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Rajoy y Sánchez, el rostro de la frustración

martes 29 de diciembre de 2015, 18:23h

A menos de dos semanas de la catarsis política del 20D, a Mariano Rajoy y a Pedro Sánchez les ha cambiado la cara, del optimismo de los carteles electorales al rictus tenso que ambos muestran estos días. Las negociaciones para formar gobierno acaban de empezar y los dos saben ya que, salvo milagro, ninguno de los dos será presidente; el socialista incluso ve peligrar su condición de candidato en esa nueva cita con las urnas que a cada minuto parece más y más inevitable. Al aún jefe del Ejecutivo -y lo que le queda en el cargo- le hubiera gustado saltarse su comparecencia de fin de año tras el último Consejo de Ministros y ha cumplido el trámite que él mismo se impuso con entusiasmo en años anteriores con una rueda de prensa a media velocidad y sin mensajes nuevos.

O todos mienten o el objetivo de Mariano Rajoy de un pacto “de amplio espectro” es una quimera que está obligado a intentar hacer realidad. Una misión imposible que los acontecimientos que sacuden el PSOE en las últimas 48 horas han embarrado todavía más en el camino hacia cualquier acuerdo. Pedro Sánchez ha quedado en la práctica invalidado por una rebelión de sus barones que quieren marcarle el paso con la amenaza de moverle la silla, una crisis que llevaba meses larvada y que no se va a arreglar con unas primarias de juguete en las que sólo se presente un candidato.

Mientras tanto, hemos pasado de la esperanza de una nueva forma de hacer política con el diálogo y la transparencia como primer mandamiento a la frustración de ver cómo el cielo se cubre de ‘líneas rojas’, que se entrecruzan como las estelas de los aviones que tanto inquietan a los amantes de las teorías de la conspiración, y de reuniones secretas oficiales, semioficiales y medio pensionistas a lo largo y ancho de la milla de oro madrileña y alrededores.

Esas “líneas rojas” son imposibles de traspasar salvo que alguien decida suicidarse políticamente, lo que no parece muy conveniente con unas posibles elecciones a pocos meses, un año y medio para los más optimistas.

Rajoy podría ceder en muchas cosas, incluso en una reforma de la Constitución con la que sólo rascaría la abstención de Ciudadanos, insuficiente para su investidura. El presidente ha revelado que también ha hablado con Iñigo Urkullu pero el PNV es consciente de que sus seis diputados no le servirían de nada al candidato del PP y, en cambio, pueden ser esenciales para Pedro Sánchez si se diera el caso. Y quizá habría que tragar con el ‘derecho a decidir’ y a eso el popular nunca estará dispuesto.

El gobierno de “amplio espectro” es, pues, la única posibilidad real de Mariano Rajoy, frenada por una de las varias “líneas rojas” que se ha autoimpuesto el PSOE, la negativa al PP en todas sus variantes sea quien sea el aspirante final a la presidencia (eso “ni se plantea”, ha enfatizado este martes el líder de los populares al tiempo de reiterar a los suyos que si hay nuevas elecciones volverá a ser candidato). Una negativa tan repetida por los líderes socialistas con Susana Díaz a la cabeza que ha dejado sin opciones a Sánchez.

Dar marcha atrás ahora parece inimaginable. La gran coalición con la que sueñan aún algunos sería muy difícil de explicar desde el PSOE sin pegarse el tiro definitivo no ya como alternativa al PP, también como principal partido de la oposición.

O sea, que ya puede cambiar el orden de los factores que la suma sigue sin cuadrar las cuentas: tal como están las cosas, Rajoy no será presidente.

¿Y Pedro Sánchez? Hace 48 horas escasas quizá tenía posibilidades, hoy prácticamente ninguna.

Aunque remota, nadie duda que Pablo Iglesias encontraría la forma de darle la vuelta a la línea roja del referéndum que lanzó, a modo de órdago al PSOE, la misma noche del 20D. Un paso estratégico que seguramente el líder de Podemos tiene planeado desde mucho antes.

Estaba y está claro que el PSOE no puede aceptar ese punto de partida en unas negociaciones, así que su respuesta ha sido pintar al lado otra línea roja todavía más gruesa: al enemigo, ni agua. Podemos no preocupa a Susana Díaz, cuyo poder en Andalucía no depende del partido morado, ni a otros muchos barones socialistas. De lo que se trata es de no dejarse comer el terreno a escala nacional, así que es preferible estar en la oposición o jugársela en unas nuevas elecciones antes que dejar que la mano que mece la cuna sea de Pablo Iglesias.

De nuevo siguen sin salir las cuentas, ni Sánchez ni Iglesias tendrían apoyos suficientes. Obviamente, Sánchez puede arriesgarse a gobernar en minoría apoyado en la abstención 'voluntarista' de Podemos, C’s, ERC, PNV, IU... -salvo el previsible no del PP-, pero sería una pesadilla en todos los sentidos, vergonzante incluso para gran parte del PSOE por depender de los ‘separatistas’. No duraría un asalto.

En cuanto a Pablo Iglesias, que ni se molesta en hacer números, él fue quien lanzó la primera piedra con su referéndum, cerrando casi todas las puertas excepto la de repetir las elecciones. El astuto líder ‘emergente’ sabía que le iba a dar en plena frente a su adversario socialista por lo que sólo cabe una posibilidad: pretende terminar la faena rematando al PSOE en las urnas.

Es arriesgado, pero lo cierto es que si la campaña electoral hubiera durado una semana más quizá ya lo habría conseguido. De momento ya ha empujado a Ferraz hasta el borde de un nuevo abismo.

A Albert Rivera también le ha cambiado la cara, aunque en su caso fue cuando vio los resultados del 20D. Tampoco se molesta en hacer cuentas, sólo en tratar de recuperar el peso mediático de que disfrutaba antes de convertirse en el líder de un partido que ha quedado fuera del juego de los pactos. El golpe ha sido demasiado fuerte y le costará levantarse de la lona del ring.

Lo tiene complicado igualmente por sus propias líneas rojas, no sólo por las matemáticas que hacen inviable dar el gobierno al PP. Sólo le queda la baza de Pedro Sánchez, al que ha prometido abstención eterna… mientras no se apoye en los ‘independentistas’ y otras hierbas parlamentarias, lo que es como decirle ‘te quiero mucho, pero ahí te quedas”. Otro callejón sin otra salida que las urnas, en las que tanto Ciudadanos como el joven político catalán pondrían en juego su futuro, en estos momentos plagado de incertidumbres.

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