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'La fiebre', de Wallace Shawn con un magnífico Israel Elejalde: La teoría del cambio gradual para dejar, probablemente, todo como estaba
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(Foto: Bárbara Sánchez Palomero (Cuarta Pared))

'La fiebre', de Wallace Shawn con un magnífico Israel Elejalde: La teoría del cambio gradual para dejar, probablemente, todo como estaba

miércoles 03 de junio de 2015, 19:50h
Ha protagonizado en los últimos años varias obras dirigidas por Miguel del Arco, ‘La función por hacer’, ‘Veraneantes’ y ‘Misántropo’. Solo pudimos verlo en esta última y nos dejó una honda impresión por la fuerza interior y lo descarnado de su interpretación (http://www.diariocritico.com/ocio/teatro/critica-de-teatro/misantropo/455281).
Pero aquello era un trabajo coral. ¿Cómo acogería Israel Elejalde el reto de un monólogo? Eso es lo que quisimos ver en La Cuarta Pared en ‘La fiebre’, del actor y dramaturgo norteamericano Wallace Shawn, muchas veces compañero de viaje en los filmes de Woody Allen. El experimento no pudo ser más afortunado porque Elejalde es un actor de raza. Antes de pasar a la sala, más que como camarero ocasional, con la voluntad esencial de aproximación al público, invita a los espectadores a degustar un vasito de vino entre la sorpresa, la sonrisa y las palabras de circunstancia.

Un rito normal, al fin y al cabo, de este mundo de abundancia en el que nos ha tocado en suerte nacer, vivir y del que, más tarde o más temprano, nos tocará también desaparecer y fundirnos con el polvo que somos en realidad. Aunque, bien visto, no todos somos polvos iguales o, dicho de otra forma, unos somos hasta polvos más iguales que otros.

En la pared del fondo del escenario, se van proyectando elucubraciones del protagonista, el único personaje de la obra, mientras se encuentra tirado en el baño de un hotel de un país pobre y en plena efervescencia de revueltas sociales. En esas elucubraciones tienen cabida todas las reflexiones personales que le provocan los líos de la calle (“La vida es un regalo”), los recuerdos infantiles, sus lecturas -“El capital”, de Marx, incluido-, la Navidad, el sueño, los regalos, los pobres, sus amigos (Beatriz, Miriam, Elisabeth, Carlota,…). Cree en el humanismo. Se opone a la violencia. Es esteta. Pero también el dinero, los mercados, las decisiones. El trabajo, la mierda, la violencia, el derecho, la moral, la venganza. Fábrica. Mundo. Bomba. Historia. Justos. Olvidar. País. Pecadores. Café. Casas. Persona. Voluntad. Verdad...

Preguntas y respuestas

De todo eso y mucho más habla el texto de Wallace Shawn, en versión de Carlos Aladro e Israel Elejalde, que el actor brinda al público de forma natural, contundente, brutal y precisa. Es como un aldabonazo que sacude las acomodadas conciencias de los ciudadanos (espectadores, en este caso) que hemos tenido la suerte de nacer en el primer, segundo o tercer mundo, pero que somos parte de los que tenemos algo, incluso lo suficiente para poder ir al teatro, a un museo, a un concierto; somos parte de quienes les ha sonreído la diosa fortuna. El resto, los otros, son pobres y desgraciados y, lo que es peor aún, irremediablemente seguirán siéndolo toda su vida. 65 minutos llenos de preguntas dirigidas a cada uno de los espectadores que, posiblemente, puedan resumirse en una sola: ¿Qué responsabilidad personal de todos y cada uno de nosotros hay en ese injusto y arbitrario reparto de la suerte en este caprichoso mundo? Esa es la pregunta que resuena de principio a fin en este montaje en el que Israel Elejalde vuelve a mostrarse como un magnífico, irreprochable y soberbio actor y maestro de ceremonias de este viaje personal e interior a la conciencia de todos.

Un estupendo montaje de Carlos Aladro (que dirige la obra), en donde un escenario prácticamente vacío, con un confortable sillón casi en medio, un micrófono de pie, una lámpara y el acompañamiento de Alba Celma interpretando al violonchelo fragmentos de piezas de Bach, entre otras melodías, con la luz apropiada (de Jorge Llorens) a cada momento dramático de lo que se cuenta en escena, y el apunte breve y preciso de los sonidos (a cargo de Sandra Vicente y Estudio 340), que ilustran también el discurso de Elejalde, son un marco magnífico para que texto y actor brillen con luz propia a lo largo de todo el monólogo.

“… Si los pobres cobran lo que nosotros, no podremos irnos de viaje y pasar una noche en un hotel… Lo peor de todo es que hay pobres por todas partes y no paran de crecer… Ellos quieren que las cosas cambien y nosotros tenemos que decirles que sí… Pero sin violencia, ¡eh!, sin revueltas, ¡eh! sin venganza… Tienen que atender a la idea de cambio gradual… Y se lo explicamos bien: Os vamos a dar mucho, pero a cambio aceptáis que no tenéis derecho a todo; os sentáis y esperáis. Primero tenemos que hacer crecer más cosas para que así tengamos más y poder daros algo (porque si no, nosotros perderíamos). Parte de lo que ganemos será para vosotros... La moral es la clave…”. ¿Se puede decir más con menos? Pues tampoco se puede expresar mejor de lo que lo hace Israel Elejalde. De verdad, no te la pierdas. Si no me haces caso, te arrepentirás.



'La fiebre', de Wallace Shawn
Sala Cuarta Pared (Ercilla, 17, muy cerca de la Glorieta de Embajadores)

Con Israel Elejalde
Todos los jueves, viernes y sábados de junio

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