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La solución, pendiente de lo que Rajoy llama "detalles"

martes 29 de diciembre de 2015, 14:58h

Claro que nadie quiere pronunciar las palabras, quizá malditas por comprometedoras, 'gran coalición'. Como antes la palabra maldita para el presidente del Gobierno era 'Bárcenas' y lo es 'referéndum de autodeterminación' para Pablo Iglesias, que lo apoya, pero ni mentarlo. Nadie, tampoco los integrantes del comité federal del PSOE, habla con la claridad que merecen los momentos que vive España, con todos los retos planteados ante la entrada del año 2016. Y, así, aunque a Mariano Rajoy, en su última rueda de prensa del año, este martes en La Moncloa, se le entendía todo, especificó muy poco: le preguntamos los periodistas, por supuesto, sobre esa gran coalición de la que ahora tanto se habla como única solución posible e incluso recibió preguntas sobre qué podría ofrecer al PSOE para que le apoye en la investidura: ¿quizá una vicepresidencia, algún ministerio? "Esos son detalles", zanjó Rajoy, a quien, como se sabe, le gusta poco comprometerse con nimiedades tales como si Pedro Sánchez podría ser, si él se lo ofrece y el otro acepta, el 'número dos' del Ejecutivo de España. O como si, para lograr ese gran pacto que permitiese formar un Gobierno estable, ofertará a sus interlocutores cosas como una reforma electoral, un consenso sobre la reforma constitucional o sobre la democratización de las instituciones, por poner apenas unos ejemplos...'de detalle' A lo que no está dispuesto Rajoy, y en esto pareció mucho más contundente, es a ceder a otro partido la presidencia del Congreso de los Diputados, tal y como viene solicitando el PSOE: el presidente del Congreso debe ser, como desde 1977, un integrante del partido que tenga más apoyos.

Pero, al menos a mí, me quedó bastante claro que ahora Rajoy no rechazaría ese Gobierno de coalición, ‘a la alemana’ que antes los suyos ni se tomaban en serio, incluso un 'pacto a tres' entre PP, PSOE y Ciudadanos; también se entendió perfectamente que estaría dispuesto a consensuar un programa de actuación –no, tampoco entró en ningún detalle sobre este programa—ni tampoco quiso entrar en minucias como en qué se basa para asegurar tan categóricamente que España “tiene por delante cuatro años (económicos) muy positivos”. Con ello, proclama, eso sí, su intención de no disolver anticipadamente en la próxima Legislatura. Y también dejó muy claro que, en el caso, indeseable, de que hubiese que repetir elecciones, él sería el candidato: "no está planteado" que le sustituya al frente del cartel del PP otro líder 'o lideresa'. Es decir, que habrá Rajoy para cuatro años más si logra una investidura que él parece ver solamente gracias al apoyo de los socialistas, improbable, y de Ciudadanos, mucho más viable.

Reconoció, eso sí, que, en los contactos iniciados, aún no ha logrado garantizarse el apoyo ni de los socialistas, ni de Ciudadanos ni, claro está, de Podemos. Ni, presumiblemente –no dio más información al respecto--, del 'lehendakari' Urkullu, con quien también se ha entrevistado últimamente de manera discreta. Y no perdió la ocasión de criticar como "desastre" a "cualquier Gobierno catalán apoyado por la CUP". ¿Qué hará él ante el laberinto catalán? Es a Artur Mas a quien le corresponde "dar un paso atrás", porque es él, y no el PP, el PSOE, Ciudadanos o Podemos, quien ha montado este embrollo. Así parecía el presidente desligarse de cualquier compromiso de actuación ante lo que venga en Cataluña, que, desde luego, no parece nada prometedor.

Mientras Rajoy decía todas estas cosas en Moncloa, en la sede socialista de Ferraz, entretanto, el 'número dos' del principal partido de la oposición, Cáesar Luena, descartaba el apoyo de esta formación a la candidatura de Rajoy. Fue mucho más cauto cuando le preguntaron qué hará el PSOE con Podemos; los socialistas insisten solamente en que no habrá pacto si la formación de Pablo Iglesias no se retracta de su exigencia de celebrar un referéndum de autodeterminación en Cataluña. Cosa que Podemos no tiene, aparentemente, la menor intención de hacer: muchos están convencidos de que Pablo Iglesias consideraba mucho más rentable, a medio plazo, permanecer en la oposición.

Así que concluye el año con más de lo mismo: Rajoy no encuentra la mayoría suficiente para resultar investido, Sánchez tampoco y los demás, menos aún, claro. ¿Nuevas elecciones, entonces? Nadie las quiere…al menos en sus declaraciones públicas. Porque resulta evidente que Podemos mordería otro buen trozo del pastel socialista si los comicios se celebrasen de nuevo. Nadie las quiere oficialmente tampoco en Cataluña… Excepto, claro, una parte de esa extraña CUP, que se niega a apoyar lo que exactamente la otra mitad (¿?) de esta formación extremista quiere, es decir, apoyar, tapándose la nariz, la reelección de Mas al frente de la Generalitat.

Dígame usted, a la vista de todo esto, si cree usted que entramos con buen pie en este 2016 lleno de malos presagios…y, en el peor de los casos, lleno, como su predecesor 2015, de convocatorias electorales. País…

- El blog de Fernando Jáuregui: 'Cenáculos y mentideros'

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