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Aguirre y los sin techo

Aguirre y los sin techo

jueves 07 de mayo de 2015, 10:57h

Tenemos la piel tan sensible a las injusticias que cualquier cosa nos produce alarma social y rechazo. La crisis económica nos ha devuelto esa parte humana que se pierde en tiempos de bonanza, y nos ha llevado a ser más generosos, más comprensivos y, sobre todo, más solidarios. España es, por tradición, un país fraternal y desprendido cuando hace falta. Acudimos los primeros a las catástrofes naturales, a las donaciones de sangre, a la recogida de alimentos y tapones de botella, por cualquier causa solidaria y humanitaria.

Pero esa parte de buenismo que nos caracteriza, tiene su lado contraproducente, y es que las mafias que trafican con los seres humanos, con el hambre y la miseria, aprovechan la coyuntura para desplegar en nuestra sociedad; la española, el reclamo necesario que les permite obtener unos beneficios que nunca llegan a las pobres y míseras almas de quien los piden. Las mafias que tratan con el hambre lo tienen todo calculado. Una logística sin precedentes, que ya quisiera tener cualquier ejercito; desde ubicaciones clandestinas de difícil acceso, hasta un despliegue de medios en los lugares más emblemáticos y susceptibles de conseguir el fin del que se valen para su actividad criminal.

Probablemente, a eso se quería referir Esperanza Aguirre, cuando hizo las declaraciones que hizo, y que por aquello de la tele, y el escaso tiempo de que se dispone, no se pueden matizar convenientemente y sólo se transmiten titulares que, a veces, traicionan el subconsciente de quien los da, y otras, produce el efecto contrario de lo que se quiere decir. Líbreme el Señor de postular a favor de la "dama de hierro española", pero aunque sea carne de cañón de las oposiciones políticas -todas- y del sentido común a veces, dice verdades como puños y llama a las cosas por su nombre, probablemente porque se pasa la vida por debajo del arco del triunfo, o porque no tiene el "humor" para ruidos.

Ser solidario está bien, ser generoso con quien menos tiene, esta mejor, pero ser tonto de capirote puede tener consecuencias imprevisibles. Y para las mafias que trafican con los seres humanos del hambre, las que transportan a diario desde la Cañada Real Galiana, hasta el centro de Madrid, a cientos y cientos de tullidos, y hambrunos seres -en apariencia- que piden dinero y desprecian el bocadillo, somos el blanco fácil y sensiblero con el que ellos llenan sus bolsillos.

Estoy seguro de que Esperanza Aguirre se refería a estos últimos, a los peones involuntarios de una red de pedigüeños rumanos a nivel mundial, y que deterioran no sólo la imagen de nuestras calles, sino también la imagen, que de nosotros, se llevan los turistas, ya que muchos piensan que los mendigos son el resultado de un país en horas bajas como el nuestro, y les otorgan nuestra misma nacionalidad. No es bueno confundir mendigos rumanos, carteristas, y delincuentes de toda índole, con las personas sin techo, que se ven obligadas por las circunstancias de una crisis galopante y absurda a malvivir en la calle.

Cualquier persona que deambule a diario por el centro de las grandes ciudades, y también de algunas pequeñas, entenderá lo que digo. España, desafortunadamente, se ha convertido en el coladero del hambre mundial, y afortunadamente tiene unos servicios sociales que se pueden permitir amparar a todo el que llega, tanto es así, que a veces se crea malestar entre los nativos y los foráneos, al recibir los primeros mejores atenciones sociales que los últimos.

Es muy fácil criticar posturas, de pan para todos, hacer demagogia con el hambre y la penuria mundial, pero hay que reconocer, muy seriamente, que los miles de millones que España gasta anualmente en socorrer a rumanos y marroquíes, principalmente, se restan del presupuesto que nos corresponde a todos, y que sirve para atajar, o debería, el drama de los sin techo que ha provocado esta crisis. Ya se que poner nombre y apellidos a la miseria no está bien visto, que catalogar a las distintas comunidades y etnias que cohabitan con nosotros es darle alas a los voceros y tontolabas del panorama nacional, pero la verdad es la que es, y por mucho que nos empeñemos en poner lindos adjetivos y adornos literarios, no va a dejar de ser así.

Los sin techo tienen la libertad absoluta de vivir en la calle, o no, tienen el derecho de exigir al gobierno lo que todo ciudadano español debería tener, es más, en una sociedad como la nuestra, con miles de pisos vacíos en poder de los bancos y de los fondos buitre, no debería haber sin techo, pero como la realidad es la que es y un servidor no la puede cambiar, estoy de acuerdo con la señora Aguirre, en que las calles llenas de mendigos y saltimbanqui de todo tipo, no beneficia nuestra imagen como país y aleja nuestra principal fuente de ingresos; el turismo.

Ismael Álvarez de Toledo

periodista y escritor

http://www.ismaelalvarezdetoledo.com

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