciones, el Calderón de Valladolid y el propio CTNC. La directora no esconde la clara intención que le ha llevado a montar la obra que, día a día, llena hasta la bandera el Teatro Pavón (sede provisional del CTNC): "Tenorio - ha  dicho   Portillo de la obra- es hoy el vivo retrato del desprecio por los demás... Vivimos en un mundo en el que ese desprecio se hace cada día más patente. Sobrevaloramos a quienes destruyen, a quienes roban, matan, o violan las leyes... En nuestro país seguimos pensando, aunque en ocasiones lo ocultemos, que esas personas son admirables, son... "los listos", y los demás unos tontos que vivimos sujetos y amordazados en el redil". Para terminar sentenciando que "creo que ya va siendo hora de que alguien llame a Tenorio por su nombre". Y Blanca Portillo  ha encontrado ese término preciso: Don Juan es un  ser  despreciable.

No le falta razón a Blanca Portillo al pensar que todavía hay entre nosotros muchos hombres y, lo que es mucho peor, muchas   mujeres que, aunque consideran al Tenorio como un sinvergüenza, un  burlador, un truhán, amoral, pendenciero, frívolo, pedante o   jactancioso (entre otras muchas cosas y ninguna buena), también    lo contemplan como un tipo  simpático, que ha sido escogido por muchos  hombres comomodelo de seductor. Pero con ese cliché ha acabado ya definitivamente la actriz y directora, a quien no causa ninguna simpatía que alguien diga de símismo que«Por donde quiera que fui/ la razón atropellé,/ la virtud escarnecí,/ a la justicia burlé,/ y a las mujeres vendí./ Yo a las cabañas bajé,/ yo a los palacios subí,/ yo los claustros escalé,/ y en todas partes dejé/ memoria amarga de mí».

Contemporáneo

El Don Juan de Blanca Portillo está siendo muy controvertido, tanto entre el público como entre la crítica. No se trata de un personaje    de capa, sombrero con plumas y espada sino de un hombre de nuestro tiempo, vestido con pantalones vaqueros y camiseta. Sin embargo, aquel Don Juan del Siglo de Oro y este otro del siglo XXI son el mismo personaje porque "el hábito no hace al monje" y, además, porque  "obras son amores, y no buenas razones", como  dice el refranero  castellano.

José Luis García Pérez es un brillante Don Juan Tenorio, de  personalidad oscura y voz ronca y profunda; Ariana Martínez interpreta a una Doña Inés tan delicada, dulce e ingenua entre las piedras del convento como  sensual, enardecida y apasionada en la quinta del Tenorio; Beatriz  Argüello, estupenda también en Brígida, en un papel que borda diciendo el verso con la intención y la picardía necesarias para doblegar la voluntad de la novicia y seducir al mismo Don Juan y a su criado; Miguel Hermoso encarna a un Don Luis Mejías lleno de fuerza y convicción; Eduardo Velasco, perfecto Ciutti; Alfonso Begara se mete hasta el fondo en su papel de  Centellas; lo mismo que hace Alfredo Noval como Avellaneda;  Luciano Federico, el inquietante y sinuoso Buttarelli; Doña Ana, la  prometida de Luis Mejía, es Marta Guerras; la abadesa, Rosa Manteiga; Raquel Varela es la tornera, y don Diego, Francisco Olmo, que luego dobla personaje como escultor, al final de la obra.

Los personajes de este Tenorio de  Portillo se mueven en una escenografía absolutamente moderna y vanguardista, formada por   tablones, mesas y espacios que cambian a la vista del espectador los propios actores, en movimientos cadenciosos, que se  acompañan  al ritmo de la música compuesta compuestas por Pablo Salinas, de claros sonidos de blues y jazz,  e interpretada por Eva Martín (una voz y un registro estupendos). La iluminación, intensa cuando hace falta, y sobria o matizada en otros casos, es de Pedro Yagüe; y un espacio sonoro  limpio  que no permite ni una sola interferencia de  los pocos móviles que, aunque se ruegue e implore a los espectadores que desconecten durante la representación, algunos asistentes hacen caso omiso de la misma y deleitan a sus compañeros de butaca con sus inoportunas  llamadas, despertándoles  sus hasta entonces atenuados instintos  asesinos. ¡Por Dios, a este paso va a haber que meter los teléfonos en taquillas antes de entrar a la sala!

Un montaje, en definitiva, arriesgado el preparado por Blanca Portillo durante estos dos últimos años, pero que, a mi juicio, ha merecido la pena. No era necesario que Doña Inés, después del último acto en el que Don Juan, como todo ser viviente, acaba muriendo, diese rienda suelta a su animadversión contra el sevillano escupiendo con rabia  incontenible contra su cadáver. Quizás esa sea la imagen que todos  los espectadores no dejaremos escapar de la memoria, cuando dentro de unos cuantos años rememoremos esta versión que tiene    también otros momentos muy interesantes, como ese desdoblamiento final de don Juan que, entre estertores, después de una  buena ingesta de alcohol, baja al patio de butacas para volver a  recitar los versos que ya hemos citado, y que resumen su  personalidad y carácter despreciables (Por donde quiera que fui/ la razón atropellé,...), para volver de nuevo a escena y, en segundos, volver a la situación anterior para terminar de inclinar la cabeza  definitivamente; o esa otra en la que Doña Inés en un extremo del escenario y don Juan en el otro, van leyendo la una, y componiendo el otro, la carta que sembrará la semilla del amor en la novicia...     

Un verdadero tesoro de texto, de puesta en escena y de interpretación, en donde todos y cada uno de los quince actores que pisan la escena dan lo mejor de sí mismos para  ajustar sus papeles a la orientación que les ha marcado su personal directora en esta función. Más que recomendable, eso sí, y que no le va a dejar indiferente  si a estas horas del partido (las representaciones terminan el 15 de febrero) son capaces de encontrar aún alguna entrada. Si es así, enhorabuena:  está de suerte y  podrá emprender cualquier  empresa durante este 2015 porque la llevará a buen puerto.

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