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García Delgado y Vallespín: cultura política y proyecto de país

martes 22 de diciembre de 2015, 18:11h
Vaya por delante que considero a José Luis García Delgado y Fernando Vallespín como dos primeras figuras del mundo intelectual español en la actualidad. Sus contribuciones en las ciencias económicas y políticas son indispensables. Pero precisamente por eso casi me caigo de espaldas cuando leí su artículo este lunes en el diario El País titulado “El nuevo ciclo político: pacto y reforma”. Hacía tiempo que no veía un ensayo dónde se confundieran tanto los deseos con la realidad.

Su tesis fundamental es que hace cuatro años España se “hallaba en un encrucijada que no parecía tener salida”, mientras que hoy todo es formidable: además de haber superado la crisis económica, “la sociedad está demostrando una fortaleza en la respuesta más que notoria”, se ha producido “un intenso proceso adaptativo y de renovación”, y “la mayor participación electoral revelan una cierta recobrada confianza de los ciudadanos en la política, tal y como refleja su propio activismo”. En suma, se ha producido un saneamiento económico y político realmente notable. No podemos sino tener una visión optimista de los resultados electorales.

Respecto de la recuperación económica estoy bastante de acuerdo, aunque les falta un poco de honradez intelectual. Hubiera sido conveniente que dijera que el PP tuvo razón: había que implementar medidas de estabilización para lograr que la inversión privada volviera a ser rentable; es decir que fuera atractivo volver a hacer negocios en España, aunque eso se lograra en su inicio recuperando las utilidades a base de contener los costos del trabajo. Economía de mercado pura y simple. Sin embargo, creo que es bueno no ocultarlo.

Pero lo que más me preocupa es su visión radiante de los cambios en el plano político. No tanto porque no comparta buena parte de las modificaciones interesantes que se han producido, sino porque García y Vallespín solo ven la cara brillante del asunto y desconocen el lado oscuro de la fuerza. En realidad, no dicen mucho acerca de si los cambios fácticos han modificado nuestra penosa cultura política. ¿Se ha modificado nuestra tendencia al sectarismo, a la política de banderías, al “¡Y tu mas!, al filofanatismo, a la carencia de sentido de Estado?

El asunto es crucial, porque dependiendo de cuál sea nuestra percepción de la cultura política predominante podremos tener una lectura u otra de los resultados electorales. Lo diré de una vez: mi juicio es que el resultado electoral refleja de nuevo una división sociopolítica profunda sobre el proyecto de país que queremos. Si se reúnen las principales fuerzas políticas del centro a la derecha y del centro hacia la izquierda, lo que obtenemos se parece bastante a las famosas dos Españas. Que nadie se asuste, no estoy en ninguna perspectiva catastrofista. Pero no hay duda de que simbólicamente sigue habiendo una división prácticamente por la mitad de nuestro espectro político. Ahora bien, no hay que perder los matices sobre las diferencias entre las cuatro fuerzas políticas más relevantes. Hoy habría una derecha, un centro, una izquierda y lo realmente preocupante, una fuerza populista emergente (no digo que esto último sea completamente nuevo, a menos que nos olvidemos del lugar que ocupaba en los años treinta el utopismo radical anarquista). En otras palabras, hoy habría que hablar de las “cuatro Españas”, pero lo importante es reconocer que ello refleja centralmente la falta de consenso existente entre los españoles y españolas sobre el proyecto de país que deseamos.

Claro, alguien podría argumentar que esa partición del voto también sucede en otros países europeos y no pasa nada traumático. Desde luego, pero justo la diferencia estriba en la cultura política que lucimos. Ya he comentado que, ante una situación compleja como la presente, en Alemania se formaría una coalición de gobierno entre conservadores, socialdemócratas y centristas y el país seguiría avanzando. Pero nos falta mucha cultura política para llegar hasta ese punto. Esa cultura política que apenas ha cambiado en estos últimos cuatro años, pese a la imagen optimista que presentan nuestros dos intelectuales bienpensantes. Ya sé, ya sé: algunos dicen eso de que hay veces que la necesidad obliga. Tal vez el temor a tener que repetir las elecciones obligue a aceptar pactos, aunque sea a regañadientes. Ojalá se cumpla tal cosa en esta oportunidad, aunque hay que recordar que la tozudez española nunca fue de tono menor.
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