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Tan lejos y tan cerca: 'Our Town', de Thornton Wilder, en versión de Gabriel Olivares

Tan lejos y tan cerca: 'Our Town', de Thornton Wilder, en versión de Gabriel Olivares

jueves 21 de mayo de 2015, 18:11h

Nací a unos cuarenta kilómetros de Albacete, la patria chica de Gabriel Olivares, el director y adaptador de 'Our Town', una de las obras estadounidenses más representadas que fue premiada en 1939 con el Pulitzer de Drama, y que  firma el norteamericano Thornton Wilder. El autor es tan desconocido como -en consecuencia- poco  representado en nuestro país. Una obra que no tiene absolutamente nada que ver con las comedias que han catapultado al director  manchego al éxito comercial que significan títulos como 'Burundanga', 'Una boda feliz' o 'Más apellidos vascos'.

Y comienzo diciendo que soy de pueblo y que, aunque el mío  administrativamente pertenece a la provincia de Cuenca, su capital  comercial, académica y hasta espiritual es Albacete. Quizás por eso   entienda a Wilder y a Olivares mucho mejor que algunos espectadores que abarrotaban la sala pequeña del Fernán Gómez el día que asistí a una de las últimas representaciones de 'Our Town'.  En escena se cuenta la historia de la vida cotidiana de unpequeño pueblo del Medio Oeste norteamericano en  donde discurre la vida de una comunidad en la que todos saben de todos y en la que hay muy pocos secretos que no sean de dominio público. Exactamente  igual a  lo que sucede en mi pueblo, en cualquier pueblo del mundo. Incluso, afinando más,  sucede algo parecido  en cualquier comunidad de vecinos de un barrio de Albacete, Madrid o Nueva York.   En todo caso, este se llama Grover's Corner y tiene 2642 habitantes (los dos últimos, unos gemelos nacidos de una familia polaca).

En medio del pueblo

El espectador de Our Town' se ha encontrado de bruces con un escenario vacío y a media luz, situado entre  butacas por los cuatro lados y en el que, por tanto, no hay telón ni hay decorados. La escenografía, de Felype de Lima, no puede ser más simple: unas cuantas cajas metálicas de distintos tamaños que luego se adaptarán  fácilmente para convertirse en casas, mesas, taburetes, establecimientos del pueblo, un órgano de la iglesia, unos ataúdes, las mesas de la heladería del pueblo... Todo está a la vista, cercano, aparece y desaparece delante del público que, en realidad, forma parte de la pequeña comunidad que es ese pueblo perdido en la  América profunda. Los actores, de hecho, están sentados también entre el público cuando otros compañeros están actuando y, a lo largo de  todo el montaje, no dejan de gestualizar para materializar las faenas cotidianas, que van desde guisar, comer, o coger judías de la huerta, hasta tirar del cuadrúpedo y el carro que tiene el repartidor de leche  o llevar los helados y degustarlos con fruición en la heladería del pueblo.

El primer acto de la obra, titulado 'La vida cotidiana', se desarrolla el 7 de mayo de 1901 y en él se describe el escenario y el día a día de  los vecinos de Grover's Corner. Uno a uno, desfilan ante los ojos  del espectador calles, casas y personajes del pueblo: el doctor Gibss, con su mujer y dos hijos; el Sr. Webb, director del periódico, con su esposa y sus dos hijos; el organista de la iglesia, un borrachín sin remedio del que se ríen los componentes del coro de la iglesia...

En el segundo acto, que el autor titula 'Amor y matrimonio', nos  transporta  al mismo pueblo tres años después (el 7 de julio de 1904). En él, Jorge Gibss y Emilia Webb, dos jóvenes enamorados que conocimos en el primer acto (Jorge, 19 años, muy aficionado al béisbol y Emilia, 17, muy estudiosa y aplicada), se encuentran -sin saber muy bien cómo...- delante del ministro de la iglesia y van a contraer matrimonio: "La gente está hecha para vivir de dos en dos" (Sra. Gibss).

El tercer y último acto tiene lugar en el verano de 1913. Han pasado  9 años y ya han muerto varios vecinos del pueblo, entre ellos, la señora Gibss, el organista (se suicidó), el hermano de Emilia y la propia Emilia, que murió en el parto de su segundo hijo. Todo se desarrolla en el cementerio del pueblo y los muertos hablan entre sí. Emilia vuelve a la vida, al año 1899, cuando festejó su duodécimo cumpleaños. Pero quiere regresar a la muerte porque en la vida todo va demasiado deprisa y no da tiempo a mirarse. "¿Hay algún ser humano que se dé cuenta de lo que es la vida mientras la vive?". "Los vivos no comprenden, ¿verdad?".

Los actores desarrollan una actividad frenética durante las casi dos horas de duración del montaje. Entre ellos (conté 12 sobre el escenario, aunque  el programa de mano anunciaba 14 en el elenco y el cartel de la entrada a la sala, 13), Chupi Llorente, como la señora  Gibss;  Eduard alejandre, el Sr. Gibss, médico; Javier Martín,   estupendo organista; Mónica Vic, como la  señora Webb; Elena de Frutos, la joven colegiala enamorada, Emilia, y Paco Mora, Jorge.

Las referencias localistas constantes a Grover's Corners y a sus  habitantes, que constituyen un pequeño galimatías inicial para el espectador, que identifica con cierta dificultad localizaciones e identidades, no importan nada porque pronto acaba comprendiendo  que, en realidad, forman parte  de la vida de cualquiera  de nosotros-  director, crítico, espectador o lector, da lo mismo- y no constituyen   problema alguno para entender lo que Wilder quiso transmitir en su drama y que Olivares ha sabido captar muy bien en este montaje de 'Our Town'. El drama de lo cotidiano lo vivimos todos. A veces, incluso, sin saber ver lo que tenemos delante y es solo entonces cuando tomamos conciencia de que la vida se nos ha escapado de las manos. Y, en fin, queda claro que por muy local que sea lo que se cuente, todos nos vemos reflejados en ello. No sucede nada  realmente nuevo sobre la faz de la tierra desde que el hombre la puebla.

Un interesante y arriesgado ejercicio de adaptación de Gabriel Olivares que, aunque nos parece que ha cometido alguna licencia     gratuita e innecesaria entre el medio Oeste norteamericano y la   efusión localista de pueblos de su provincia como La Roda o Tarazona de la Mancha (en las fiestas, por ejemplo, suenan juntas melodías de West Side Story con Paquito El Chocolatero), no desdibujan para nada el resultado final de esta adaptación de 'Our Town'.  

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