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El bueno, el feo y el malo

sábado 23 de enero de 2016, 15:58h

Primero pensé titular esta columna “Juego de Plomos”, pero sería un guión demasiado profundo para la película que están protagonizando nuestros carismáticos líderes políticos. Más bien se parece a “El Bueno, el feo y el malo”. Obviamente, el primer papel corresponde a Pedro Sánchez, acosado por tierra, mar, aire y porque no hay más; el feo corresponde sin duda a Mariano Rajoy, nadie quiere bailar con él; y el malo, al acecho para quedarse con el botín, a un Pablo Iglesias que debería figurar entre los aspirantes al Oscar, un Tarantino de la política que no va a dejar títere con cabeza… ahora que lo escribo, lo de “Los odiosos ocho” tampoco sería mal título.

Soy consciente de que los papeles son intercambiables según se mire la película desde Génova, desde Ferraz o desde la sede de Podemos. Para los populares, el bueno debería ser Rajoy, con Sánchez haciendo de malo -lo que no le pega nada- e Iglesias de matón malencarado. A él en realidad le gustaría hacer de Caballo Loco aplastando al general Custer.

Para los fans de Pablo Iglesias, el líder de Podemos es claramente el bueno de la película, dispuesto a salvar el mundo de un feo Pedro Sánchez -lo que le pega aún menos- y el malvado Rajoy, al que sólo le faltaría el casco de Darth Vader para dar más verosimilitud a su interpretación y dar un toque friki al guión, que nunca viene mal.

Como en la mítica película de Sergio Leone, el bueno y el feo, Sánchez e Iglesias, se alían para encontrar el tesoro escondido en La Moncloa aunque no se fían ni de su sombra, se miran de reojo y tratan de deshacerse el uno del otro a la menor oportunidad. Sin piedad. No es nada personal.

Desde la ventana del polvoriento hotel -escenario obligado en todo spaghetti western que se precie- les observa oculto tras la cortina, el malo, Rajoy, impasible, siguiendo sus pasos al acecho de la oportunidad de hacerse con el botín. Seguramente les prepara una emboscada con las que dejarles compuestos y sin gobierno. Esperará su momento. Es un profesional.

Los personajes secundarios son también imprescindibles para el éxito de una película de oeste. Albert Rivera estaría perfecto como el enterrador que va midiendo a sus futuros clientes para fabricarles un ataúd a medida; Soraya Sáenz de Santamaría bordaría el papel de la astuta dueña del hotel que ve una oportunidad de negocio y ha puesto el ojo en ‘el bueno’; Iñigo Errejón sería el afable ciudadano que trata de que impere la paz. Los indios, por supuesto, llevan barretina en lugar de plumas.

No recuerdo si en el original sale también un sheriff, pero en la nuestra sí. El papel le ha tocado a Felipe VI, que también observa desde una ventana de su Palacio Real el duelo al sol que se avecina en el OK Corral -ya sé que eso es de otra peli- del Congreso. Cuando sólo uno quede en pie, podrá por fin escribir el final y comer perdices con doña Letizia. Que sea feliz ya veremos.

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