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‘Canícula’, otra fotografía dramática sobre la entidad de lo español
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‘Canícula’, otra fotografía dramática sobre la entidad de lo español

martes 08 de septiembre de 2015, 15:19h
Cinco hermanos -tres hombres y dos mujeres- esperan entre ansiosos, expectantes y aburridos, el desenlace final de un sexto hermano, que se encuentra en un hospital y que es presa de una extrañísima trasformación. En el trasfondo hay por medio una herencia y esa sola circunstancia -poderoso caballero es don dinero- hace posible que unos y otros saquen lo peor de sí mismos, su más profunda condición de seres humanos anclados aquí y ahora, en una España con siglos de historia, 40 grados a la sombra en veranos infernales (“¡hace un sol de justicia!” es la frase que más se repite a lo largo del montaje) y los fantasmas atávicos de la que ellos, los personajes, y nosotros, los espectadores, llevamos consigo consciente o inconscientemente.

Ese es el marco del retrato familiar que ofrece esta ‘Canícula’, un texto de Lola Blasco, bajo la inteligente dirección de Vicente Colomar, que ahora repone la Sala Cuarta Pared durante dos semanas consecutivas.

El espacio escénico -que firman Luis Perdiguero y el mismo Vicente Colomar- es muy simple: apenasuna cama de hospital, un marco blanco, que es la puerta de entrada a la habitación del enfermo y un sofá situado en la sala de espera del hospital en donde están sentados los tres hermanos varones. Estos visten de forma estrafalaria, extemporánea, incluso hortera o, cuando menos, particular -el vestuario ha sido idea de Guadalupe Valero-: uno de ellos, el hermano pequeño, mono chándal, calcetines de cuadros y zapatos de rejilla amarillos; otro, el hermano mayor, -el más ‘normal’- con traje oscuro y el tercero, el hermano de en medio, con vaqueros negros, camisa floreada con cuello grande, cazadora negra de imitación cuero y zapatos beige con incrustaciones de tela de leopardo en la parte anterior del zapato. Las dos hermanas son gemelas y van vestidas del mismo modo. Amenizan la espera comiendo pipas y escuchando música desde un reproductor que también comparten. Por último, el hermano enfermo, una vez se produce su transformación en cabra, calza tacones, a modo de pezuñas, un abrigo de piel sin mangas y se corona con unos cuernos de cabra que aún lo hacen más estrafalario y maldito.

Multitemático

En el montaje, tanto la iluminación (Luis Perdiguero), como el sonido (Jesús Tejido y Vicente Colomar) adquieren una enorme importancia dramatúrgica. El hermano enfermo, de hecho, habla siempre ayudado de un micrófono que crea una sensación de vacío, casi de ultratumba, que pronuncia aún más sus extraños pensamientos, ensoñaciones quijotescas y sentimientos, deseos y frustraciones. Y, por si todo esto fuera poco, hay momentos musicales que ilustran y desengrasan también, en cierta forma, la densidad del texto de Lola Blasco. Y, por último, aunque en primer lugar, el extraordinario trabajo de los intérpretes ayuda, desde luego, a hacer de ‘Canícula’ un espectáculo tan interesante como divertido y crítico. Ellos son Rulo Pardo, Juan Antonio Lumbreras, Antonio Gómez Celdrán, Joshean Mauleon, Eva Trancón y Nerea Moreno.

En la espera, los personajes están paralizados por el miedo que corre por sus venas, pero llegará el momento en que no habrá más remedio que acceder a la habitación del enfermo para asistir así a su transformación interior y exterior. Y antes, durante y después de esa transformación, surgen los temas cotidianos, personales, sociales, políticos… que se suceden uno tras otro y sin solución de continuidad. A veces, incluso, los personajes ni siquiera permiten que el otro termine su discurso y hablen sobre él, de modo que asistimos a un monólogo paralelo o a un diálogo de besugos en el que nadie escucha a nadie: la condición femenina (“El sacrificio es un vicio femenino”, le dice uno de los hermanos a una de las gemelas); la maternidad (“Ser madre consiste en estar preparada para que te den una patada”, una gemela a la otra); el amor (“No cabe duda que la costumbre es más fuerte que el amor”); el racismo y la xenofobia (“los negros,…”); la envidia; los turistas; la igualdad; la política (memorable ese ‘Cara al Sol’ coreado por los seis hermanos…), todos ellos discursos reaccionarios.

El texto de Blasco se suma a algunos otros que, en los últimos tiempos, hemos podido ver en la escena madrileña en los que jóvenes dramaturgos reflexionan acerca de nuestra historia y nuestra idiosincrasia, sobre la condición de los españoles desde diversas ópticas, aunque todas ellas tienen en común el hecho de hacerlo críticamente y con un marcado sentido del humor, que es posiblemente la única forma de hacerlo sin causar más daño del necesario. Entre otros, es particularmente interesante el montaje ‘Desde aquí veo sucia la plaza’ (http://www.diariocritico.com/noticia/482711/la-compania-club-canibal-disecciona-sobre-el-escenario-una-parte-del-alma-espanola-en-desde-aqui-veo-sucia-la-plaza.html) que se estrenó en Frinje 15 y que, precisamente estos días, vuelve a los escenarios madrileños (Sala Mirador).

La singular historia de esta familia de hermanos acaso no nos sea tan lejana porque todos participamos de un mismo corpus cultural (historia, educación, sueños, ideales, estructura económica y sociopolítica…), de unas condiciones que marcan nuestro modo de ser. Quizás, como se dicen las hermanas gemelas de ‘Canícula’, “¿Yo soy yo o soy nosotras? Una obra, esta de Lola Blasco, densa, que la dirección de Vicente Colomar ha sabido acercar a los espectadores haciéndoles pasar un buen rato pero, al mismo tiempo, dejándoles un regusto amargo que solo al salir de la función y pararse a reflexionar sobre lo visto allí, sobre el escenario, les haga caer en la cuenta de que tampoco les era tan ajeno lo que acababan de ver.

Canícula’, de Lola Blasco

Dirección: Vicente Colomar

Sala Cuarta Pared

Hasta el 19 de septiembre (de jueves a sábado a las 21 h.)

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