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Cuando manda la política con minúscula

jueves 02 de julio de 2015, 11:18h

“No es un referéndum para salir de la Unión Europea”, una frase que quedará para el bronce. Y Tsipras trata de explicar el enredo: es un referéndum para rechazar la propuesta financiera de las autoridades europeas. El día después de la consulta volveremos a la mesa de negociaciones, con mucha más fuerza, sobre todo si gana el NO.

¡Qué astucia! ¡Qué habilidad táctica! ¡Parece un político avezado! Eso es lo que repiten sus acólitos allí y aquí, con un guiño que refleja una alta dosis de picardía. Porque ya se sabe: no es lo mismo el tacticismo de la casta que el nuestro. El de la casta es muestra de su actuar insano; el nuestro es reflejo de nuestro ingenio vital.

En realidad, los triples saltos sobre el alambre de Tsipras no son otra cosa que maniobras desesperadas al borde del abismo: según pasan las horas se ve obligado a ir de un lado al opuesto para evitar despeñarse. La pasada semana parecía que iba a aceptar la última propuesta de las autoridades del euro. Días más tarde, gira 180 grados y propone un referéndum sobre el acuerdo con la UE. Una consulta que -¡atención!- en un principio aparece con un órdago sobre la salida de Grecia de la UE. Cuando percibe que eso no amedranta a los líderes europeos (especialmente a los alemanes y en particular a Merkel) gira de nuevo y envía una carta a los acreedores donde les hace pensar que acepta el grueso de la propuesta. ¿Estará retrocediendo respecto del referéndum? No, de ninguna manera. Aparece en televisión y lo explica: nadie piensa en abandonar la UE, simplemente es un rechazo a una propuesta financiera humillante. Inmediatamente después regresaremos a la mesa de negociaciones.

Y lo peor es que tales bandazos y tretas sucesivas, lejos de ser producto de una gran habilidad política, no son otra cosa que una soberana ausencia de visión de Estado. Tsipras se encuentra entre la espada y la pared: por un lado se ha dado cuenta de que sus promesas electorales mágicas no son atendidas en el seno del Eurogrupo, pero por otro lado sus socios izquierdistas no le permiten dar un paso atrás. Así que tiene que inventar argucias cada día para salvar la cara, para evitar verse aplastado en ese sándwich.

Son regates sin moverse del sitio, sin levantar la mirada al fondo del campo. La visión estratégica, de Estado, brilla por su ausencia. Para compensar, usa palabras altisonantes: orgullo nacional, pueblo humillado, verdadero patriotismo. Busca suscitar la sensibilidad popular. ¿Les resulta familiar? En realidad, Grecia presenta hace tiempo todos los síntomas que aparecen cuando manda la política cicatera, con minúscula.

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