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Repite éxito de dos orejas como el 2 de mayo

Puerta grande para López Simón: Madrid tiene un torero

Puerta grande para López Simón: Madrid tiene un torero

lunes 25 de mayo de 2015, 08:37h
Madrid tiene un torero. Este titular puede parecer de lo más aventurado y excesivamente optimista. Lo es. Pero de ilusión también vive el hombre. Y es que tras presenciar hoy la tarde de Alberto López Simón en Las Ventas, los aficionados madrileños nos merecemos soñar.
El torero de Barajas abrió la puerta grande de Madrid por segunda vez consecutiva. Bien es verdad, que en la Goyesca del 2 de mayo no pudo cruzar ese umbral y marcharse a hombros porque se encontraba herido en la enfermería. Pero hoy sí, esta tarde López Simón se marchó en volandas camino de la Calle de Alcalá. Aunque, aquí también hay que matizar. Pese a que la suya fue una gran tarde, ese premio fue excesivo. Y es que si en su primero cortó una oreja rotunda, el trofeo que arrancó al sexto no tuvo el peso suficiente como para que fuera justo el logro más importante de todos: abrir la puerta grande. Pero señores, López Simón no tiene culpa de esto. En todo caso los culpables serían un público demasiado generoso, un palco que debió aguantar la segunda oreja de su tarde, y sobre todo, una reglamentación que permite el que con una y una se pueda salir a hombros de la plaza más importante del mundo. Aunque claro, si esto no se cambió cuando Madrid era exigente, ahora...

Pero más allá de la excesiva puerta grande y de la demostración palpable de que la dureza de Madrid es ya Historia, la tarde nos deja esa esperanza, esa ilusión de un torero madrileño que pide a gritos un sitio en las ferias. Sin renunciar a su personalidad, a su concepto de verticalidad y valor, López Simón mostró una enorme progresión, una madurez que lo convierten en una de las más firmes promesas del escalafón. Porque el de Barajas no sólo dio una lección de valor, voluntad y firmeza, sino que cuando pudo toreó bien, muy bien. Esto sólo lo pudo hacer con el manso tercero, un toro de Las Ramblas que sacó un punto de casta en el ultimo tercio. Con ese animal, logró series de muletazos con ambas manos en las que toreó encajado con temple y gran pureza. Muletazos muy bellos acompañados de remates muy toreros que llegaron mucho a la gente. Primero apostó por las distancias y luego más por las cercanías y al final se tiró a matar como un jabato. La estocada cayó algo desprendida, pero no pudo entrar más recto y comprometido. Una oreja indiscutible. 

El sexto, en cambio, no dio opción alguna. Fue ese un astado tan feo por fuera como por dentro. Absolutamente descastado y deslucido, no tuvo ni medio muletazo y siempre llevó la cara por las nubes. Y a pesar de todo ello, Alberto López Simón conectó con los tendidos. Firmó un trasteo muy largo en el que a base de ponerse en el sitio, dejarse llegar muchísimo los pistones al pecho, logró pases estimables y, sobre todo, dejar la sensación de un torero en sazón, de un tío que a base de querer y querer puede conseguir cualquier cosa que se proponga. Al final, incluso tras un pinchazo, le dieron una oreja. Dos salidas a hombros consecutivas, demasiado ajustadas, sí, pero por encima de todo un severo golpe en la mesa de un joven torero madrileño que nos invita a tener esperanza.

El que también dejó buenas sensaciones fue David Galván. El gaditano, otro torero de reciente alternativa, fue el encargado de actuar como director de lidia pese a su juventud. Y si bien es verdad que Galván no pudo redondear su tarde, dejó constancia de que posee unas condiciones francamente buenas. Muy fresco de mente y asentado, demostró un concepto clásico cargado de pureza. En unos tiempos de pegapases ventajistas dio gusto ver a un torero que, como López Simón, lo hacía todo por derecho, con verdad. Citando muchas veces de frente, cargó la suerte e intentó enroscarse a sus oponentes. El primero, noble y con calidad pero escaso de fuerza y casta, no transmitió apenas y se paró pronto. Ante este comenzó la faena Galván en los medios, con una "pedresina", para continuar por estatuarios. Después, por la condición del toro de Daniel Martínez, faltó ligazón y por lo tanto emoción y rotundidad en su labor. El grandón cuarto fue todavía peor. Absolutamente descastado y deslucido se quedó siempre muy corto y no hizo otra cosa que defenderse. Con este volvió a estar por encima pero alargó en exceso una empresa imposible.

Por el contrario, y con un lote noble pero justo de fondo y fortaleza, Víctor Barrio no logró seguir la estela de sus compañeros. Aunque anduvo voluntarioso toda la tarde, y muy variado con el capote, el segoviano no se acopló con ninguno de sus enemigos y en sus faenas abundaron los enganchones y el toreo despegado.

Plaza de toros de Las Ventas. 17a de San Isidro. Con algo menos de 3/4 de entrada, se lidiaron 6 toros de Las Ramblas, feos y muy desiguales de presentación, y de manso, flojo y descastado juego. Nobles en general.
David Galván: saludos y silencio tras avisoVíctor Barrio: palmas en ambosLópez Simón: oreja y oreja 


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