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La recta final del principio

lunes 14 de diciembre de 2015, 10:09h
Empieza la semana en que se decidirá, muy probablemente, el futuro de las generaciones venideras en España. El cambio del modelo político que hasta ahora ha regido nuestras vidas en democracia se hace más que necesario, yo diría que vital, para el buen funcionamiento de la propia democracia y de la regeneración de la política corrompida y absurda a la que hemos llegado en estos años.
Ya no se trata del Partido Popular y Mariano Rajoy, que también, se trata de cambiar un modelo político caduco, agotado e inerte. Un modelo basado en la sumisión a la banca y a las grandes multinacionales de servicios, como llevo denunciando tantos años. Un modelo en el que han sucumbido todos los partidos que han gobernado nuestro país, sea del color y las siglas que sean, ya que la corrupción ha hecho mella en la derecha y la izquierda por igual, para doblegar voluntades y llevar a España a un secuestro institucional sin precedentes en Europa.
Quien piense que estas elecciones son unas de tantas en nuestra joven democracia se equivoca de medio a medio. Estas elecciones aportan, o deben aportar frescura a la dignidad de español, un cambio significativo y vital, un cambio que erradique el bipartidismo de una vez por todas y devuelva la decencia a los políticos que se alejaron del pueblo por prebendas y corruptelas. Porque si reparamos uno por uno los casos de corrupción, con la dignidad que debe tener una acusación tan grave, nos encontramos con que el que más y el que menos de nuestros servidores públicos actuales tiene sobre su historial el borrón de alguna corruptela, en mayor o menos escala.
Si analizamos lo que ha ocurrido hasta llegar a una situación tan desastrosa e indeseable, nos daremos perfecta cuenta de que, como digo, tanto el PP como el PSOE han puesto su granito de arena para hacer de España el país más corrupto de los de nuestro entorno. Permítanme que sea tan pesimista, ya saben aquello de que un pesimista es en realidad un optimista bien informado, pues bien, a ello me atengo.
Porque es esa realidad y no otra, la que ha permitido que los ciudadanos se echen a la calle, ya sea en plataformas, partidos o movimientos sociales, con la idea de crear nuevos proyectos políticos que sirvan para dar voz al ciudadano, para que se cumpla la Ley, para que se establezca un control más férreo sobre las cuentas públicas y, para que los corruptos vayan a la cárcel, sin que su partido trate de evitarlo.
Soy consciente de que un cambio en el panorama político de nuestro país, con partidos emergentes, no quiere decir que vayamos a estar exentos de sufrir parecidos comportamientos corruptos como los que hemos vivido hasta ahora, pero al menos, se establecerán mecanismos más rígidos para frenar la impunidad, que si cabe, es más grave aún que el propio delito.
Tampoco me atrevo a pronosticar un mayor grado de bienestar social, si ganan unos u otros, porque el bienestar viene dado en gran medida por la forma en que se gestionan los recursos dinerarios en un determinado presupuesto y en la manera que tenemos los propios ciudadanos de ser consecuentes con los servicios que el Estado pone a nuestra disposición.
Sea como fuere, de lo que no cabe la menor duda, es de que en estas elecciones nos jugamos el futuro de los españoles que han tenido que salir a trabajar fuera, impulsados por una política de recortes del Partido Popular, del futuro de los millones de parados que todavía sufren el lastre de la burbuja inmobiliaria dejada por el PSOE, de la lasitud con que ambos partidos se han dirigido a la banca y a las eléctricas, y que con el uso de las puertas giratorias se han mantenido al margen de las demandas sociales en ese sentido.
Son tantos los casos para enumerar que justificarían un cambio político, sea del color que sea, que necesitaría mucho más que dos páginas para enumerarlos y, al mismo tiempo, considero que el avezado lector tiene debida información de ello. Ya que es la única forma de no sentirnos culpables y rehenes de lo que vayamos a votar el día 20 de diciembre, porque si algo bueno tiene esta democracia, es que el poder de cambiar las cosas reside en la voluntad de los ciudadanos, estemos equivocados o no en nuestra percepción de lo que nos rodea.
Estamos en la recta final de un ciclo, en la recta final que nos lleva a un principio, el principio del cambio, el principio de una nueva forma de hacer y generar política, mucho más participativa y solvente que nunca.
Pero como siempre pasa, nos toca a los ciudadanos decantarnos por el modelo que mejor se ajuste a nuestro pensamiento, pero eso si, sin olvidar que el futuro que queremos dejar a nuestros hijos y nietos se empieza a gestar ahora.
Ismael Álvarez de Toledo
periodista y escritor
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