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Estupidez frente a la barbarie

lunes 16 de noviembre de 2015, 09:48h
Pasados los momentos álgidos de los terribles acontecimientos de París, es hora de hacer balance informativo, libre y veraz, sobre lo que allí ha acontecido. Quiero hacer hincapié en lo de libre y veraz, porque hoy en día la prensa, en general, y los articulistas pagados por ella, mantienen una actitud informativa sesgada y servil con quien les da de comer, sean gobiernos o empresas privadas dedicadas a la información, que tanto da lo uno como lo otro.
En enero de este mismo año, con motivo del atentado criminal contra los trabajadores de Charlie Hebdo, publicaba un artículo que titulaba “Guerras Santas”, y que tendría plena validez en el momento actual. En ese articulo, como ahora, critíco abiertamente el modo en que manejan las potencias occidentales a los países árabes, siempre y cuando tengan algo que ofrecer o algún recurso que distraerles.
Eso es algo que está a pie de calle, algo que la mayoría de los ciudadanos sospechan, conocen o comentan. Si no fuera por mantener el control sobre los recursos naturales de esos países no sucederían los enfrentamientos armados que conocemos, recursos que se disputan países orientales y occidentales, como estamos viendo en Siria o Irak. Tan a pie de calle está la información, que es utilizada como doctrina en las innumerables mezquitas que hay por todo el mundo y, como consecuencia de ello, el adoctrinamiento de un gran número de chavales, con menos sesos que un muñeco de trapo, que son manipulados por los imanes y gentuza que les rodea, mientras viven de las subvenciones que les otorgan los estados civilizados.
No es la primera vez, ni probablemente será la última, en que veamos inmolarse como si nada a chavales nacidos en nuestros países, en ciudades como Madrid, París, Londres.... incluso muchos de ellos sin conocer de cerca el país de procedencia de sus padres o abuelos, con lo cual, la simpatía por el arraigo y las costumbres es mínima, pero en cambio, están dispuestos a defender las tesis que se manejan en los lugares de culto, como si de ellos fuera a depender la salvación del mundo.
El Islam es una religión de paz, probablemente la que más veces alude a la paz en las páginas de la Sharía, pero al mismo tiempo, guarda una doble interpretación fruto del atraso cultural e informativo en el que han permanecido hasta el día de hoy, y que promueve una ideología que es el motivo de las arengas y proclamas que se lanzan desde el “púlpito”, situando a los países occidentales con intereses en oriente, como los principales responsables de la situación política que viven en Irak, Siria o Afganistán.
Proclamas que son recogidas por las organizaciones terroristas que se dedican a la captación de jóvenes insatisfechos con el modelo social del que disfrutan, en países donde se ven marginados, con una tasa de paro elevada y un fracaso escolar atroz, y donde se les recuerda continuamente su condición de árabes, por decirlo de una manera suave, pero que cala interiormente en ellos y les hace sentirse diferentes en su país de nacimiento por el hecho de ser de otra etnia.
Cuando ocurre lo que ha pasado en Francia, o lo que pasó en España hace unos años, las autoridades echan mano de la mayor estupidez posible, calificando de estado de guerra una situación que podían haber controlado en su origen. Una situación anunciada por activa y pasiva, pero que es tan difícil de gobernar como de poner puertas al campo. La estupidez llega a los servicios secretos occidentales, que parecen no ser capaces de controlar el mercado negro de los kalashnikov, como si fuera lo más normal del mundo que se puedan comprar armas y munición de guerra como el que compra una lata de sardinas.
En los países árabes, Occidente tiene una patata caliente que le toca resolver. Un avispero que ha sido sacudido a la ligera sin control ni medios de protección, y lo peor de todo, es que las consecuencias de la política de nuestros países la pagan inocentes ciudadanos que un día salieron al trabajo, a la discoteca, o a cenar, como si ejercer su derecho a vivir libremente en un mundo supuestamente civilizado fuera lo más natural del mundo.
Hemos sido advertidos por numerosos medios, escritos y audiovisuales, de la que se nos viene encima, pero seguimos manteniendo la estupidez por encima de todas las cosas. Se les ofrece a muchas de las mezquitas que hay en Europa un trato de favor en detrimento de otras religiones, incluso se reconoce que existen barrios en nuestras grandes ciudades donde los musulmanes radicales se mueven a su antojo, como si esto también fuera lo más normal del mundo. Podría ser mucho más crítico, más incisivo incluso, manejar la información de una manera más explícita, pero creo que el mensaje de este texto de opinión, que sólo leerán mis incondicionales lectores, no necesita muchas más aclaraciones, desde el respeto y dolor que nos producen las víctimas de esta barbarie que sostiene la estupidez.
Ismael Álvarez de Toledo
Periodista y escritor
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