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'Un hombre con gafas de pasta', entre la ironía fina, la fragilidad psicológica y el terror intelectual y real

'Un hombre con gafas de pasta', entre la ironía fina, la fragilidad psicológica y el terror intelectual y real

miércoles 11 de marzo de 2015, 19:22h

Hace solo unos días decía el premiado, veterano y querido actor José Sacristán que la comedia es tragedia más tiempo. En 'Un hombre con gafas de pasta' se cumple exactamente la ley contraria: a saber, que  la tragedia es comedia más tiempo. Se compartan o no ambas afirmaciones, lo cierto es que esta tragicomedia pasó por La Pensión de las Pulgas, pero ahora se representa en el Off del Teatro Lara y, por el momento, puede verse todos los lunes de marzo a las 20 h.  Con texto y dirección de Jordi Casanovas, allí cada día, salen al escenario  a representarla cuatro estupendos actores: JoséLuis Alcobendas es Marcos;Markos Marín es Óscar;Inge Martín es Aina;yOlga Rodríguez  que  es Laia.

La obra se inicia con sonrisas iniciales, que se transforman muchas veces en abiertas carcajadas, motivadas por la petulancia y la pedantería de Marcos. Así se desarrolla la primera parte de la obra,  hasta llegar a un punto en que la situación se va tornando en sorpresa, primero, inquietud después, para terminar en una tragedia de terror neogótico que provoca cierto encogimiento corporal e, incluso, cierta náusea en función de la sensibilidad de cada  espectador. Alguna referencia se hace en esa primera mitad a 'Crepúsculo', esa serie de  libros y películas que parece que han  atrapado a muchos jóvenes lectores y espectadores. Lo que no  puede ni imaginar el espectador es que la referencia iba en serio. Más aún, que se quedaba corta porque el pedante Marcos parece más hijo del personaje de Stoker, el conde Drácula. 

El argumento de 'Un hombre con gafas de pasta' está perfectamente  construido y avanza inexorable y coherentemente hasta desembocar en la venganza final de quien tiene más agallas y más sentido común, sobre todo si ha sido espoleada por la estupidez del engreído Marcos. Aina acaba de ser abandonada por su pareja (Miguel, químico farmacéutico). Dos amigos, Laia y Oscar, que pronto van a ser padres, se empeñan en sacarla cuanto antes del contratiempo por una doble vía: que conozca a un tercer amigo -al parecer hombre  culto, viajado, interesantísimo,...- que, además de creerlo  personalmente extraordinario, es también poeta y escritor, y esa circunstancia puede ayudar a Aina, que también tiene veleidades de  escritora, porque ya tiene guardados en el cajón algunos cuentos. La oportunidad es aparentemente perfecta e invitan a  Marcos a una velada en casa de Aina para que ambos se conozcan. Están seguros de que encajarán a la primera, pero la timidez y humildad de la anfitriona chocan frontalmente con la estupidez, el engreimiento, la imbecilidad y la falsa erudición del poeta invitado. Marcos, el hombre  que lleva sus gafas de pasta para intentar esconder todo lo que es, busca mucho más y tratará de aprovechar la fragilidad psicológica de  los otros tres miembros de la velada para chuparles la sangre (en sentido metafórico y literal).

La escenografía es próxima y hasta acogedora: sala comedor de una casa, con una mesa redonda con 4 sillas, sillón negro de piel, aparador con copas y botiquín, butaca y mesita con teléfono y ordenador, además de unos cuantos libros, entre ellos 'La montaña mágica' de Thomas Mann y 'El corazón de las tinieblas' de Joseph Conrad. El escenario queda despejado en el centro, y está rodeado por los cuatro lados por el público que asiste a la función.

Personajes bombón

Los cuatro personajes que dominan la escena son verdaderamente fascinantes  y los actores que les dan vida sobre el escenario están soberbios en sus  papeles  respectivos. José Luis Alcobendas dibuja a un extraordinario Marcos, leído y  viajado, erudito hasta el extremo de llegar a ser percibido como un auténtico idiota (más de un nombre  del parnaso literario actual he visto perfectamente retratado en él).  Inge Martín es una primorosa Aina, frágil, humilde, tímida, una mujer  próxima a la nada que, poco a poco, se nos va descubriendo como llena de fuerza y convicción, hasta elevarse a las más altas cotas de la interpretación. Olga Rodríguez es una Laia embarazada, feliz, dicharachera y optimista que, poco a poco, y después de descubrir   una identidad oculta de su pareja, se diluye ante la contrariedad que le supone el descubrimiento reciente e inesperado. Y en el cuarto   personaje, Markos Marín construye a un Óscar abducido por Marcos  del que llega, incluso, a enamorarse.

El texto de Casanovas -ya lo hemos indicado más arriba- es de un encaje perfecto. A la ironía fina de la primera parte del montaje, que reúne toda la mala baba que algún personajillo del mundo literario  ha debido infundir al autor, y que hace las delicias del ilustrado público teatral, que llena habitualmente la sala, le sucede otro en el que la tensión entre los personajes va en aumento hasta un  memorable final en donde Aina (o Inge Martín, que tanto monta...)  acaba convirtiéndose en verdadera heroína del duelo planteado por el hombre con gafas de pasta. Una tragicomedia, en definitiva, con un planteamiento genial, con unos intérpretes que están a la altura del texto, que hacen pasar al respetable unos 80 minutos de excelente teatro en donde no hay resquicio para el aburrimiento, ni posibilidad  de echar un ojo al Whatssapp porque lo que sucede en escena es mucho más entretenido e interesante que las nimiedades de afuera.

Un montaje, más que recomendable, aunque no se aconseja la asistencia a quienes se consideren... -¿Cómo decirlo?-,... espíritus delicados, ni a poetas pedantes que piensen que "el futuro nos tortura y el pasado nos encadena". Ambos especímenes pueden caer en la tentación de abandonar la sala antes de que caiga el telón, y las  miradas asesinas del resto de espectadores los fulminarían entonces a ellos. Si está usted en uno de los dos grupos, mejor ni se acerque por el Off del Lara. Cámbiese, incluso, de acera. Serían ganas de pasar un mal rato y de hacérselo pasar a los demás. El que avisa no es traidor.

 

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