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Ni juntos, ni revueltos

Ni juntos, ni revueltos

lunes 09 de febrero de 2015, 09:34h

Aunque no se haya dado formalmente el pistoletazo de salida, la campaña electoral ha empezado con inusitadas fuerzas y despropósitos. La batalla por Andalucía ha encrespado los ánimos dormidos de los dos grandes partidos y ya se augura un compromiso dialéctico que sirva para sacar del letargo a un electorado indeciso, dividido y amargado. Nada nuevo bajo el sol, si no fuera por la alarma que genera la presencia de Podemos, en el panorama político andaluz, y la más que probable desaparición de Izquierda Unida de cualquier pacto de gobierno.

La cúpula dirigente del PP ha desembarcado en Andalucía para presentar batalla. No han ido para hacer turismo, como afirma Susana Díaz, sino que han movido a todas sus huestes para salvar, al menos, el compromiso moral y ético con sus electores. Y es que a pesar del deterioro que está padeciendo el Partido Popular, y el desgaste del gobierno en los últimos coletazos de la crisis, la intención de voto es claramente propicia a los conservadores, ante la crecida de los comunistas de Podemos y el desmenbramiento del PSOE, que no termina de afianzar a su líder.

Esto es precisamente lo que trata de hacer Susana Díaz en su feudo, convertirse en la líder indiscutible de los patriarcas del PSOE, y presentar batalla interna a Pedro Sánchez, en la convicción de que superará a Podemos y mantendrá alejado del poder al Partido Popular de Moreno Bonilla. Algo que, sin duda, le servirá para postularse, cuando convenga, como candidata a la presidencia del gobierno de España.

El Partido Socialista Obrero Español ha dejado solo al Partido Popular. La yunta política que han mantenido desde el inicio del periodo democrático, con sus avenencias y desavenencias, ha sido rota unilateralmente, por un PSOE descabezado y descorazonado, que no encuentra posicionamiento razonable como partido de oposición, y que se ha visto incapaz de solventar los innumerables casos de corrupción, dividiendo así las voluntades de los llamados a liderar, este más que necesario, partido político que es la esperanza de las clases medias.

La grandeza del PP, a pesar de la que le esta lloviendo encima, con sus mediáticos casos de corrupción y un electorado a la desbandada, se basa en la estrategia con que afronta los males que les acucian. El Partido Popular se caracteriza por la unidad frente al derrotismo, por cubrir los flancos para salvar al líder, cuando la batalla está perdida, y por tener una visión patriótica que va mucho más allá del concepto nacionalista.

Es cierto que el PP ha roto todos los esquemas de sus electores, que ha sacrificado la ideología de su ideario político en aras de la modernidad, incluso, se ha inmolado socialmente con los recortes en sanidad y educación, algo que le pasará factura en las Comunidades Autónomas más vulneradas en derechos y servicios, pero que no será suficiente deterioro para sufrir el desgaste electoral que se le pronostica. Y esto es así, porque el panorama que presentan el resto de fuerzas políticas no es mucho mejor, que lo peor que ofrece el PP.

El desconcierto en la campaña electoral de Andalucía, puede ser el modo y la forma en que se vaya a realizar la batalla por las elecciones generales. Será sin duda, la prueba del nueve, para articular pactos y propuestas encaminadas a frenar el avance imparable de Podemos y garantizar la recuperación económica, que ya parece patente. Un desconcierto que no debe afectar en lo sustancial, aunque de al traste con postulados de izquierda o derecha, y sirva para mantener posturas que han dado buenos resultados hasta ahora.

El fin del bipartidismo parece estar más cerca que nunca, pero tampoco debemos hacernos demasiadas ilusiones con las propuestas que ofrecen los sectores más radicales, ya que como estamos viendo en Grecia, el choque frontal con los intereses de la Unión Europea y el BCE, no sirven para mejorar la calidad de vida de los ciudadanos, muy al contrario, parece que el abismo se abre a los pies de quienes han sucumbido al clamor popular, y solo hace falta tiempo para que las malas expectativas económicas se los trague.

España no pasa, necesariamente, por los problemas e inquietudes que afectan a otros países europeos, pero en nuestra mano está, la de todos, hacer una serie de planteamientos fuertes, que no sean una mera declaración de intenciones, y que los experimentos políticos se vayan diluyendo a medida que crece la esperanza en una recuperación económica y se trabaje, para que nunca más vuelva a suceder. Los españoles necesitan, necesitamos, unos líderes fuertes que ofrezcan soluciones, aunque parezcan increíbles, lejos de postulados derrotistas y luchas internas de poder. Esa parece ser la única manera de superar el desconcierto y luchar contra todos los males que nos afectan.

Ismael Álvarez de Toledo

periodista y escritor

http://www.ismaelalvarezdetoledo.com

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