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'Un cuento de invierno', de Shakespeare, un montaje  delicioso de la compañía SioSi Teatro

'Un cuento de invierno', de Shakespeare, un montaje delicioso de la compañía SioSi Teatro

miércoles 11 de febrero de 2015, 17:59h

'Un cuento de invierno', otro de los clásicos de William Shakespeare   (posiblemente su penúltima obra) ha subido el telón en la madrileña sala Nave 73 el último día de enero pasado y permanecerá en cartel hasta el 22 de febrero próximo. Es una producción de la compañía SioSi Teatro, que ya  pudo  exhibirla en el último Festival de Almagro y  en  El Corral de Comedias de Alcalá de Henares. El montaje está dirigido por Carlos Martínez-Abarca (por cierto, el ayudante de dirección de Blanca Portillo en el 'Don Juan Tenorio' que  se representa en el CTNTC, http://www.diariocritico.com/ocio/teatro/blanca-portillo/don-juan-tenorio/critica-de-teatro/472021), y  bien se nota porque su  intervención ha conseguido que este sea un espectáculo perfectamente  homogéneo en el que todos los elementos de la dramaturgia del mismo se conjugan para dar aún más fuerza a la obra del genio inglés.

La acción de 'Un cuento de invierno' discurre entre Sicilia y Bohemia, y el eje central de su historia tiene como trasfondo el tema del uso irracional del poder.  El montaje, de unos 120 minutos de duración y sin ningún intermedio, para no romper el ritmo de  la acción, está dividido en dos partes muy  claras. En la primera, Leontes, rey de Sicilia, recibe la visita del rey de Bohemia, Políxenes.  Leontes sospecha de su mujer, Hermione, al creer que esta se excede en las atenciones con su invitado. Los celos se adueñan del corazón de Leontes y nublan su razón hasta el punto de que, de manera compulsiva y caprichosa,   ordena a su consejero, Camilo, que envenene a Políxenes, pero Camilo revela la verdad a Políxenes y huye con él a Bohemia. El burlado rey de Sicilia decide    entonces encarcelar a su mujer embarazada y abandona a la niña recién nacida sin reconocerla como hija.

La segunda parte baja el nivel de la tragedia para discurrir por caminos y aires  más bucólicos y pastoriles. Todo gira en torno a Perdita, la niña que abandonó el rey Leontes, que fue encontrada y criada por unos campesinos. La acción avanza 16 años y se traslada a la adolescencia de esta jovencita, a la que vemos enamorada del hijo de Políxenes y, por tanto, heredero del trono de Bohemia quien, por miedo a la incomprensión de su padre, no ha revelado su verdadera identidad a Perdita. La trama se enreda primero en la discordia del rey de Bohemia con su propio hijo y la familia que acoge a Perdita, para  terminar después en una  reconciliación, en la que intervienen también elementos sobrenaturales. Y todo ello, en medio de las pillerías y las canciones de Autólico, un joven pícaro que no tiene nada que envidiar a nuestro Lazarillo de Tormes a la hora de saber hacer uso de su fortuna y frente a sus adversidades. Sus peripecias, en cualquier caso, contagian su alegría y ganas de vivir a todo el público asistente, que no se resiste a cantar a coro con el pícaro, cada vez que este se lo solicita.

Ocho actores, veinte personajes

Sobre  la escena, ocho  espléndidos actores, que se ponen en la piel de casi veinte  personajes. Ellos son Carlos Lorenzo (Leontes, con un  registro  dramático imponente, arrastrado por la irracionalidad y la locura de sus celos); Zaira Montes (la reina, estupenda, contenida, resignada a su fatal destino  frente a un marido déspota y cruel que no ve en ella la perfección, la hospitalidad y la atención al huésped, sino la complacencia y la excitación del deseo); Rocío Marín (el hijo del pastor -al que da vida también Carlos Lorenzo-, deliciosa interpretación de un muchacho tan atolondrado como inocente, tan generoso como cazurro, y objeto de las implacables pillerías de Autólico); Carlos Jiménez-Alfaro (Autólico, un personaje entre vagabundo y pícaro, capaz de atesorar las habilidades sociales de quien, por naturaleza y por necesidad,  ha tenido que convertirse tanto en sutil, hábil, sagaz, listo e inteligente, como   lúcido, agudo, ingenioso, diestro, intuitivo, socarrón y malicioso);  y  Óscar Ortiz, David Lázaro, Paula Ruiz y Luis Heras completan el fabuloso grupo.

'Un cuento de invierno' es, en fin, una verdadera fiesta  teatral de principio a fin, en donde hay cabida para todos los registros posibles de este arte, que van desde la tragedia inevitable ("¿qué queda vivo de todo aquello que dañé sin causa, y qué cabe esperar reconstruir?") hasta la comedia más sutil y divertida o, como dice Carlos Martínez-Abarca, una obra en la que "coexisten fantasía y realismo, tragedia y comedia, corte y campo, nobleza y picaresca, antigüedad griega y modernidad isabelina". Una obra que ningún aficionado al teatro  debiera perderse.

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