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¡Ya está bien de que inventen ellos!

¡Ya está bien de que inventen ellos!

domingo 24 de mayo de 2015, 19:05h
España corre el peligro de convertirse definitivamente un país de camareros, albañiles, burócratas y jubilados. Tan provocadora como temeraria reflexión podría llegar a ser cierta si este país continúa alejándose de Europa en sus indicadores de I+D e innovación y, más aún, que la parte pública haya sido la que más se ha deteriorado. La consecuencia más sangrante de todo ello está siendo el envejecimiento de los investigadores y de los aparatos y equipos de investigación, que no se renuevan y aunque el número de empresas que realizan I+D se ha mantenido constante a pesar de la crisis, no son más de 12.000 las empresas que se preocupan de este trascendental capítulo del desarrollo de un país, cuando para una economía como la española esta cifra debería ser, al menos, cuatro veces mayor.

Tan preocupante conclusión surge del Informe Cotec 2014 sobre tecnología e innovación en España, en donde se dice que el gasto en I+D ejecutado en 2012 equivale al 1,30 % del PIB, frente al 1,36 % de 2011, lo que supone volver a niveles inferiores a los de 2008.

El Informe, al que los medios de comunicación no les merece mayor relevancia,  es especialmente alarmante cuando señala que se sigue manteniendo la divergencia de los gastos de I+D españoles con los de los países tomados habitualmente como referencia. Así y medidos en  dólares PPC (Paridad de Poder de Compra) respecto a 2008, el gasto español en 2012, último año del que se dispone de datos estadísticos, ha caído un 4,2%, mientras que en el conjunto de cinco países como Alemania, Francia, Italia, Reino Unido y Polonia ha crecido un 16,4%. El gasto en I+D por habitante fue en 2012 el 64% del promedio de los cinco países citados, cuando en 2008 era el 78%.

España tiene un sinfín de déficits en materia de I+D+i y por muy preocupante que sea la situación, todo parece indicar que un cambio en el desarrollo tecnológico e investigador en España no es posible sin un acuerdo de Estado entre las fuerzas políticas, algo que se ha demostrado tan imposible como el llegar a pactos en materia educativa a todos los niveles desde 1978. Ahí y no en otro sitio es donde residen casi todos los males que aquejan a este importante capítulo de la salud del Estado.

Es de ahí, precisamente,  de donde se derivan muchos de los males de la economía española y la razón fundamental de que la crisis haya afectado tan severamente a nuestro país y pese a haber sido  reiteradamente denunciado, no por eso parece estar en la lista de prioridades de nuestros gobernantes. Y la prueba está en que el gasto español en I+D+i con respecto al PIB sigue bajando, hasta el punto de que, en términos relativos, la inversión en 2013 ha descendido a niveles de 2002.

Pese a que muchos defienden un tiempo pasado, cuando durante el periodo 2002-2008, España duplicó en términos absolutos su gasto interno en I+D y en términos relativos su inversión pasó de un 0,99% del PIB a un 1,35%, la política de I+D+i sigue siendo un pequeño gran desastre en una España autonómica de siempre difícil coordinación.

España, efectivamente, apostó por la ciencia en épocas de bonanza económica, pero nunca llegó a estar a la altura de su entorno y siempre sus mejores ratios estuvieron por debajo de la media europea, que se sitúan en torno al 2% (con Finlandia a la cabeza con un valor cercano al 4% y muy lejos de los niveles de los países de referencia en creación de conocimiento que lo hacían en torno al 3%. La Europa de los 27 invirtió de media en ese mismo periodo un 2,02% en I+D. Ese mismo año, Japón lo hacía en un 3,36% y EEUU en un 2,87%.

En estas condiciones, el futuro para España adquiere un tono lúgubre, ya que nos olvidamos con pasmosa facilidad de algo que los expertos señalan con contundencia al recordar que en un mundo globalizado, los países más desarrollados necesitan del conocimiento y de la ciencia para mantener su ventaja económica y social. 

Los más desarrollados, ya no pueden competir por precio al encontrarse con países que ofrecen mano de obra más barata,  como tampoco hay que olvidar que los países que compiten por precio de mano de obra también están apostando por la ciencia para garantizar su crecimiento. China, por ejemplo, invierte un porcentaje en I+D mayor que el de España y, cada año, aumenta ese porcentaje para garantizar su futuro competitivo.

Hoy como ayer continúa estando vigente una conclusión tan repetida como importante: España empezará a encontrarse con un cierto futuro cuando gaste más en investigación y desarrollo que en quinielas y loterías.

La frase es tan cierta como impactante, aunque no sea simpática para consumo domestico y resulte tan demoledora como precisa, como lo es la afirmación que pone de relieve que el problema de nuestro país no es tanto crecer como desarrollarse o lo que es lo mismo fomentar la calidad frente a cantidad.
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