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A verlas venir

lunes 28 de diciembre de 2015, 12:45h
La situación generada por los resultados de las pasadas elecciones generales, lejos de solucionar la problemática relación entre los distintos partidos abocados a formar pactos de gobierno, está provocando duros debates internos, que como en el PSOE, pone todo en cuestión y coloca en una difícil tesitura el liderazgo de Pedro Sánchez. Y es que no hay más ciego que el que no quiere ver.
Considero que es un error de principiante achacar la derrota en las urnas a quien ha sido cabeza visible, y candidato, de la formación socialista, y lo argumento con la idea de que los ciudadanos a la hora de depositar nuestro voto, nos fijamos mucho más en la trayectoria del partido al que vamos a votar que en la cara bonita del candidato.
Por lo tanto, no creo que el culpable de la perdida de votos que se ha producido en el PSOE sea achacable a Sánchez, sino a la falta de valentía a la hora de solucionar los Eres de Andalucía y a la complicidad, que en muchas cuestiones, ha mantenido el PSOE en temas puntuales con el gobierno de Mariano Rajoy. Olvidan en demasiadas ocasiones los políticos a sus bases, yo diría que casi siempre, sean del color que sean.
Olvidan porque el poder tiene esas cosas de situar a los dirigentes políticos por encima del bien y del mal, y no reparan en que la resolución última que les permite gobernar tiene que ver con la intención de voto de los ninguneados ciudadanos. Por eso, cuando vienen mal dadas en unos resultados que no son satisfactorios, hay que buscar la raíz del problema en todo el proceso llevado a cabo, y no en los momentos finales que se producen en campaña electoral. Dudo mucho que ningún ciudadano cambie su intención de voto debido a las proclamas que se lanzan en campaña.
Dudo mucho que a estas alturas de la democracia no se tengan fijadas unas metas y unos criterios justos a la hora de ir a votar. Por lo tanto, pienso que se equivocan los que quieren hacer leña del árbol de Pedro Sánchez, para sustituirlo por otro, y no se plantean en que haya una enfermedad que afecta a todo el bosque.
El PSOE debe tener claro que no puede facilitar, ni ahora ni nunca, la investidura de un gobierno de derechas, entre otras cosas, porque aunque haya sido el PP la lista más votada en las pasadas generales, el voto mayoritario de los españoles se ha decantado por las izquierdas. También sucede, que los militantes socialistas, los nuevos y los de rancio abolengo, echan de menos esa izquierda guerrista que enervaba a la derecha y encendía los ánimos de las masas, fueran o no proclives. Debe tener muy claro el PSOE a la hora de pactar acuerdos previos a la investidura, o no, de Mariano Rajoy, que los votos que ha perdido en esta legislatura se han ido mayoritariamente a Podemos. Con lo cual, lo que los votantes le piden es un giro a la izquierda, un giro real y necesario, lejos del postureo que ha mantenido frente al PP en la pasada legislatura, y que es la verdadera razón de que los ciudadanos hayan sentido que se les daba la espalda en cosas tan principales como la lucha contra la corrupción y el desempleo, contra el abuso de los bancos y la complacencia de las puertas giratorias. Tanto en el PSOE como en el PP deben tener claro que los partidos emergentes no se han formado con votos nuevos, al menos en una mayor parte.
Los partidos emergentes se han nutrido de los desencantados del bipartidismo, de los aburridos del PPSOE, de los desesperados sociales que quieren una ruptura total con la vieja política de comadreo, en el patio de vecinos del hemiciclo.
Al PSOE le urgen a entenderse con la izquierda que representa Podemos, una izquierda populista que encaja a la perfección con las necesidades de la calle, y que bien administrada y consensuada por un hábil dirigente puede ser la alternativa perfecta a más de lo mismo. La gente en la calle pide soluciones, soluciones tan básicas como pagar la hipoteca o el recibo de la luz.
Y las soluciones de carácter social, en España, siempre han venido dadas por la izquierda. Por lo tanto, es más que necesario dejarse de luchas intestinas para obtener más cotas de poder, y sentarse a dialogar con el diablo, si con ello salen beneficiados los ciudadanos, porque mucho me temo que de no hacer lo que la calle ha reclamado, estas elecciones no hayan servido de nada. Y mientras, el Partido Popular se frota las manos viendo como se despellejan unos a otros, y ellos a verlas venir.
Ismael Álvarez de Toledo
periodista y escritor
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