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Silenciados Juan Bautista y Alberto Aguilar

San Isidro: por fin una oreja de Madrid, que cortó un magnífico Joselito Adame

San Isidro: por fin una oreja de Madrid, que cortó un magnífico Joselito Adame

domingo 17 de mayo de 2015, 22:56h
Por fin se cortó una oreja en Madrid. Tras diez días de feria, Joselito Adame paseó una oreja por el ruedo de Las Ventas. Y no, no me he vuelto loco. Ya se que desde que empezó San Isidro otros ya habían sido premiados en el coso madrileño. Pero todos, o casi todos ellos, no lo merecieron. La nula exigencia, o si prefieren, la extrema benevolencia ya se ha convertido en la tónica habitual de la que antaño fue la plaza más dura y entendida.
Pero eso de que en Madrid "es casi imposible cortar una oreja" ya pasó a la historia para desgracia de los pocos aficionados serios y cabales que resisten en los tendidos de Las Ventas. Ahora, lo que antes era una vuelta al ruedo, se premia con una oreja; e igualmente, lo que antes era una oreja de peso, ahora son dos. Pero señores, esta es la nueva política o estrategia establecida por el sistema: intentar maquillar la infinita decadencia que vive este espectáculo a base de altas dosis de triunfalismo. Pues allá ellos.


Pero hoy Joselito Adame sí se marchó con una oreja de peso. Fue casi en el tiempo de descuento, en el sexto, cuando casi nadie albergaba ya esperanzas de ver algo mínimamente interesante. Hasta entonces el festejo había resultado un completo tostón. Ni las reses de El Montecillo, ni la terna internacional formada por Juan Bautista, Alberto Aguilar y Joselito Adame habían conseguido emocionar. Aunque bueno, como hoy en día ya no se busca la emoción en la plaza... Pues el público de turno aplaudió por compromiso y la corrida se fue desarrollando como un mero trámite. La emoción no aparecía por ninguna parte, en cambio, el aburrimiento abundaba. La fiesta de nuestros días, ni más ni menos. 

Pero entonces salió el sexto, un toro con cuajo y buenas hechuras, pero excesivamente cerrado de cara para Madrid. Bizco del pitón derecho, las dos puntas sí eran astifinas. Aunque en el caballo cantó de inmediato su mansedumbre saliendo muy suelto, el de Paco Medina comenzó a dar muestras de que, al menos, tenía transmisión. Y así fue. Tras brindar Joselito Adame al público, inició su trasteo por estatuarios que remató por abajo. A partir de ahí se sucedieron varias tandas con la diestra que tuvieron la virtud de la largura. 

Con toques siempre fuertes, Adame se hizo con su oponente aunque instrumentó casi siempre ese toreo moderno que se realiza al hilo del pitón. Lo mejor fue una serie con la izquierda en la que logró naturales hondos y de bello trazo que llegaron a la gente. Claro, que el mexicano tiene que agradecer mucho al toro de El Montecillo que tuvo delante. Y es que, aunque el astado mantuvo siempre su condición de manso al abrirse mucho por su querencia a tablas, sacó movilidad y transmisión en ese último tercio y ayudó a levantar una tarde, hasta entonces, verdaderamente insufrible. 

Había dejado buenas sensaciones Joselito Adame, pero acertadamente, como uno que viene comprometido a Madrid, quiso dar un paso más y se atrevió a matar en la suerte de recibir. Y bien que le salió. Hizo la suerte con gran acierto y facilidad y dejó una gran estocada que fue la guinda a una actuación de oreja. Esta sí, una oreja de Madrid.
Del resto poco que contar. Una vez más, faltó lo fundamental: casta. El encierro de El Montecillo, correctamente presentado, anduvo muy justito de todo. Algunos como el tercero, que se partió una mano al inicio del último tercio, no tuvieron fuerza, mientras que otros se movieron de forma deslucida y sin transmisión por su escaso fondo de bravos. El repetidor segundo, y el ya nombrado sexto, un manso con codicia y movilidad en la muleta, fueron los únicos que se pudieron salvar de la quema. 

Pero la falta de emoción e interés no vino sólo motivada por las reses lidiadas; tanto Juan Bautista como Alberto Aguilar también pusieron de su parte. El primero, una vez más, cumplió el expediente con suficiencia pero aliviándose y sin ambición, mientras que el madrileño Aguilar mostró una de sus peores versiones. Fuera de sitio, se dedicó a dar pases destemplados y nunca se sintió cómodo. Por si fuera poco, a su primero lo mató de un horrendo bajonazo en el número. 

Ficha del festejo

Plaza de toros de Las Ventas. 10ª corrida de la Feria de San Isidro. Con casi tres cuartos de entrada, se lidiaron 6 toros de El Montecillo, correctos de presentación, y de manso y descastado juego en general. Mejores el 2 y especialmente el 6, un manso con movilidad y codicia en el último tercio.
Juan Bautista: silencio en ambos. Alberto Aguilar: silencio tras aviso y silencio. Joselito Adame: silencio y oreja

-Crónica de la 9ª: triunfalismo a tope con todos los rejoneadores a hombros
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