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'La piel' nos pone frente al espejo

'La piel' nos pone frente al espejo

jueves 26 de noviembre de 2015, 17:47h

La obra ya pasó por SURGE y ahora puede verse en la sala Nave 73 de la capital. Su título es ‘La piel’ y es Valeria Alonso, la autora y directora del montaje que ha podido verse durante las últimas semanas en Madrid. Se trata de un monólogo de tinte dramático pero con muchas pinceladas de humor negro interpretado por una estupenda, dominadora, seria y sugerente Teresa Rivera. Se trata de una propuesta dramática originalísima, atrevida, provocadora y brillante que escarba en la cotidianeidad del hombre y la mujer de nuestros días, que viven abducidos por unos cuantos espejismos, entre los cuales el móvil ocupa el lugar de privilegio por la diabólica fascinación que provoca entre los humanos de toda edad y condición: “cuando me doy cuenta de que toco más la pantalla de un móvil que la piel de la gente que quiero, me doy cuenta que yo también como mierda”, dice Mary, el único personaje del monólogo.

Sobre el escenario, al fondo, hay una cabina transparente que al final servirá de féretro. Por allí circula Mary, una mujer joven que pretende abrir un centro suicida y, predicando con el ejemplo, lo tiene todo preparado para el día de su muerte. Viste de negro y, además, quiere volverse negra y -como Michael Jackson, pero al revés- le gustaría también cambiar de piel, el órgano humano más extenso y a través del cual se producen los mayores flujos de información sensible. Aprendió a leer las rayas de la mano por su madre (“En mis manos veo mi vida”), y esta de su abuela, y aquella de su bisabuela… Pero ahora toca más la pantalla del móvil que a su familia, a su novio, a sus amigos… No ve salida alguna que no sea la de morir, sufrir una transformación radical y volver a resucitar de nuevo, pero con una nueva piel, con unos nuevos valores.

Una música máquina, que tiene algo de apocalíptica, inquietante, tétrica y machacona irrumpe desde abajo en la sala. El espectador tiene la sensación de estar equidistante entre el ambiente futurista que Kubrick presentaba en ‘La naranja mecánica’ y Huxley en ‘Un mundo feliz’. Cuando la exasperación está ya a punto de adueñarse de él, Mary, vestida de negro, irrumpe en primer término en el proscenio con un Iphone en la mano: “Perfecto, Siri -habla a laayuda automática del famoso terminal de Apple-. Altavoces en todas las salas de videojuegos a toda hostia las 24 horas del día. Importante en la App: el cliente tiene que tener acceso a toda la información on line. ¡Piensa! La vida de la gente está en juego... Bien, comenzamos…”.

Ahora, mientras habla Mary, son dos notas de un bajo eléctrico y un chasquido de los dedos los que suenan intermitente, alternativa y machaconamente: ¡don-don, plash!; ¡don-don, plash!... Mientras, la mujer prosigue planificando en voz alta: “La primera sala, la de la horca, en la esquina. En la intersección de las dos paredes... Pequeñita, un metro. Un taburete y una cuerda larga colgada del techo… Con el agujero grande por si viene alguien con la cabeza muy grande… La sala de meditación, más grande, dos metros. No quiero luz natural. Sí, todo bien a oscuras. Las persianas siempre echadas…”. Y continúa describiendo las restantes dependencias de su centro suicida en medio de ese incesante “¡don-don, plash!, ¡don-don plash!”: sala de tiro, la de química, la de marcas, tatuajes y la terraza.

Y, a partir de ahí, a lo largo de cinco actos, la actriz más que proponer, impone al público su modo de ver la vida y este, sorprendido, se da cuenta de que no dista nada del suyo, que él también está preso de los mil soniditos del móvil (Whatssapp, alertas, sms, alarmas…), y que ingiere comida basura con la que se endurece por dentro y por fuera: “Cuando comes mierda se ve muy claro en la piel. La piel lo señala todo. Nos cubre y nos descubre. Es hora de cambiar... de piel”.

Rozar, tocar, sentir

En la propuesta escénica suenan sevillanas, música de Tina Turner o la Primavera de Vivaldi; cabe todo tipo de experimentos futuristas que no son tales porque los tenemos a nuestro lado cada día, cada instante, y que van desde la ingesta de hamburguesas en un McDonald hasta la obsesiva compulsión de estar mirando al móvil cada 30 segundos para consultar/contestar/anotar/responder/llamar o sencillamente contemplar esa maravillosa piel… Suave, tersa, rígida, inflexible, complaciente, seductora, obediente, cariñosa e impaciente del móvil… Ese es nuestro más cotidiano quehacer, al que dedicamos más tiempo, más cariño, más amor que al cuidado de nuestros mismos hijos, maridos, amantes…

Un mundo de locos que este texto encuadra en un drama de 80 minutos en el que no falta el humor (negro, las más de las veces, como no podía ser de otro modo…), que una dramaturga, Valeria Alonso, ha plasmado sobre el papel y que una actriz magnífica, Teresa Rivera, que interactúa con Siri, consigo misma y con el público a partes iguales, marca no obstante el trato de usted con él para dejar bien patente lo reflexivo y lo serio de la propuesta a la que está asistiendo.

Y todo ello envuelto en una escenografía justa, sugerente de Elisa Sanz -autora también del vestuario- y una sensual iluminación de The Blue Stage Family.

No es, pues, tan descabellada la idea de Bertolt Brecht que ha inspirado a su directora y autora: “La piel de no rozarla con la piel, se va agrietando. Los labios de no tocarlos con los labios, se van secando. Los ojos de no cruzarlos con los ojos, se van cerrando. El cuerpo de no sentirlo con el cuerpo, se va olvidando. El alma de no entregarla con el alma, se va muriendo”.

La piel’, escrita y dirigida por Valeria Alonso

Idea e interpretación: Teresa Rivera

Producción: Maltrago Teatro

En la sala Nave 73, Madrid

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